Fernando Valls nació en Almería (España), el 6 de septiembre de 1954. Actualmente, vive de manera alternativa en Barcelona y Berlín. En relación al género ha publicado un libro titulado Soplando vidrio y otros estudios sobre el microrrelato español (Páginas de Espuma, Madrid, 2008); dos antologías (Ciempiés. Los microrrelatos de Quimera, Montesinos, Barcelona, 2005, con Neus Rotger; y Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos, Cuadernos del Vigía, Granada, 2010) y numerosos artículos y reseñas que compondrán un nuevo volumen sobre el microrrelato hispanoamericano y español. Es el creador del blog La Nave de los Locos, una bitácora pionera en el análisis y fomento del género brevísimo en la red.
IM: ¿Qué denominación prefieres para el género brevísimo y por qué?
FV: Siento tener que decir que la pregunta no me parece bien formulada del todo. A los textos narrativos brevísimos (alrededor de una página) que cuentan una historia, prefiero llamarlos microrrelatos. El término minificción me parece inoperante desde el momento en que los cultivadores y estudiosos de la poesía, género que debería ser el principal de la llamada minificción, por la importancia de su tradición y la calidad de sus textos, no lo utilizan. Y minicuento no me convence por su subsidiaridad del género cuento, que es otro, y porque, además, apela a la dimensión, que no es lo que caracteriza al microrrelato, sino la precisión e intensidad, de las que surge como una consecuencia la brevedad. Nunca he entendido por qué a los congresos internacionales se los denomina de minificción cuando la gran mayoría de las intervenciones se ocupan únicamente de los microrrelatos. Y tampoco entiendo por qué algunas antologías se titulan La minificción en… , cuando, en realidad sólo incluyen microrrelatos. ¿Por qué se llama este blog Internacional microcuentista, si se ocupa, básicamente del microrrelato?
IM: ¿Cómo y desde cuando nació tu pasión por el microrrelato?
FV: Desde luego, no nació leyendo a Borges, precisamente, sino tras la lectura de las antologías de Antonio Fernández Ferrer, La mano de la hormiga. Los cuentos más breves del mundo y de las literaturas hispánicas (1990), y Erna Brandenberger, Cuentos brevísimos (1994), así como de las obras de Augusto Monterroso. Y, después, de la lectura de los estudios de Francisca Noguerol e Irene Andres-Suárez. El primer trabajo que le dediqué al microrrelato fue la reseña que escribí a propósito de Los males menores (1993), de Luis Mateo Díez, obra maestra dentro del género.
IM: Como lector, ¿prefieres las antologías de microrrelatos o los libros de un solo autor?
FV: Pueden gustarme rubias, morenas y castañas, siempre que sean limpias, divertidas, inteligentes y bondadosas.
IM: Como antólogo ¿qué elementos consideras que debe tener un microrrelato para ser eficaz?
FV: Quizá pueda deducirse de esta definición del género: “El microrrelato es un texto narrativo brevísimo, arte de precisión y síntesis en el que reina la elipsis, que relata una historia que sólo puede desarrollarse en esa mínima dimensión y con esas características, y que partiendo de lo general intenta alcanzar lo real, lo verdadero”.
IM: ¿Por qué crees que se ha producido el auge reciente de la microficción?
FV: No observo ningún auge de la microficción, sino sólo del microrrelato, y quizá sea producto de la insatisfacción que le producen al escritor las a veces excesivas dimensiones del cuento o la ausencia de narratividad en el poema en prosa. Pero, sobre todo, el descubrimiento de que hay historias que sólo pueden contarse en esa precisa y sintética distancia. También ha contribuido a su auge el que numerosos escritores jóvenes, de ambas orillas del Atlántico, se estén iniciando en la ficción utilizando el microrrelato. Y, claro, el desentrañamiento de su historia, el establecimiento de un canon, así como los estudios rigurosos de David Lagmanovich, Juan Armando Epple, Irene Andres-Suárez, Francisca Noguerol, Lauro Zavala, Graciela Tomassini, Stella Maris Colombo, Domingo Ródenas de Moya, Teresa Gómez Trueba, Javier Perucho, Laura Pollastri, Gabriela Espinosa y el resto del equipo de investigadoras de Neuquén.
IM: Además de la literatura, ¿qué otras cosas te apasionan?
FV: El teatro, el arte, el cine, la ópera, conocer mejor las ciudades a las que viajo, su historia y sus costumbres.
Un cuento: Me decanto por un libro de cuentos reciente, La vida ausente (Páginas de Espuma, Madrid, 2006), de Ángel Zapata.
Una película: Casi todas las de Woody Allen, y por citar una reciente, La cinta blanca, de Michael Haneke.
Una canción: Voy a citar tres: el “Lamento de Dido”, de la ópera Dido y Eneas, de Purcell; el tango “Cambalache”, de Discépolo, evitando siempre la versión de Julio Iglesias, que debería convertirse en el himno de la posmodernidad, y la “Balada para un loco”, de Piazzola y Horacio Ferrer, cantada por Roberto Goyeneche.
