Después de treinta años de destierro regreso a su país y buscó aquella callecita donde, si no se equivocaba, una noche había abrazado a una muchacha. Dio vueltas y vueltas, extraviado en su propia ciudad. En una de ésas, de pura casualidad, la encontró. Al verla sola, sin la muchacha, se entristeció. Ya se disponía a marcharse cuando pensé en que quizá la muchacha no había existido nunca: ¿no sería que, allá en el destierro, el evocar el placer de haberse paseado treinta años atrás por esa callecita lo había exagerado, y que una vez exagerado el placer se inventó una causa, en figura de muchacha? Apenas cayó en la cuenta de que la nostalgia le había fabricado un falso símbolo, la ficticia muchacha se desvaneció. Su pasado quedó empobrecido, pero se le enriqueció el presente. La callecita, que hasta entonces había llevado en una de las calles de su memoria, estaba allí, real como una aventura. La caminó, hacia arriba, ligero y joven, con alas en los pies.
Enrique Anderson Imbert, El Gato de Cheshire, Losada, 1965.

Nostalgia por aventura. Excelente cambio de doble dirección: la luz del futuro que se expande y la renuncia a un pasado que sí existió porque vivía en su mente.
ResponderEliminarMuy buen claroscuro.
¡Anderson!, mi inspiración, mi maestro; por él descubrí mi pasión por los micros. Gracias por poner una de sus obras maestras. La realidad en nuestro pensamiento es creada.
ResponderEliminarMe ha gustado mucho este micro sobre el tiempo, l amemoria y sus engaños...o no.
ResponderEliminarR.A.
Hrmosísimo :3
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