Breve entrevista a María Rosa Lojo

2 de febrero de 2012

María Rosa Lojo nació en la Ciudad de Buenos Aires, en 1954. Actualmente vive en Castelar, provincia de Buenos Aires. Es escritora, Doctora en Letras por la Universidad de Buenos Aires, e Investigadora Principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) con sede en la Universidad de Buenos Aires. Publicó cuatro libros de microficciones y poema en prosa (Visiones, Forma oculta del mundo, Esperan la mañana verde y Bosque de Ojos, que recoge los tres anteriores más Historias del Cielo, inédito), cuatro de cuento (Marginales, Historias ocultas en la Recoleta, Amores insólitos, Cuerpos resplandecientes) y siete novelas (Canción perdida en Buenos Aires al Oeste, La pasión de los nómades, La princesa federal, Una mujer de fin de siglo, Las libres del Sur, Finisterre, Arbol de Familia), varios de ellos traducidos al inglés, italiano, francés, gallego y tailandés.
Recibió varios premios a la trayectoria: Premio del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California (1999), Premio Kónex (década 1994-2003), Premio Nacional “Esteban Echeverría” 2004, por toda su obra narrativa, la Medalla de la Hispanidad (2009) y la Medalla del Bicentenario otorgada por la Ciudad de Buenos Aires (2010).Obtuvo, entre otros, el Primer Premio de Poesía de la Feria del Libro de Buenos Aires (1984), Premio del Fondo Nacional de las Artes en cuento (1985), y en novela (1986), Segundo Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires, Primer Premio Municipal de Buenos Aires “Eduardo Mallea”, en narrativa (1996), por la novela La pasión de los nómades. Ganó la Beca de Creación Artística de la Fundación Antorchas para “artistas sobresalientes que se hallan en los comienzos de su plenitud creativa” (año 1991), y la Beca de Creación Artística del Fondo Nacional de las Artes en 1992.

IM: Has publicado libros de diversos géneros. ¿Cuándo y donde surgió tu interés por el microrrelato?
MRL: En realidad, nunca pensé que escribía microficciones hasta que me convenció de ello Francisca (Paquita) Noguerol, durante una visita mía a la Universidad de Salamanca en el 2002. La razón de mi visita era participar, como escritora invitada, en un seminario que una universidad estadounidense había organizado en Salamanca para un programa de estudios de verano. Fueron también otros escritores latinoamericanos y se armó una lectura informal de obras nuestras fuera de la Facultad, en un café. Yo no quería leer fragmentos de novelas, de manera que apelé a textos breves (como “Fragilidad de los vampiros” o “Transparencia”) a los que siempre había considerado como “poemas en prosa”, y que incluso habían ganado algunos importantes premios de poesía bajo esta denominación. Cuando Paquita me escuchó, dijo que funcionaban perfectamente como microrrelatos (una categoría que entonces empezaba a imponerse) y que yo debía circular más por esos nuevos ámbitos. Seguí su consejo y creo que fue excelente, porque amplió decididamente el público de esos textos míos. Lo que importa, o lo que me importa, es que la literatura llegue a los lectores, más allá de la etiqueta con que se convenga en designarla. 

IM: Tu flamante libro “Bosque de ojos” compila, por fin, todas las microficciones de tu autoría. ¿Qué puedes contarnos acerca de ese libro?
MRL: Sin duda, es un sueño realizado. No es fácil que una editorial grande como Sudamericana asuma el compromiso de publicar una obra de estas características, con expectativas comerciales bastante inferiores a las previstas para una novela, y menos en una edición tan particular. Ante todo, gracias a las ideas y al cuidado de la editora Florencia Cambariere, se trata de un bello objeto, de inusual formato cuadrado y tapa blanca con una acuarela original de Leonor Beuter (artista plástica que además es mi hija, y que hizo otras cuatro ilustraciones internas en tinta, una para cada libro de los reunidos en esta obra). Los tres ya publicados antes: Visiones (1984), Forma oculta del mundo (1991) y Esperan la mañana verde (1998) se encontraban agotados y eran inconseguibles. Además, incluye uno inédito: Historias del cielo, en el que estuve trabajando los últimos años. Por otro lado, como ya lo dije en otra entrevista, Bosque de ojos resulta fundamental para mí en otro sentido, porque es un libro genético, donde pueden encontrarse núcleos semánticos de toda mi obra, imágenes-símbolo y verdaderos embriones que luego dispararon mis relatos más largos (novelas y cuentos) o se integraron a ellos. 

IM: Por su contenido lírico, varios de esos textos brevísimos podrían ser calificados como poemas en prosa. ¿Cómo te gusta llamarlos y por qué?
MRL: En efecto así los consideraba yo antes de encontrarme con Paquita Noguerol…Pero la categoría de microficción hoy está en boga, es más amplia y abarcadora e incluye tanto textos donde hay una acentuada “dominante” lírica (así los míos, en efecto), como otros, más narrativos. Probablemente el rótulo “poema en prosa”, menos habitual en nuestros días, haya quedado unido en especial a la estética de la poesía romántica y simbolista, o al modernismo incluso. 

IM: Como escritora, ¿crees que existe alguna fórmula para escribir microrrelatos? ¿Cuál? ¿Es diferente a la que utilizas para escribir otro tipo de textos?
MRL: No me gusta mucho hablar de “fórmulas”, y quizá menos aún en este tipo de textos tan ligados al fenómeno que se solía llamar “inspiración”; un poema, una microficción, son antes “recibidos” que deliberadamente construidos, aunque desde luego se trabaje sobre ellos y se los corrija. Pero diría que los textos breves se caracterizan, obviamente, por su brevedad y también por su intensidad y por el peso esencial de cada elemento dentro del todo. La microficción no puede permitirse la banalidad o el descanso de lo superfluo. Nada de cabos sueltos, tampoco. Todo tiene que confluir en un final de efecto preciso y contundente, sea por la lograda tensión narrativa o por la emoción lírica. O por ambas cosas juntas. 