Una ciudad: Para los veranos, Berlín; durante los inviernos, Almería; en primavera y otoño, Barcelona; pero para pasar unos días paseando y comiendo, visitando exposiciones y asistiendo a obras de teatro, Madrid.
Una frase: “No se trata de que la obra sea breve o larga. No importa escribir poco o mucho. Importa tener la gracia o el don de la abundancia justa”, del poeta José Ángel Valente.
Un equipo de fútbol: El Barcelona, cuando sólo es un club de fútbol.
Un deseo: Gozar de silencio y tranquilidad para poder trabajar.
Un secreto: En realidad soy la reencarnación de Uma Thurman, en su faceta profesoral.
Foto tomada en la Isla de los Pavos Reales, de Berlín, por Gemma Pellicer.
Foto tomada en la Isla de los Pavos Reales, de Berlín, por Gemma Pellicer.

Muy buena la entrevista.
ResponderEliminarMe quedo con dos de los gustos de Fernando que también son míos:
Los males menores (1993), de Luis Mateo Díez
“Balada para un loco”, de Piazzola y Horacio Ferrer, cantada por Roberto Goyeneche.
Dos verdaderas maravillas.
Un abrazo.
Excelente!
ResponderEliminarMuchas felicitaciones.
Me ha gustado mucho de esta entrevista el comprobar que el humor que se adivina en algunas entradas de La nave de los Locos aquí se muestra claramente.
ResponderEliminarY también la opinión respecto a tanta terminología con la que se etiqueta a la criatura y que a veces confunde (a mí al menos).
Lo de Uma Thurman profesoral me ha encantado.
Un saludo
La primera respuesta, en lo referente a poesía y minificción, no la entendí.
ResponderEliminarSaludos.
Chicos, nos tocará cambiar el nombre....
ResponderEliminarQuedó bien clarito cuál es su nomenclatura preferida, eso sí. Seguro que conocen de sobra a Fernando Valls, pero en caso contrario, suban a su nave antes de que zarpe. No se arrepentirán.
ResponderEliminarMe parece que esa cantidad de denominaciones es justamente lo que hace de estos textos breves, como dice Violeta Rojo, unos des-generados.
ResponderEliminarA propósito , no entiendo por qué Fernando Valls ignora el aporte valioso de Violeta Rojo.
Nana Rodríguez
Lo primero no se entiende, es caprichoso. Por qué rechaza de un plumazo microcuento y microficción diciendo que excluye a los poetas, pero acepta microrrelato. Los poetas hacen relatos pero no cuentos? Eso quiere decir? Mmmmmmmmmmmmm
ResponderEliminarCreo que microficción puede ser cualquier argumento de ficción breve, como un cortometraje, pero mcrorrelato es sólo Literatura, Quizás por ahí van los tiros, aunque no soy un experto en nomenclaturas.
ResponderEliminarLo único claro de todas estas entrevistas es que nunca se pondrán de acuerdo en cuanto a nomenclatura, y que esto no importa para que se siga escribiendo.
ResponderEliminarDesde luego Jose Manuel tiene razón, nosotros a escribir, las definiciones son cosa de otros.
ResponderEliminarNana, la novela, el teatro, el ensayo y la poesía son géneros no menos híbridos que el microrrelato y sólo tienen un nombre, con el que los identifica todo el mundo. Eso es lo que me gustaría a mí también para el microrrelato (nombre que, desde luego, no he inventado yo), para que en el futuro acabara desempeñando un papel semejante al que ocupan esos otros géneros en el interés tanto de los escritores como el de los lectores, así como en la historia literaria, cosa que hoy no ocurre, debido a la confusión que hemos creado los que nos interesamos por él.
ResponderEliminarPero, ojo, eso no quiere decir que no respete y aprecie los trabajamos de lo que, por ejemplo, Lauro Zavala llama minificción. Su conferencia en el congreso de Bogotá, sobre esta temática, me pareció una de las más amenas y mejores. En cambio, estoy en contra de mezclarlo todo, ficción y no ficción, y de multiplicar caprichosamente la nomenclatura. Bueno prueba de la confusión que existe son algunas de las apreciaciones que ha generado esta entrada. Gracias a todos por vuestros comentarios y saludos cordiales.
hey sí, yo quisiera leer más sobre esa diferenciación que él hace en la primera pregunta. ¿Ustedes saben dónde podría?
ResponderEliminarJuan, en el libro del argentino David Lagmanovich, `El microrrelato. Teoría e historia´ (Editorial Menoscuarto, se explican muy bien estas cuestiones.
ResponderEliminarYo me quedo con 'La cinta blanca' y con el sombrero panamá. Me hace pensar eso de partir de lo general para llegar a lo verdadero. También me cohíbe. Se suele decir que hay que partir de lo singular para expresar lo general. En este caso, el microrrelato daría un paso más.
ResponderEliminarFernando, muchas gracias, empieza mi cacería de ese libro. Gracias también por su entrevista.
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