Iban dejando ceniceros llenos, papel de celofán, cucharitas, ropa interior, ropa exterior, todo desparramado.
Ellos eran dos, que es lo mejor que puede acontecerte. No me digas que no. Somos dos y nos conocemos. Pero esto vino después.
Ellos eran dos, que es lo mejor que puede acontecerte. No me digas que no. Somos dos y nos conocemos. Pero esto vino después.
Como te decía, iban poniendo cosas a medida que daban vuelta la noción del espacio, del tiempo, de todos nosotros, de todos los que fueron y los que no.
Dejaban colillas, lágrimas. Ramas de acanto en las tazas de café y objetos en desuso en la mitad de la niebla. Y sus cabezas dormidas en la almohada.
Pusieron tanto, te digo, que ya no quedó lugar. Entonces, como a nosotros, los echaron.
Isidoro Blaisten, El Mago, 1991.

EXCELENTE
ResponderEliminarProsa que, sin renegar de sí misma, resulta bellamente poética.
ResponderEliminarAdmirable creación de admirable escritor.
Ah, el título haha
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