Marcos Rodríguez Leija nació en 1973 en Nuevo Laredo, Tamaulipas (México). Forma parte del Diccionario de Escritores Mexicanos del Siglo XX, publicado por el Instituto de Investigaciones Filológicas y el Centro de Estudios Literarios de la UNAM. Premio Nacional de Periodismo e Información 2000-2001 en crónica en medios impresos. Recibió el grado honorífico Embajador Universal de la Cultura por el Gobierno de Bolivia en 2012. Autor de Minificciones (minificciones, 2002, IMC); Pandemónium (cuento breve, 2001, CNCA, ITCA) y Souvenires (minificciones, 2011, CNCA, ITCA). Coordinador de talleres de minificción, fotografía y de periodismo. Su trabajo literario ha sido traducido al inglés, francés, italiano, portugués y alemán. Ha ejercido el periodismo en medios impresos y electrónicos de México, Estados Unidos y Sudamérica.
IM: Has ejercido el periodismo y la cuentística desde hace años. ¿De dónde nació tu interés particular por el microrrelato?
MRL: El interés nace desde que empecé a leer y a desarrollar ideas que después tomarían la forma de cuentos breves y microrrelatos. Desde la década de los 90 recurrí a la brevedad con la idea de motivar a la lectura a los jóvenes como yo en aquel entonces. En esa época consideraba que la brevedad sería atractiva en el futuro ante el escaso hábito por la lectura y la vida apresurada en la que cada vez más veía inmersa a la gente.
IM: En el blog coordinado por Manolo Ortiz, Antología Virtual de Minificción Mexicana, aparecen más de cien escritores con microrrelatos de su autoría, entre los cuales estás tú. ¿Dirías que México atraviesa su mejor momento desde la época marcada por el trío Monterroso, Torri y Arreola?
MRL: Sí, atraviesa por uno de los mejores momentos, sobre todo por la aceptación de la minificción como género y se lo debemos a la fuerza creativa de esos autores, a la revista El Cuento, a las antologías de Edmundo Valadés y a la continuidad de escritores como Raúl Renán, René Avilés Fabila, Guillermo Samperio, Oscar de la Borbolla, José de la Colina y Felipe Garrido, entre otros. También debemos el auge a las investigaciones y publicaciones de Lauro Zavala y de Javier Perucho, así como a las compilaciones de Marcial Fernández a través de la revista virtual Ficticia y al valioso trabajo que sobre el tema está desempeñando Manolo Ortiz.
IM: Con franqueza, ¿qué opinión te merecen los blogs dedicados al microrrelato? ¿Contribuyen a fortalecer el género o crees que lo banalizan?
MRL: Los blogs han influido en la difusión del género, pero considero que el trabajo honesto y dedicado de sus autores y la calidad de las narraciones es lo que domina y prevalecerá. Es sencillo detectar una buena minificción porque va más allá del arte de economizar palabras para contar historias; son letras vivas formando un bicho en constante metamorfosis; es el arte de encapsular al mundo, de introducirlo en una botella en múltiples formas.
IM: Has recibido importantísimos premios por tu obra periodística y literaria. ¿Cuál sería tu consejo para los jóvenes escritores que ven en los concursos la plataforma ideal para surgir?
MRL: No hay mejor premio que la emoción que despierta en el lector aquello que uno escribe. Mi recomendación es que eviten vivir cazando concursos para surgir. Es preferible leer mucho y al escribir, deshojar de palabras cada historia como si fueran margaritas hasta que el microrrelato te quiera a ti, se quede contigo.
IM: ¿Cuentos o microrrelatos? ¿Por qué? ¿Cuáles dirías que son las diferencias esenciales? ¿Es en realidad necesario discriminarlos como si fueran dispares?
MRL: Definitivamente cada cual tiene una arquitectura. Juan Rulfo decía que el cuento es una realidad aparente y Javier Perucho dice que la minificcción implica una nueva puesta en escena de los géneros. Yo digo que el cuento es destripar al mundo para armarle el vientre de otra manera con todas sus piezas y la minificción es desmenuzarlo y hacer de cada pieza un mundo.
IM: Aparte del periodismo y la literatura otras cosas deben apasionarte. ¿Nos dirías cuáles son?
MRL: Me apasionan la música, el cine, la fotografía. Compongo canciones cuando no me expreso a través de la literatura. Otra manera de relatar el mundo es a través de la fotografía y algunos microrrelatos los he adaptado al cortometraje animado y al cómic. Voy de una disciplina a otra, siempre estoy jugando, creando algo, reconstruyendo al mundo después de sacarle las tripas o encapsulándolo, introduciéndolo en una botella en presentaciones distintas, en múltiples formas.
Un libro: Las mil y una noches.
Un autor: Franz Kafka-
Una película: 2001: Odisea del espacio.
Una ciudad: Buenos Aires.
Una comida: Carne asada.
Un aroma: Tierra mojada.
Un deseo: Aquello que me desea.
Un amor platónico: Marilyn Monroe.
Un equipo de fútbol: Ninguno.
Una crónica: Relato de un náufrago.
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