El coche es robado. La identidad, falsa. La mansión de ensueño resulta pertenecer a otra persona. Hasta su aspecto físico —una vez la policía desbarata peluca, bigote, alzas, relleno y maquillaje— es un fiasco.
Aún así no puede dejar de pensar que era el hombre de su vida.
Fernando Remitente, Teoría del Mínimo Relato.
ja, ja. Una vez seducida...
ResponderEliminarUn abrazo.
Buen interbreve Fernando.
ResponderEliminarHehe. Excelente juego de palabras al final.
ResponderEliminar¡Saludos!