Comité Editorial

31 de julio de 2013

Griego para perros, de Antonio Báez.

 En una secuencia de la película Banda Aparte, el trío protagonista se calza unos patines y realiza la visita al Museo del Louvre más rápida de la historia. 

 Su director, Jean-Luc Godard, no la rodó desde el punto de vista de los personajes, pero es fácil imaginar que, de haberlo hecho así, el resultado sería una sucesión veloz de siluetas, paisajes, personas, colores y formas, un lienzo continúo de situaciones aparente o no aparentemente inconexas que sin embargo, o precisamente por ello, vendrían a reflejar fielmente la vida. O, cuanto menos, un fragmento aislado de esta.

Toda autobiografía, real o imaginaria, puede compararse a una exposición permanente de la propia vida en un museo donde uno es director, comisario, comité de selección, guía y conserje. Es decir: donde uno escoge qué se muestra y cómo. Es decir: donde las barreras entre real o imaginario son sólo cuestión de perspectiva.

Visto desde fuera, el trío protagonista de Banda Aparte patina a toda velocidad por los pasillos. Pero visto desde dentro, son los cuadros y las esculturas los que corren a su alrededor.

Es lo que sucede en la autobiografía que construye Antonio Báez en Griego para perros. Desde la entrada nos coloca sus primeras gafas para que nos asomemos a una historia cuyo tiempo se mide en escritores, lecturas y cristales rotos. Pero, a diferencia de las autobiografías reales o inventadas al uso, donde se enlazan principios, nudos y desenlaces en un todo consecuente, Báez se sirve del microrrelato para presentar una sucesión de frescos certeros y breves, en una narración que requiere tanto de los espacios en blanco como de los ilustrados.

A diferencia de los de Godard, sus personajes no están filmados desde fuera. Ni siquiera los personajes que se cruzan con los personajes. El punto de vista del narrador salta de unos a otros, en una búsqueda constante de la propia identidad y a la vez, un abandono continúo de esta. La primera persona aparece multiplicada y desdibujada entre la persona que es, la que cree que es, la que dice ser, la que sueña ser, la que inventa ser, y la que podría haber sido, del mismo modo que su peripecia transcurre entre sucesos reales o inventados, propios o apropiados, en un juego de fragmentos donde la vida se traviste o se mutila, se finge o se disfraza, ladra y lame, dentro de un cuadro donde los yoes que imaginamos valen tanto para explicar la propia vida como los que realmente somos, lo cual no deja de ser la definición exacta de la ficción y de los fabricantes de ficciones.

Híbrido entre microficción y novela, Griego para perros es también híbrido entre estilos literarios y formas de contar, desde el guión cinematográfico hasta la poesía, desde la sintáxis enrevesada a la frase telegráfica y cortante, donde Báez demuestra un dominio de múltiples registros que acompasan perfectamente con la multiplicidad fragmentaria de la historia. Destaca su forma de dibujar la imagen antes que la descripción, el sustantivo antes que la especulación del adjetivo o el adverbio. Se desprende el bagaje lector de quien ha recibido y roto muchas lentes, y es capaz de trazar un mapa entre los clásicos, acudiendo a los mitos para trasladarlos a una rutina al mismo tiempo costumbrista y onírica cual pintura de Dalí, en la que personajes extremos y, en ocasiones, propios del cine americano, se desenvuelven en hoteles cutres de Torremolinos, donde madres encuentran al niño que mataron y niños se reencuentran con la madre muerta a la que no llegaron a conocer.


Historias cotidianas y extrañas, contradictorias como la vida misma, sencillas de leer y al tiempo plagadas de referencias y matices, que devoras una tras otra y que tras cerrar el libro sospechas, acertadamente, que contienen posibilidades que ni siquiera has llegado a oler. 

Griego para perros, Antonio Baez, Sabara Narrativa, 

1 comentario:

  1. Es un libro difícil de clasificar, si acaso queremos hacerlo. La única definirlo sería por su calidad. Creo que el último párrafo es de lo más acertado porque es lo que me está ocurriendo con muchas de las historias: al terminarlas te das cuenta de que hay mucho más de lo que parece.

    Saludos

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