Salvo ejercicios experimentales como los Cadáveres Exquisitos de los surrealistas, escribir es un ejercicio en solitario. Sí. Escribir es estar físicamente solo, pero nada más físicamente.
Cuando uno escribe, los fantasmas de todo lo que se ha escrito rondan por el cuarto y por la mente, como Daniel Sada apunta, «en la literatura no hay nada nuevo, salvo lo que se ha olvidado», y sí, aquel que se jacte de buen escritor debe saber olvidar para escribir.
Un conversación casual entre dos grandes ejemplifica el punto. Arreola alguna vez le comentó a Borges que en uno de sus libros había citado de memoria (y mal) a Kafka. Había puesto que «hay un pájaro que vuela en busca de su jaula», cuando la frase kafkiana tenía los sujetos volteados: «hay una jaula que anda buscando un pájaro». Arreola se sentía apenado contándole su anécdota al memorioso Borges, y éste sólo se limitó a decir: «la memoria deforma mejorando».
Pero está el otro lado de la moneda: citar deliberadamente. Vila-Matas hace alusión a esto en su libro Dietario Voluble (citando disimuladamente a Savater): «Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que le vienen a uno a la pluma cuando se empeña en esa vulgaridad suprema de “no deberle nada a nadie”. Y es que, en el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo. Los que citamos, dice Savater, asumimos en cambio sin ambages nuestro destino de príncipes que todo lo hemos aprendido en los libros».
Ergo, citar (queriendo o sin querer) es traicionar y alabar. Es apropiarse de lo que muchos otros ya han dicho por el simple hecho de que nacieron antes que uno. Ellos tuvieron el don de ser antes en el tiempo; nosotros, los de hoy, tenemos la obligación de que esas voces, las de antes, sean también las de hoy, aunque sean dichas con ese toque de modernidad que suele (como decimos acá en México) darle en la madre a todo.
Es por eso que yo, desde mi humilde sillón y mientras escribo estas letras, no puedo estar en desacuerdo con lo que dijo Borges, o Daniel Sada, o Vila-Matas, o Savater, o ¿acaso lo he dicho yo?
Cuando uno escribe, los fantasmas de todo lo que se ha escrito rondan por el cuarto y por la mente, como Daniel Sada apunta, «en la literatura no hay nada nuevo, salvo lo que se ha olvidado», y sí, aquel que se jacte de buen escritor debe saber olvidar para escribir.
Un conversación casual entre dos grandes ejemplifica el punto. Arreola alguna vez le comentó a Borges que en uno de sus libros había citado de memoria (y mal) a Kafka. Había puesto que «hay un pájaro que vuela en busca de su jaula», cuando la frase kafkiana tenía los sujetos volteados: «hay una jaula que anda buscando un pájaro». Arreola se sentía apenado contándole su anécdota al memorioso Borges, y éste sólo se limitó a decir: «la memoria deforma mejorando».
Pero está el otro lado de la moneda: citar deliberadamente. Vila-Matas hace alusión a esto en su libro Dietario Voluble (citando disimuladamente a Savater): «Citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que le vienen a uno a la pluma cuando se empeña en esa vulgaridad suprema de “no deberle nada a nadie”. Y es que, en el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo. Los que citamos, dice Savater, asumimos en cambio sin ambages nuestro destino de príncipes que todo lo hemos aprendido en los libros».
Ergo, citar (queriendo o sin querer) es traicionar y alabar. Es apropiarse de lo que muchos otros ya han dicho por el simple hecho de que nacieron antes que uno. Ellos tuvieron el don de ser antes en el tiempo; nosotros, los de hoy, tenemos la obligación de que esas voces, las de antes, sean también las de hoy, aunque sean dichas con ese toque de modernidad que suele (como decimos acá en México) darle en la madre a todo.
Es por eso que yo, desde mi humilde sillón y mientras escribo estas letras, no puedo estar en desacuerdo con lo que dijo Borges, o Daniel Sada, o Vila-Matas, o Savater, o ¿acaso lo he dicho yo?
¡Excelente entrada Luis! Te felicito. Todo ha sido dicho ya. Lo único que podemos hacer, unos mejor que otros, es recordarlo.
ResponderEliminar¡Saludos!
La cita es un homenaje, una reverencia que quien cita hace al escritor citado. Es reconocer su autoridad y grandeza.
ResponderEliminarY sí ...es de príncipes citar, privilegio de pocos: privilegio de lectores.
Gracias por la nota.
Totalmente de acuerdo, y vaya que sí le da en la madre a todo ese toque de modernidad, es más, quedaría mejor con el verbo más vulgar: se lo chinga todo. En fin, el escritor, para ser un buen escritor, debe saber y aceptar la realidad contradictoria de su quehacer.
ResponderEliminarMe gustaría tener la oportunidad de citar su texto. Gracias.
ResponderEliminarCarlos, con todo gusto... Un saludo a todos...
ResponderEliminar¡Escelente entrada!
ResponderEliminar"Las ideas importantes siempre se las arreglan para tener más de un solo portavoz".
Horst Matthai ;D