Semana del 23 al 28 de enero de 2012.
22 de enero de 2012
Apostaría la mitad de mi cabeza a que si escribo el nombre de Walter Arnold no les suena de nada. Era hombre de carácter discreto, incluso retraído, poco inclinado a la ostentación pública de sus méritos y a darse importancia.
Su anonimato, sin embargo, no es parejo a su mérito: fue el creador, el pionero y el primer exponente de una hermandad que, a día de hoy, reúne a millones de creyentes a lo largo y ancho del globo. Una hermandad que no distingue entre razas, idiomas, sexos o credos. Una hermandad que tampoco requiere de ideología, ni de vocación, ni de un talento especial.
Los expertos son incapaces de ponerse de acuerdo sobre la verdadera intención de Walter. ¿Era un hombre adelantado a su época? ¿Era consciente de la magnitud de su gesto? ¿O sencillamente fue cuestión del azar, de estar en el momento justo y en el lugar adecuado a la velocidad inadecuada?
Sea como fuere, aquella tarde del 28 de enero de 1896, Walter Arnold se convirtió en la primera persona en el mundo — y tal vez en todo el universo— que recibió una sanción por exceso de velocidad. Circulaba a unos vertiginosos 13 kilómetros por hora cuando la norma marcaba 3,2.
¿Rebeldía? ¿Irresponsabilidad? ¿Un reflejo de la eterna lucha del individuo contra el sistema? Imposible saberlo. Sí se puede adivinar una clara vocación internacionalista y una búsqueda de gestos breves pero significativos con la que, desde esta revista, nos sentimos fuertemente identificados.
Tan breves como veloces, esta semana escribirán nuestros cuentos Diego Muñoz Valenzuela, Carolina Fernández y Martín Gardella, y contaremos, velocímetro en mano, con una entrevista al editor de Traspiés, José Antonio López.
Sean felices. Y veloces. Y tengan cuidado con los radares y los guardias de la porra.

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