Esther Andradi nació en Ataliva, Provincia de Santa Fe (Argentina) en 1956. Actualmente reside en Berlín, Alemania. Es escritora y periodista. Ha cultivado el ensayo, el testimonio, el cuento y la novela, pero además ha realizado numerosas entrevistas en medios de prensa de América Latina y Europa. En relación a la microficción, ha publicado Come éste es mi cuerpo- 30 textos eucarísticos 30- (editorial Último Reino en su colección de poesía en 1991; 2da edición 1997, agotado); Tanta Vida (Simurg, 1998); Sobre Vivientes (Simurg, 2001; además de micros en diferentes antologías, entre ellas Caleidoscopio: La mujer en la mira comp. de Alicia Kozameh, Desde la Gente, 2005; Grageas, 100 Cuentos breves de todo el mundo, comp. de Sergio Gaut vel Hartman, Desde la Gente 2007; Arden Andes, comp. de Sandra Bianchi 2010; Velas al viento: Los microrrelatos de la nave de los locos, de Fernando Valls, 2010, entre ellas. Además de varios ensayos sobre el microrrelato publicados en alemán y en español.
IM: Has publicado libros de diversos géneros. ¿Cuándo y donde surgió tu interés por el microrrelato?
EA: Escribí Come éste es mi cuerpo inspirada por la lectura de Juan José Arreola, y se lo dí a Abelardo Oquendo, editor de Mosca Azul, de Lima, donde yo vivía entonces. Lo leyó con mucho cariño pero en aquellos años, -te estoy hablando de los ochenta-, las editoriales sólo buscaban novelas... así que niet. Tuve que esperar varios años para que Víctor Redondo se entusiasmara con él y lo publicase...en su colección de poesía. Aunque yo sabía que lo mío no era ni poesía ni eso que llaman prosa poética. Eran relatos, cortitos, miniaturas. De hecho mi libro Sobre Vivientes fue traducido al alemán y publicado en edición bilingüe castellano/alemán por la editorial teamart de Suiza en su colección de lírica como Miniaturas. Mucho más tarde me enteré que lo que a veces escribía era un género per sé: el microrrelato.
IM: Como escritora, ¿qué características crees que debe tener un microrrelato para ser eficaz?
EA: Debe reunir humor y poesía, mucho peso en dimensiones mínimas, el relato de la gran historia en el segundo decisivo. El microrrelato es el Sudoku de la literatura: desde el título, nada puede sobrar, y cada palabra tiene un lugar preciso dónde estar. Es el árbol que no se va por las ramas, la hoja para leer el bosque. Pura esencia, elixir.
IM: Hace años que vives en Alemania. ¿Es conocida la microficción en ese país? ¿Existen autores o académicos germanos que se dediquen al género?
EA: En 2007 el profesor Ottmar Ette organizó el simposio titulado Nanofilología en la U. de Potsdam con la presencia de David Lagmanovich y Fernando Valls, entre otros. Fue maravilloso conocer a David en ese Simposio. Tuve el privilegio de compartir con él la clausura del Simposio con una lectura a dúo. Además de poeta y gran autor de microrrelato, David Lagmanovich era un académico de altura, un enamorado de la conversación y un ser humano de oro... En octubre del año pasado participé en un Taller de Microrrelato organizado por Lettrétage, La Casa de la Literatura joven de Berlín, con autores y autoras de Alemania, España y Argentina (Ildiko Nassr y Juan Romagnoli) sobre microrrelato. Creo que es la primera vez que se hace algo de estas características, especialmente por el intensivo intercambio entre autores y autoras de ambas lenguas. Imaginate que si un “cuento corto” en Alemania tiene como mínimo unas doce páginas, hablar de textos de cinco a diez líneas es una provocación. Y sin embargo hay una gran tradición de autores y autoras que han escrito microrrelatos...Franz Kafka sin ir más lejos, Bertold Brecht, Lichtenberg o Benjamin tienen material de sobra. Incluso en la actualidad es un género que tiene su lugar en la radio, y en autores jóvenes y no tan jóvenes... El gran problema es que no hay editoriales que se interesen en publicarlos.
Del 1 al 3 de noviembre de 2012 Berlín va a ser la sede del VII Congreso de Microrrelato, espero que sea una oportunidad para que se conozca y difunda más el género en alemán.
IM: ¿Cuáles crees que son las perspectivas del género en el mundo editorial y en el estudio de la literatura latinoamericana y universal?
EA: Siempre digo que el microrrelato es tan antiguo como la literatura misma. Lo nuevo es que el género tiene nombre y que gana cada vez más adictos -tanto en producción como en lectura-, en idioma español y en inglés entre otros. Así que el micro como género está en plena adolescencia con todas las posibilidades de una edad de quiebres radicales y energías sin límites. Es una promesa, un movimiento abierto en el que hay -casi- todo por hacer.
