Raúl Brasca nació en Marcos Paz, Provincia de Buenos Aires, Argentina, en 1948. Actualmente vive en Martínez, Pdo. de San Isidro, en la misma provincia. Es uno de los autores y antólogos más prolíficos del género. En relación a la microficción publicó Las aguas madres (cuentos y microficciones), Sudamericana, 1994; Todo tiempo futuro fue peor (microficciones, Thule ediciones, Barcelona, 2004; Mondadori/Sudamericana, Buenos Aires, 2007); Dos veces bueno 1, 2 y 3 (antologías de microficciones, Desde la Gente, Buenos Aires, 1996, 1997 y 2002, respectivamente); De mil amores (antología de microficciones, Thule Ediciones, Barcelona, 2005); Nosotras, vosotras y ellas (antología de microficciones, Desde la Gente, 2006); 4 Voces de la microficción argentina 1: Orlando Romano, Juan Romagnoli, Roberto Perinelli, Ildiko Valeria Nassr (antología, Desde la Gente, Buenos Aires, 2009). Además, en colaboración con Luis Chitarroni, publicó Antología del cuento breve y oculto (Sudamericana, Buenos Aires, 2001); Textículos bestiales (Desde la Gente, Buenos Aires, 2004); La flor del día - Trofeos de la lectura (Desde la Gente, Buenos Aires, 2007) y Comitivas invisibles (Desde la Gente, Buenos Aires, 2008). Junto a Luisa Valenzuela y Sandra Bianchi, publicó además La pluma y el bisturí (Catálogos, Buenos Aires, 2008), que reúne las actas del Primer Encuentro Nacional de Microficción en Argentina.
IM: ¿Qué denominación prefieres para el género brevísimo y por qué?
RB: Prefiero "microficción" como denominación general. No descarto "minificción" pero, por sus connotaciones domésticas (minipimer, minifalda, minibacha, etc) que hacen pensar en algo de entrecasa, insisto con microficción, que tiene connotaciones más prestigiosas. Descarto todas las denominacines que contienen la palabra "cuento" (minicuento, microcuento, cuento brevísimo, etc. ) porque la microficción no es un cuento. Ocasionalmente he utilizado estos términos en algunas de mis antologías, pero ha sido por motivos puramente editoriales.
IM: ¿Cómo y desde cuando nació tu pasión por el microrrelato?
RB: Nació espontáneamente cuando escribí mi primer microrrelato como descanso en la tediosa corrección de un cuento. Por eso suelo decir que, en mí, el microrrelato nació como anticuento. Eso fue a mediados de los '80.
IM: Como escritor, ¿crees que existe alguna fórmula para escribir microrrelatos? ¿Cuál?
RB: Sí, existen varias, pero procuro no usarlas. Por ser tan breves, los microrrelatos tienen sus mecanismos muy claramente expuestos. Esto hace que esos mecanismos puedan ser copiados para producir microrrelatos como en una línea de producción. Creo que estudiar los mecanismos es saludable para obtener una comprensión cabal de este formato, pero que lo excitante y meritorio es encontrar otros nuevos tan eficaces como aquellos que organizan las brevedades que más nos han impresionado.
IM: Como antólogo ¿qué elementos consideras que debe tener un microrrelato para ser eficaz?
RB: Tengo que responder con otra pregunta ¿Eficaz para quién? La eficacia depende mucho del lector. Los microrrelatos humorísticos suelen ser muy eficaces y son más masivamente eficaces cuanto más se aproximan al chiste, que no es lo deseable. Cuanto más eliptico, cuanto más compleja es su ironía y mayores son los conocimientos culturales que exige del lector, menos masivo será un microrrelato, pero muy grande será su eficacia en quien pueda acceder a él. Esto no impide que haya microrrelatos que son simultáneamente de alto nivel literario y fácilmente comprensibles. El ejemplo inmediato es Monterroso. Hechas estas aclaraciones, creo que para ser eficaz como microrrelato, una brevedad debe funcionar como una maquinita perfecta, diseñada y aceitada para llegar al final siempre un instante antes que su lector.
IM: ¿Qué consejo le darías a los microrrelatistas que recién comienzan?
RB: Que lean muchas microficciones, que aprendan los mecanismos usuales y los practiquen y que, luego, se propongan ver qué pueden hacer "a partir" de todo eso. Insisto en que la lectura es esencial. Escribir sin leer, conduce más al balbuceo que a la pretendida originalidad.
