Luis Felipe Hernández nació en Ciudad de México en 1959. Ha publicado dos libros de cuentos: De cuerpo entero (2003); Falsos amigos y otras epifanías (2007), uno de minificciones: Circo de tres pistas y otros mundos mínimos (2002), al igual que una novela: Derrumbe (2004). Ha sacado más de diez generaciones de cuentistas con su taller de cuento y narrativa breve, y coordinó el primer libro de dicho taller: ¡Lotería! (2011) y tiene a su cargo la publicación quincenal de trabajos de sus alumnos. Está antologado en libros de Argentina, Colombia, España y Chile. Como actuario trabaja dando coaching para MBA y otros cursos.
IM: Dinos la verdad. ¿Cómo haces para combinar tu labor de escritor, corista en el Coro de Bellas Artes y matemático?
LFH: Creo que se responde con el uso placentero de ambos hemisferios. Lo racional y lo analítico es fabuloso, pero lo creativo y lúdico de la escritura no lo es menos. Además, las tres áreas que mencionas son, a final de cuentas, lo mismo: lenguajes de expresión. La matemática te permite elaborar un modelo de algo que quieres resolver; la partitura, hace que generes sonidos (bellos o deleznables) y las palabras, pues ya se sabe: gestan mundos propios. Cada uno de estos campos incide en la realidad, la modifica, la hace mejor.
IM: ¿Por qué aseguras que el microrrelato no permite la adaptación cinematográfica? ¿No te parece que el corto o el filminuto son, en sí mismos, adaptaciones literarias a formatos cinematográficos breves?
LFH: No, y mira que de Circo de tres pistas y otros mundos mínimos puedes encontrar cortometrajes hechos por alumnos del CUEC de la UNAM al igual que de la carrera de Comunicación de la Ibero... Los veo y me emocionan, cómo no, pero cada uno es la versión del cineasta, que tiene que "ocultar" lo que en el texto no se te muestra para darle efectividad a la minificción o microrrelato.
Por otro lado, que haya cortometrajes o filminutos no significa, forzosamente, que provengan de una minificción o microrrelato.
IM: Cuéntales a nuestros lectores acerca de Circo de tres pistas y otros mundos mínimos. ¿Qué podrán encontrar en tu libro?
LFH: Se trata de un cuarteto de microcosmos: el futbol, la fotografía, los cuentos infantiles y el circo.
En cada uno de ellos se muestran relatos que difícilmente rebasan los cinco renglones. Salvo "La elefantasma", todos son hiperbreves.
Creo que el éxito del libro reside en la sorpresa, el juego con otros textos, referencias hipertextuales; la contradicción y la paradoja.
La impecable tesis de maestría de Laura Elisa Vizcaíno, De la narrativa breve a la minificción (UNAM 2011), elabora en todo un capítulo, un somero y muy generoso análisis de mi libro. Yo me limitaría a decir a tus lectores que encontrarán en el volumen mucha diversión y que deberán participar activamente con algunos relatos para captarlos en toda su cómica sopresa.
IM: Has recibido reconocimientos tan importantes como el Premio de Cuento San Luis de Potosí y el Premio Nacional de Cuento Efrén Hernández. ¿Qué les dirías a los escritores que ven en los concursos su oportunidad para surgir?
LFH: Diría que los concursos pueden abrirte las puertas que de otro modo seguirían cerradas. Las editoriales en México son el hoyo negro para los escritores nuevos. Un concurso ganado, sobre todo si es uno de importancia, da oportunidad de, por fin, ser tomado en cuenta. Pero sólo eso.
IM: ¿Hacia dónde va el microrrelato en México? ¿Cuál es tu percepción de este momento excepcionalmente prolífico de autores?
LFH: Creo que se abusa del concepto y se distorsiona. Como lo he dicho cien veces antes, un chiste no es ni será jamás una minificción o microrrelato. Eso para empezar. Luego, está el asunto de la extensión. Una prestigiosa cadena librera en el país (cuyo nombre no revelaré) organizó un concurso de lo que ellos llamaron "minificciones" (o microrrelatos) ...¡con límite de 400 palabras!
Si eso es microrrelato, si un texto que puede tener hasta 400 palabras es una minificción, entonces yo puedo ser Einstein, Picasso o Darwin.
IM: Aparte de la literatura, otras cosas deben apasionarte. ¿Cuáles son?
LFH: La matemática sigue siendo vital, excitante y adictiva para mí. Creo profundamente que, si las relaciones amorosas fueran regidas por la matemática, no habría divorcios, violencia doméstica, crímenes pasionales ni infidelidad. No cabrían argumentos del tipo "¡Sí, ya lo sé, dos más dos son cuatro, pero si yo te interesara un poquito, si al menos hicieras un mínimo esfuerzo por entenderme, harías que fueran siete!".
Luego viene la comida y la buena mesa. Sé cocinar y disfruto mucho el buen comer. Odio la fast food. Amo los buenos vinos. Tres veces a la semana salgo a cazar nuevos restaurantes. A veces el resultado es excelente, en otras no tanto.
Enseguida diría "el baile". Soy diestro bailando salsa, cumbia, rock and roll... en fin: los ritmos que requieren tomar del talle a la pareja y llevarla en la pista. Creo firmemente que "baile mata carita". Y no comprendo cómo las generaciones actuales desechan la importancia del macho buen bailarín en la tribu.
Un libro: ¿sólo uno? Si sólo puedo uno, que sea Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino.
Un autor: Además del mencionado italiano, P. G. Wodehouse, divertido, desternillante, extraordinario, recomendabilísimo.
Una película: Nos amábamos tanto, de Ettore Scola, genial.
Una comida: La mexicana, claro. Y no por nacionalismo patriotero, sino por su enorme variedad que desmiente la idea de que todo es chile.
Una broma: Mmh, no; no sé qué contestar.
Si quieres que escriba un chiste diría:
"Ay"
"Ay"
(dos puercoespines se abrazaron)
Un secreto: Ja ja, ¿estás de broma? Si lo dijera, deja de ser secreto.
Un deseo: Mmh, supongo que pedir la libre y legal circulación de cierta planta es todavía utópico, ¿verdad? Tal vez deba responder como aspirante en concurso de belleza: "Deseo la paz mundial".
Una frivolidad: Me gusta que se cambien las copas de vino en la mesa si se cambia de marca de vino en una misma comida.
Un amor: Lewis Carroll, desde pequeño.
Un coro: ¿te refieres a una partitura, o a un grupo coral? Si es la primera, diría que el Requiem de Mozart, completito. Si es el segundo, no quiero herir susceptibilidades.

Un saludo a Luisfey, amigo, donde te encuentro? Tenemos pendiente un café ya muy rancio.
ResponderEliminarPara los que no lo hayan presenciado: aparte del canto, escuchar a Luis Felipe leyendo sus textos: una experiencia única.
¡Qúe tiempos aquellos de las plaquets!
Un abrazo
Alfonso Pedraza