Haga correr dos rumores. El de que está perdiendo la vista y el de que tiene un espejo mágico en su casa. Las mujeres caerán como las moscas en la miel.
Espérelas detrás de la puerta y dígale a cada una que ella es la niña de sus ojos, cuidando de que no lo oigan las demás, hasta que les llegue su turno.
El espejo mágico puede improvisarse fácilmente, profundizando en la tina de baño.
Como todas son unas narcisas, se inclinarán irresistiblemente hacia el abismo doméstico.
Usted puede, entonces, ahogarlas a placer o salpimentarlas al gusto.
Juan José Arreola, Palíndroma, 1971.

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ResponderEliminarArreola es un excelente escritor del siglo XX. No ve a los muchachos, ni a los mayorcitos, matándose en los gimnasios. Atención chicas: la receta es buena.
ResponderEliminarHola, Martín. A punto de meter la pata, iba a decirte que a TU relato le encontraba resabios de Cortázar (Historias de Cronopios y de Famas) así que me callaré para no ofender a la memoria de nadie. Por cierto que a mí Juan José Arreola me parece un genio. Leí por ahí un "Manual de Instrucciones para amar a una muñeca" que no tiene desperdicio.
ResponderEliminarUn abrazo y gracias por vuestro trabajo. Siempre visito este blog con mucho interés.
PABLO GONZ
Que bronca me da cuando un machista tiene razón...
ResponderEliminarEl relato es impecable.
No conocía nada del autor, pero la ironía fina es un toque único a la hora de escribir (es un condimento que hace que cualquier receta tenga éxito...)
Gracias, Martín.
beso enorme
SIL