Comité Editorial

2 de septiembre de 2010

Breve entrevista a David Roas

David Roas (Barcelona, 1965) es profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona. Es autor del libro de microrrelatos Los dichos de un necio (1996; ed. digital ampliada 2010), la novela negra Celuloide sangriento (1996), el volumen de cuentos y microrrelatos Horrores cotidianos (2007) y el libro de crónicas humorísticas Meditaciones de un arponero (2008). Algunas de sus narraciones han sido recogidas en las antologías Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera (2005), Mutantes. Narrativa española de última generación (2007), Perturbaciones. Antología del relato fantástico español actual (2009) y Por favor, sea breve 2. Antología de microrrelatos (2009).

Especialista en literatura fantástica, Roas ha dedicado a este género diversas obras, entre las que cabe destacar los siguientes ensayos: Teorías de lo fantástico (2001), Hoffmann en España (2002), De la maravilla al horror. Los orígenes de lo fantástico en la cultura española (1750-1860) (2006) y La sombra del cuervo. Edgar Allan Poe y la literatura fantástica española del siglo XIX (2010).



Asimismo, ha publicado varias antologías dedicadas a la narrativa fantástica española de los siglos XIX y XX: El castillo del espectro. Antología de relatos fantásticos españoles del siglo XIX (2002); Cuentos fantásticos del siglo XIX (España e Hispanoamérica) (2003); y, en colaboración con Ana Casas, La realidad oculta. Cuentos fantásticos españoles del siglo XX (2008).



En septiembre publica dos nuevos libros: el volumen de cuentos y microrrelatos Distorsiones (en Páginas de Espuma) y Poéticas del microrrelato (en Arco/Libros).

Dentro de nada se publica tu libro Poéticas del microrrelato, una aproximación teórica al género. ¿Qué encontraremos en él?

Se trata de una selección de diferentes aportaciones teóricas sobre el microrrelato que han aparecido en los últimos años, tanto en lo que se refiere a su definición y caracterización (formal y temática) como a otras cuestiones de gran interés para la Teoría y la Historia Literaria. Para ello, he recopilado, junto a mi propia reflexión teórica sobre el microrrelato, voces y opiniones diversas, sin privilegiar ninguna de ellas, para, de ese modo, promover el debate en torno a dos cuestiones esenciales: la posible autonomía genérica del microrrelato, y su vinculación con las nuevas vías de expresión literaria de la Posmodernidad.

Existen muchas denominaciones para el género: microrrelato, minicuento, microficción, hiperbreve, microcuento... ¿Cuál de ellas prefieres?

Microrrelato, porque reúne las dos características básicas de este tipo de textos: hiperbrevedad + narratividad. También me parecen bien, por la misma razón, microcuento o minicuento... Aunque debería rechazarse microficción como sinónimo de microrrelato, puesto que es un término mucho más general, donde pueden encajarse otras formas hiperbreves no necesariamente narrativas (aforismos, prosas poéticas, etc.). Hiperbreve también me parece un término demasiado vago.

En Horrores cotidianos y en Distorsiones se combinan cuentos y microrrelatos. ¿Qué diferencias existen entre ambos géneros? ¿Qué te lleva a elegir uno u otro?

Para empezar, señalar que para mí cuento y microrrelato es lo mismo: no los considero géneros diferentes. Pese a la insistencia de algunos críticos (que, por ahora, afirman mucho pero no ofrecen ninguna explicación que sostenga su tesis), no hay rasgo alguno en el microrrelato, más allá de su hiperbrevedad, que lo diferencie del cuento. Todas las características –discursivas, formales, temáticas y pragmáticas- del cuento son las mismas que empleamos para construir microrrelatos. La diferencia es la enorme tensión exigida para que en una extensión hiperbreve, la historia funcione y se consiga el efecto buscado. Eso es lo que me lleva a escoger una forma u otra, cuento o microrrelato: hay veces que la historia a narrar exige una forma hiperbreve, porque no me interesa el desarrollo del conflicto, la construcción de los personajes o del espacio, sino el momento de clímax. En otras ocasiones, la historia que quiero contar necesita un desarrollo más amplio.

¿Existen fórmulas para escribir microrrelatos?

No. O al menos eso espero. Como tampoco hay fórmulas para escribir cuentos o novelas. Eso no quiere decir que no haya listillos que repitan estructuras hasta la saciedad (como también sucede en el cuento o en la novela).

Saliendo de nuestras fronteras lingüísticas y cruzando el ámbito hispánico, ¿qué puedes decirnos acerca de la microficción en otras lenguas?

