El día de hoy, aproximadamente a las diez de la mañana, en inmediaciones de la Pampa de la Quinua en Ayacucho, un soldado del Ejército del Perú abatió a un terrorista. Pero el sonido del disparo mortal no quedó allí. Siguió retumbando por toda la llanura, trepó los cerros, cruzó el río, sobrepasó la laguna, hizo eco en las quebradas y, ya exhausto, como pájaro herido, fue a dar al patio del colegio secundario Andrés Avelino Cáceres, donde hace exactamente dos años, ambos -soldado y terrorista- jugaron juntos en el recreo.
Ángel Málaga, Final del viaje, 2013.

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