«Me complace ver con los ojos y no con
las páginas leídas» – Alberto Caeiro.
las páginas leídas» – Alberto Caeiro.
Quién que pueda ver sólo con los ojos y no con las páginas leídas, ni con las canciones escuchadas, ni con las verdades dichas, ni con los pasos andados: sólo ver, como quien acepta lo que se le da y no lo cuestiona.
Pero pensar es tan atrayente. Uno piensa y cambia lo externo y lo vuelve propio y hace de si mismo un creador y todo adquiere sentido. Pero pensar el mundo es alejarse del mundo y acercarse a uno mismo. Pensar el mundo es dejar de estar en él, es abandonarlo en pos de una realidad que no existe.
Así, me declaro incapaz de ver lo que me rodea con mis ojos, porque mis ojos son los de otros, y los ojos de los otros están enfermos. Poseo la enfermedad de los hombres: la de vivir modificándolo todo, incluso el pasado, incluso el presente, incluso todos mis posibles futuros.
Al momento de escribir, el asunto es el mismo. Propongo el siguiente ejercicio: escribir desde uno mismo, y no desde las páginas leídas. ¡Imposible! Ha llegado un momento en la vida de la mayoría de nosotros en que no nos podemos desligar de lo que hemos visto y leído. Somos un refrito de lo que nos rodea.
Voy terminando esta reflexión y recuerdo otra frase de Caeiro: «No siempre logro sentir lo que sé que yo debo sentir / Mi pensamiento sólo muy despacio cruza el río a nado / porque le pesa la ropa que los hombres le hicieron usar».
Soy lo que leo, lo que escucho, lo que siento, y mis sentidos me reportan la realidad y mi mente la destruye. El mundo ya no es lo externo. El mundo soy yo.
Pero pensar es tan atrayente. Uno piensa y cambia lo externo y lo vuelve propio y hace de si mismo un creador y todo adquiere sentido. Pero pensar el mundo es alejarse del mundo y acercarse a uno mismo. Pensar el mundo es dejar de estar en él, es abandonarlo en pos de una realidad que no existe.
Así, me declaro incapaz de ver lo que me rodea con mis ojos, porque mis ojos son los de otros, y los ojos de los otros están enfermos. Poseo la enfermedad de los hombres: la de vivir modificándolo todo, incluso el pasado, incluso el presente, incluso todos mis posibles futuros.
Al momento de escribir, el asunto es el mismo. Propongo el siguiente ejercicio: escribir desde uno mismo, y no desde las páginas leídas. ¡Imposible! Ha llegado un momento en la vida de la mayoría de nosotros en que no nos podemos desligar de lo que hemos visto y leído. Somos un refrito de lo que nos rodea.
Voy terminando esta reflexión y recuerdo otra frase de Caeiro: «No siempre logro sentir lo que sé que yo debo sentir / Mi pensamiento sólo muy despacio cruza el río a nado / porque le pesa la ropa que los hombres le hicieron usar».
Soy lo que leo, lo que escucho, lo que siento, y mis sentidos me reportan la realidad y mi mente la destruye. El mundo ya no es lo externo. El mundo soy yo.
Totalmente de acuerdo.
ResponderEliminarUn poeta argentino: Hugo Camaño, escribió una poesía a la que puso por epígrafe unas plabras de Buda "Es hermoso contemplar todas las cosas/pero terrible ser una"
ResponderEliminarY así comienza: "Ser la barca,/el agua o el pez,/el cielo o la nube"
Quedar en lo que se mira, es condenarse a no salir de sí mismo.
Me encantó tu nota Luis.
Saludos cordiales.
Me gusta esta entrada filosófica Luis. Es la continuación del concepto "Ya todo fue escrito".
ResponderEliminarAdhiero.
Saludos!
Pero uno acaba pensándose a sí mismo también.
ResponderEliminarCrear cosas no es malo. Olvidar las cosas que nos crearon sí.
Y ahí vamos.
Excelente entrada!