Buena pregunta. La mayoría de estudiosos españoles e hispanoamericanos no suelen asomarse a lo que ocurre en otras lenguas, pensando que en el terruño está lo mejor, lo más auténtico. O, peor, pensando –erróneamente- que lo inventaron los autores en español. Para comprender bien la historia, evolución y las formas de construcción del microrrelato es necesario tener una punto de vista comparatista. Hay grandes autores en muchas otras lenguas, en las que también abunda el microrrelato. Cito unos pocos (todos ellos de los años 60 en adelante): en alemán, Thomas Bernhard; en polaco, Slawomir Mrozek; en francés, Jacques Sternberg y Régis Jaufrett; en catalán, Quim Monzó, Vicenç Pagès Jordá y Daniel Boada; en húngaro, István Örkény... Sin olvidar a los estadounidenses, mejor conocidos, y que no hace falta citar aquí.

¿Cómo nació tu interés por este género?

Vuelvo a insistir en que para mí no es un género (no es otra cosa que un cuento muy corto). Mi interés por el microrrelato (como creador, pues el interés científico llegaría mucho más tarde) surgió por casualidad, porque cuando empecé a escribir este tipo de narraciones no tenía clara conciencia de lo que hacía. Hacia 1990 empecé a escribir historias muy breves (recuerdo la fecha porque lo hacía mientras esperaba el tren para ir a la universidad) porque –simplemente- tales relatos exigían esa hiperbrevedad: no me interesaba desarrollar los hechos, sino centrarme en el momento climático de la historia de un personaje. Por esas fechas, sólo había leído los microrrelatos de Borges, Cortázar y Monterroso, pero no imité conscientemente autores o textos existentes. Simplemente tenía la necesidad de contar historias en un espacio brevísimo de texto y así surgieron mis primeros microrrelatos. Después conocí la obra hiperbreve de Merino, Luis Mateo Díez y otros grandes autores en español y en otras lenguas, y empecé a comprender mejor lo que yo estaba haciendo, insisto, por pura intuición.

La microficción se ha extendido vertiginosamente por internet. ¿Cómo crees que puede eso influir al género?

Como siempre ocurre con internet, dependerá de cómo y de quién lo haga. Hay mucha basura en la red, pero también grandes textos y estupendas webs y blogs donde publicar microrrelatos. Internet es un arma estupenda para la difusión. Además, la hiperbrevedad del microrrelato se adecua muy bien a las exigencias formales de la publicación en la red. Insisto, entre la basura brillan muchas cosas excelentes.

Un libro: Ficciones, de Borges; y si puedo añadir uno de microrrelatos, Ajuar funerario, de Fernando Iwasaki.

Una película: Apocalypse Now, de F.F. Coppola

Una canción: “Circle the Fringes”, de The Gutter Twins

Una comida: las nécoras

Una ciudad: Nueva York

Una frase: “Nuestra vida depende de cómo la distorsionamos” (Woody Allen, Deconstructing Harry)

Un equipo de fútbol: ninguno

Un deseo: tiempo

Un secreto: poco o nada puedo ocultar que merezca la pena contar, pues las ridiculeces de mi vida suelo contarlas sin ningún pudor: no he visto ET, tengo 45 años y sigo sin carné de conducir, no he pasado del primer tomo de En busca del tiempo perdido...


Locus amoenus, de David Roas

La tarde es deliciosa. Tras un largo día de calor, una leve brisa refresca el ambiente. Sentado en un banco del parque, disfruto a solas y en silencio de un momento casi perfecto.

El cuerpo de la niña se estrella a mi lado con su característico ruido de fruta madura. Miro hacia arriba. El segundo cuerpo –el de un niño esta vez- cae unos instantes más tarde, a pocos metros del banco. Después cae otro, y otro más. La tormenta ha empezado.

* Este microrrelato -gentileza del autor- se incluye en Distorsiones, Páginas de Espuma, Madrid, 2010.


6 comentarios:

  1. Pues me ha gustado mucho esta entrevista. El autor se expresa con suma claridad y estoy de acuerdo en bastabtes puntos.
    El micro me gusta, es una imagen brutal.

    R.A.

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  2. INteresante entrevista, y el microrrelato genial, me gusta ese toque de realismo mágico.

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  3. Suscribo lo dicho por los anteriores. Me gusta la idea de la no distinción genérica entre cuento y microrrelato (hay autores que tienen un prurito de clasificación que raya en lo maniático)sin duda su Poéticas del microrrelato_ será un texto sumamente interesante, habrá que leerlo.

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  4. Muy interesante esta entrevista: la sencilla idea de no distinguir entre microrrelato y cuento introduce oxígeno en la discusión, lo cual se agradece.
    El micro me gustó.
    Un fuerte abrazo, IM, y gracias por vuestro trabajo.
    PABLO GONZ

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  5. Excelente entrevista Víctor! Es un placer tener a David por aquí. Felicitaciones

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  6. Hola, también he de felicitar a Victor por su entrevista a David Roas a quien espero conocer en la feria del Libro de Valencia.
    Enhorabuena y me apunto para pasarme por aquí más a menudo.
    Un saludo.
    Ginés
    Agradeceré tu vista en mi blog: http://ginesvera.blogspot.com

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