Comité Editorial

12 de agosto de 2010

Breve entrevista a Eduardo Berti

Eduardo Berti (Buenos Aires, Argentina, 1964), actualmente vive en Madrid, España.
En relación a la microficción, es autor de La vida imposible (cuentos breves y muy breves), Emecé, 2002 y Los pequeños espejos (aforismos, greguerías y formas breves), Meet, 2007, además de cuatro novelas y otro libro de cuentos más “ortodoxo”.
Como antólogo, ha publicado Los cuentos más breves del mundo (de Esopo a Kafka), Editorial Páginas de Espuma, 2008 y la antología Historias encontradas, Eterna Cadencia, 2009.
Para más información, pueden visitar su blog Bertigo o su página web oficial.

IM: ¿Cómo y desde cuando nació tu pasión por el microrrelato?
EB: Hace más de 20 años, cuando empecé a escribir los cuentos que terminaron integrando La vida imposible, el género ya estaba bien definido pero yo no lo sabía. Por supuesto, ya había leído la antología de Borges y Bioy Casares (Cuentos breves y extraordinarios) y conocía la obra de Virgilio Piñera, los textos más concisos de Cortázar y El imitador de voces de Thomas Bernhard, por ejemplo. Pero sólo después comprendí que eso que yo estaba haciendo tenía una historia y una tradición muy sólida.

IM: Como escritor, ¿crees que existe alguna fórmula para escribir microrrelatos? ¿Cuál?
EB: No hay fórmulas seguras. Por supuesto, hay caminos o procedimientos que se reiteran porque siguen siendo tentadores (la “enmienda” o reescritura, el juego fabulesco, los diálogos ingeniosos, los casos bizarros, el falso periodismo, la inversión de la lógica y la paradoja, etcétera), pero huelga decir que no garantizan necesariamente un buen resultado.

IM: Como antólogo ¿qué diferencias existen entre los microrrelatos autónomos y las pequeñas “historias encontradas” dentro de un texto más largo?
EB: Muchas veces, los pequeños cuentos insertos dentro de novelas o de libros mayores suelen apoyarse en el marco sin llegar a ser textos autónomos. Pero también está el caso de los textos que seleccioné para mi antología “Historias encontradas”, que recopila cuentos “incrustados” en libros mayores: novelasen su mayoría. En ese caso la diferencia, pienso, se encuentra más en la intención del autor que en el efecto de lectura.

IM: ¿Qué consejo le darías a los microrrelatistas que recién comienzan?
EB: No me gusta dar consejos, ¿quién soy yo para darlos haciéndome falta tantos buenos consejos de los que realmente saben? Pero, si me permiten, diría que siempre es bueno ser breve porque lo bueno, si breve... Y recomendaría no buscar el “chiste” o lo ingenioso como único efecto. Es una búsqueda valida, pero hay muchas posibilidades más.

IM: Como lector, ¿qué autores y/o libros nos recomendarías dentro del género?
EB: Uy, son tantos. Desde Gómez de la Serna hasta Ana María Shua, hay muchos que me entusiasman. Sin embargo, puesto a “rescatar” cosas y no queriendo caer en obviedades, recomendaría el “Libro de los casos” de Angel Bonomini y los cuentos hiperbreves del belga/francés Jacques Sternberg, por ejemplo.

IM: Además de la literatura, ¿qué otras cosas te apasionan?
EB: La música. El cine. Algunos deportes (más como espectador que como deportista, lo confieso). Viajar y conocer países y ciudades. La gastronomía. Mi mujer. Mi hijo. Los proyectos audaces y creativos como el que estamos emprendiendo ahora mismo con la editorial La Compañía. Las charlas a fondo con gente inteligente y sensible a la vez.

Un libro: ¡¿Uno solo?!
Una película: “Mila gro en Milán”, por citar una sola.
Una canción: Esta semana estuve escuchando mucho “I’m Free” (Stevie Wonder) y “Branquinha” (Caetano Veloso).
Una comida: Hoy comí empanadas de carne, argentinas, y estaban tan sabrosas…
Un lugar: Se me ocurre ahora mismo la Place Dauphine, medio escondida al lado de la punta de la Ile de la Cité que algunos llaman “el sexo de París”.
Una frase: “El último hombre sobre la Tierra estaba sentado a solas en una habitación cuando llamaron a su puerta”, que como muchos saben es un cuentito de Fredric Brown.
Un equipo de fútbol: Banfield (nadie es perfecto).
Una alegría: Ver alegre a la gente que amo.

***

Doble vida - por Eduardo Berti
En cuanto supe que mi padre había llevado en sus últimos treinta años una doble vida, sucumbí a la curiosidad y averigüé el nombre de su otra mujer y la dirección del otro hogar. Llamé a la puerta con una excusa cualquiera -una inspección de la compañía de seguros, o algo así-, y una mujer alta y equina me invitó a entrar. Entonces no pude dar crédito a lo que veía: el interior de aquel hogar era una réplica perfecta del que habíamos compartido mi padre, mi madre y yo; los mismos muebles, los mismos sillones con el mismo tapizado distribuidos exactamente igual, y hasta los mismos cuadros, los mismos platos de porcelana y las mismas esculturas de yeso. 
De vuelta en casa, esa noche me dediqué con malévolo placer a desordenar los muebles y a revolver las cosas en los estantes. Mi madre seguía perpleja mis movimientos, pero no le dije nada de mi visita a la casa y cenamos en silencio. 
De pronto recordé la vez que, siendo un niño, rompí el jarrón chino que flanqueaba el diván. El enojo de mi padre al saber del accidente me había parecido desproporcionado. Ahora podía entenderlo. Podía incluso imaginarlo al día siguiente, destruyendo a conciencia el jarrón igual, sólo para conservar la simetría con su otro hogar.
(La vida imposible, Emecé, 2002).

5 comentarios:

  1. Tener a Eduardo Berti en La Internacional es todo un honor. Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros a él.

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  2. Isabel González González13 de agosto de 2010 a las 3:08

    Buen escritor, buen inspirador y buena gente. ¿Se puede pedir más? Su blog es una delicia. Gracias por acercárnoslo un poco más.

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  3. Berti en su línea. Y el micro, muy bueno.

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  4. Otra entrevista que me gusta y el micro es excepcional.

    R.A.

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  5. Excelente el microcuento! Y muy buena entrevista, como siempre en la Internacional.

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