IM: Como lectora, ¿qué autores y/o libros de microrrelatos nos recomendarías?
EA: Todas las antologías del género. Todas las antologías de cuentistas de todos los idiomas posibles. La Biblia, los Evangelios, el Tao, el I Ching, las enseñanzas de Buda, las historias Zen, las fábulas, la mitología europea, los mitos de fundación africanos, los mitos de los pueblos originarios. El Popolh Vuh. (Y Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Juan José Arreola, David Lagmanovich, Luisa Valenzuela, Julia Otxoa...la enumeración es insuficiente)
IM: ¿Qué consejo le darías a los microrrelatistas que recién comienzan?
EA: Escribir es un camino que cada cual recorre con sus propios pies y la experiencia va encontrando el calzado que mejor conviene. Chejov lo dijo mejor que yo, así que ahí va:
Guarde el relato en un baúl un año entero y, después de ese tiempo, vuelva a leerlo. Entonces lo verá todo más claro. Escriba una novela. Escríbala durante un año entero. Después acórtela medio año y después publíquela. Un escritor, más que escribir, debe bordar sobre el papel; que el trabajo sea minucioso, elaborado.
Es extraño: ahora tengo la manía de la brevedad: nada de lo que leo, mío o ajeno, me parece lo bastante breve.
Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al cuento.
IM: ¿Qué puedes contarnos sobre la experiencia de Vivir en otra lengua, en especial acerca de la literatura de autores latinoamericanos escrita en Europa?
EA: Vivir en otra lengua es una experiencia de lenguaje de quienes por una u otra razón han decidido vivir en idiomas diferentes a su lengua materna. Me interesaba saber de qué manera influía esa situación en escritores y escritoras de diferentes países latinoamericanos que viven en países europeos de habla no hispana y continúan produciendo en su lengua materna. No digo los que viven por un tiempo, con una beca o algo por el estilo, sino los que viven permanentemente en otro universo lingüístico. En otras épocas era ciertamente más difícil que hoy. Ovidio se siente morir cuando el imperio lo exilia en lo que hoy sería Rumania; Stefan Zweig, refugiado en Brasil durante el nazismo se suicida, y una carta de Gabriela Mistral, quien mantuvo una estrecha amistad con Zweig, revela el extremo sufrimiento que le producía no estar rodeado de su lengua materna. Hoy por hoy, con los medios electrónicos disponibles, el lugar es algo relativo, ¿no? Y yo quería explorar la parte fascinante de esta experiencia, que es la conciencia permanente del propio lenguaje. El diálogo de la lengua materna con la lengua visitante (para decirlo en términos futbolísticos) es de hecho muy enriquecedora. Mi antología Vivir en otra lengua. Literatura latinoamericana escrita en Europa busca transmitir ese encuentro a través de una selección de catorce relatos y entrevistas, siete autores y siete autoras.
IM: ¿Qué proyectos –relacionados con la creación literaria– tienes entre manos?
EA: Estoy en la etapa final de una novela siguiendo el recorrido del culto a un santo popular, en la cuenca acuífera guaraní, una de las reservas de agua más grandes del mundo- las migraciones a lo largo de los ríos, hasta llegar el mar grande....
Un escritor de microrrelatos: Clarice Lispector. Muchas de sus crónicas de Revelación de un mundo son microrrelatos.
Un libro: Todo Italo Calvino, y si me obligan a elegir Las ciudades invisibles
Una película: Blade Runner, de Ridley Scott; y Las alas del deseo, de Win Wenders
Una canción: Construção, de Chico Buarque
Una comida: Los ravioles que hacía mi mamá; el asado que hacía mi papá...pero si no es posible entonces que sea cualquier comida para compartir con amigos.
Una ciudad: Berlín para vivir; Lima en verano; Rosario en mi corazón; Buenos Aires siempre
Una flor: el malvón
Un deseo: que se cumplan mis deseos
***
De donde se deducen las razones de la desaparición del reino
Por Esther Andradi
Para Ana Laura
Había una vez un reino donde las riquezas eran tantas, pero tantas, que podía garantizar la felicidad de sus súbditos durante siglos.
Pero la envidia de su monarca era proporcional a la riqueza del reino.
El rey era petiso.
Y como no quería que nadie fuese ni un milímetro más alto que él, prohibió que los hijos superasen a sus padres.
Todos los días, al despertarse entre arcones repletos de monedas de oro y diamantes, ordenaba a sus ayudantes a recorrer el territorio hasta sus confines para tomar medidas.
Si alguien osaba superar la estatura del monarca era fusilado ahí mismo.
De puro terror nomás, desde chiquitos, los niños eran empaquetados por sus padres para impedir que crezcan.
Y así, de generación en generación, los jóvenes devinieron cada vez más pequeños, más pequeños, mas pequeños.
Foto de Alejandro Adonis, tomada en la Estación de Amberes, Bélgica.
Read more...