IM: Tienes una larga trayectoria en el mundo literario, donde has cosechado varios premios. ¿Qué consejo le darías a los microrrelatistas que recién comienzan?
MRL: Ante todo, no tienen por qué sentirse especialistas o especializados. Son, en primer lugar, escritores, que pueden ensayar otras modalidades de escritura y apelar al microrrelato (o a la microficción en general) cuando lo sientan necesario. Por otro lado, algo que me encantó de entrada, más allá de la escritura breve en sí misma, es el ambiente que la rodea. Al contrario de ciertos circuitos poéticos, el ambiente de la microficción (por ahora, al menos) no es sectario, ni solemne; no se abroquela en determinadas estéticas y se abre maravillosamente a la libertad del juego y a alegría creativa. Quizá porque es nuevo, o porque integra lo viejo en una nueva perspectiva donde lo que importa no es la pelea por supuestas coronas de laurel ni las preceptivas y “bajadas de línea”, sino el disfrute de la exploración y el descubrimiento. 

IM: ¿Cuáles crees que son las perspectivas del género en el mundo editorial y en el estudio de la literatura latinoamericana y universal?
MRL: Las perspectivas del género, en cuanto a lectores, me parecen muy auspiciosas. No sé si tanto en el mundo de la letra impresa, pero sin duda en internet, donde los micros circulan con gran agilidad en blogs y en revistas, y los lectores-escritores suben sus piezas favoritas y publican las propias. Aunque nunca será, creo, un género de masas, este auge en las redes, así como los congresos y los encuentros de lectura, estimulan también los proyectos editoriales para la microficción. No niego que es más fácil publicarla en libro si uno ya tiene una trayectoria afianzada en otros rubros más “vendibles” y es autor/a de una casa editorial con posibilidades de distribución y venta. Pero no faltan iniciativas muy valiosas en editoriales independientes, pequeñas y de calidad, como la de Fabián Vique, por ejemplo, que siempre estarán presentes en los simposios, y que son conocidas por lectores y cultores del género. En cuanto al estudio académico, por supuesto que es un campo en crecimiento y expansión donde hay muchísimo por hacer, siguiendo los pasos de pioneros como David Lagmanovich, Francisca Noguerol o Laura Pollastri, entre otros. 

IM: Como lectora, ¿cuáles dirías que son los libros o autores infaltables en la biblioteca de un escritor que se quiere dedicar a la microliteratura?
MRL: Hay nombres que todos conocemos y estimamos, dentro y fuera de la Argentina, desde Monterroso a Lagmanovich, desde Marino a Shúa, desde Iwasaki a Valenzuela. Y se los puede encontrar, no sólo en sus libros propios, sino en muy buenas antologías, donde hay un gran abanico de propuestas y autores noveles al lado de los ya clásicos. Sólo para nombrar algunas: Cielo de relámpagos, edición de María Cristina Ramos, en Ruedamares; Por favor, sea breve, edición de Clara Obligado, en Páginas de Espuma; La huella de la clepsidra, edición de Laura Pollastri, en Katatay; La pluma y el bisturí, en edición de Luisa Valenzuela, Raúl Brasca (gran antólogo, además de gran microrrelatista) y Sandra Bianchi, publicada por SEA-Catálogos. Y por supuesto, están las ofertas como la Internacional Microcuentista, que permiten acercarse a los escritores y sus poéticas. 

IM: ¿Qué proyectos –relacionados con la creación literaria– tienes entre manos?
MRL: En este momento, una novela que en cierto modo continúa la última: Árbol de familia, publicada en 2010. 

Un libro: El corazón es un cazador solitario, de Carson McCullers
Una película: Half broken things, director Tim Fywell
Una canción: When I’m sixty-four, The Beatles
Una comida: las “fajitas” mexicanas y siempre, el asado
Una ciudad: Roma
Una flor: Rosa
Un deseo: Salud para los que amo



ESTRUCTURA DE LAS CASAS 
por María Rosa Lojo

Dentro de un dedal había un salón de costura donde la abuela bordaba rosas cuando era una niña obligada a quedarse del revés de la luz para no que no la distrajesen los ruidos del mundo.
Dentro de una foto del padre había un joven que regresaba a las montañas cruzando campos ardidos por la guerra, y había cuerpos acabados de fusilar pudriéndose en el fondo de las pupilas.
Detrás de un guante viejo había un hermano desaparecido, en un pastillero vacío acechaba la locura; sobre los platos cascados comía una familia sentada en torno de una mesa de roble; dentro de un cofre la madre guardaba cartas de pretendientes, y con las cartas esperanza y pobreza y plumas que avanzaban despacio sobre el papel rugoso de las vidas pasadas.
En tu historia había historias imposibles de limpiar y cuartos cerrados que no se abrirían nunca porque las estructuras de las casas son cajas chinas interminables y concéntricas y de la misma manera misteriosas.

(Del libro Esperan la mañana verde. Buenos Aires: El Francotirador Ediciones, 1998).

Fotos por: Sara Facio y Pablo Senarega.

3 Brevedades:

Melvin Rodríguez Rodríguez dijo...

Nunca veré una casa igual, qué bello micro, como dijo ella es un poema en prosa. TazaDeCuentos.blogspot.com

Nana Rodríguez dijo...

Muy bello eso de las cajas chinas

R.A. dijo...

Los micros de Rosa Lojo son belleza.

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