Adentrándose en el valle de Anduriamenia, muy cerca del río Guapí, hay un lugar enigmático. Generalmente, todo el que llega hasta allí se sienta en una enorme piedra, encuentra unos viejos manuscritos aparentemente extraviados y movido por la curiosidad les echa un vistazo. Lo que sucede a continuación no tiene explicación alguna: mientras el caminante los va leyendo, el tiempo se va lentificando. Misteriosamente, los segundos se convierten en minutos; los minutos, en horas; las horas, en días; los días, en meses; los meses, en años y los años, en siglos. La devoción por la historia obnubila al peregrino y cuanto más desea apresurarse a conocer el final del documento, más despacio corre el reloj. Atrapado en una confabulación del tiempo, como pagando un impuesto por visitar el lugar, el ansioso viajero se queda leyendo la misma historia por toda la eternidad.
Esteban Dublín, Los cuentitos, 2009.

Calvino con gusto incorporaría a Anduriamenia a sus Ciudades Invisibles.
ResponderEliminar¡Bravo!
Buen micro Esteban, buen juego de las manecillas. Me apasiona el tema. Me apasiona mover atrás y adelante el reloj, acelerar su ritmo, frenarlo...
ResponderEliminarUn saludo indio
¡Qué bonito! No esperaba menos de un micro de Esteban...
ResponderEliminarBuena versión de una historia sin fin, Esteban. Pero debe ser por demás desesperante la lenta eternidad.
ResponderEliminarSaludos.