IM: Además de la literatura, ¿qué otras cosas te apasionan?
RB: Recrear la amistad con mis viejos y nuevos amigos. La buena mesa y el buen vino. Las piezas para clave de Bach y las que Debussy escribió para piano. En ese orden, aunque sea o parezca pecado.
Un libro: Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters
Una película: Todas las del gran Luchino Visconti
Una canción: Sur, de Manzi y Troilo; los tangos de Eladia Blázquez
Una comida: Mollejas al verdeo
Una ciudad: Florencia
Una frase: Esta frase de alguna manera me debe representar porque la recuerdo de memoria desde cuando era estudiante: "No hay menos belleza en una exacta ecuación que en una frase precisa, pero cada ciencia tiene su propio lenguaje estético", Marc Bloch (si mi memoria no me hace trampa).
Un equipo de fútbol: Soy de Racing sólo porque cuando era más joven el equipo de José era imbatible.
Un deseo: Llegar a viejo satisfecho con lo vivido
Un secreto: Sé guardar muy bien mis secretos
El zahorí - por Raúl Brasca.
Peregrinaba por el mundo. Hasta donde podía recordar, nunca había hecho otra cosa. Sólo tenía dos seguridades, una comprobada: sentía en su boca la proximidad del oro; y la otra muy íntima: buscaba algo, no recordaba qué, que al fin le permitiría descansar. Un atardecer, en un paraje suburbano, sintió el conocido regusto metálico. Cavó en el lugar y, a poca profundidad encontró un cofre. Dentro había oro, mucho oro, pero también encontró un libro. Hundió las manos en el metal y revivió una emoción remota. Abrió el libro. Los grabados le resultaron familiares y el antiguo idioma en el que estaba escrito pronto comenzó a revelársele; no tardó en leer de corrido y sólo unos minutos en anticipar lo que encontraría al volver cada página. Entonces, su mente se despejó: el libro era aquello que buscaba. Reconoció su propia caligrafía y el contenido hermético le resultó tan claro como hacía cuatro siglos. Supo que había guardado el libro allí, con el oro, porque confió menos en su memoria que en su don de zahorí. Ahora, dueño de nuevo de la alta sabiduría, encendió una hoguera y arrojó el libro a las llamas. Una niebla sutil se difundió en el aire y envolvió el cofre. La aspiró muy hondo. Miró el libro consumirse mientras el oro perdía brillo y su piel se llenaba de pliegues. Cuando el fuego quemó la última letra, el oro terminó de transmutarse en plomo y el zahorí fue una tenue nube de ceniza que el viento disipó rápidamente.

Muy interesante la entrevista a Raúl. En España, de toda la lista de sus libros, apenas se encuentran unos pocos. Sin embargo, "Todo tiempo futuro fue peor" y "De mil amores" fueron dos de los primeros libros de micros que cayeron en mis manos. Con ellos di mis primeros pasos en esto.
ResponderEliminarCoincido con Raúl en lo de las fórmulas. Sí que pueden existir fórmulas, aunque no manuales de instrucciones para montar micros. Y me quedo con que lo importante es buscar nuevas fórmulas, para no crear una produccion en serie de textos basados en el mismo mecanismo.
De diccionario la frase "una brevedad debe funcionar como una maquinita perfecta, diseñada y aceitada para llegar al final siempre un instante antes que su lector". Ese segundo de diferencia es lo que separa, en muchos casos, una buena microficción de otra mala.
Las entrevistas van de buena en mejor, esta no tiene desperdicio. Enhorabuena a la IM.
ResponderEliminarGenial la entrevista. Y fantástico el texto!
ResponderEliminarSaludos !
Me encantó leer esta entrevista. Como suele suceder, aprendí muchísimo y eso es siempre un placer. Me quedo con eso de que hay muchas fórmulas para escribir microficciones pero prefiero no usarlas. Ahí tenemos el relumbrar de un artista verdadero.
ResponderEliminarGracias por tu trabajo, Martín. Y gracias a Raúl por el suyo.
Un fuerte abrazo,
PABLO GONZ
Me gusta lo que dice y me gusta su microficción.
ResponderEliminarGracias por las jugosas entrevistas
IM.
R.A.