La conocí hace unos días, en el parque. Se sentó a mi lado y sacó del bolsillo del abrigo un par de interrogantes, con los que rompimos sin dificultad el hielo. Sin embargo, no pudimos charlar casi nada porque tras esas dos preguntas se marchó a toda prisa, dejando olvidados en el banco de madera tres puntos suspensivos, que me confirmaron que la cosa no debía acabar ahí, y un papelito con una dirección y una hora. A la mañana siguiente, ansioso, acudí puntual a la cita y la encontré de nuevo con un bolso lleno de interrogantes con los que reanudamos la conversación del día anterior, pero también unas cuantas comillas, que utilizó para citar de memoria a mis autores predilectos, y unos guiones largos que colocaba con habilidad para intercalar graciosos comentarios en la conversación. Durante la tarde me mostró rincones de la ciudad que no conocía y en diversas ocasiones tuvo que sacar del bolso unos paréntesis para aclararme detalles que no llegaba a comprender. Como en la ocasión anterior, se esfumó sin decir nada cuando, tras alcanzarme un punto y coma que aseguraba la continuidad de nuestra historia, el bolso quedó vacío. Ayer por la tarde, después de dos días sin vernos, apareció en mi casa sin avisar con una mochila repleta de signos de puntuación. Sin embargo, pronto se terminaron los interrogantes y los paréntesis, y entonces nos quedamos mirando, durante unos segundos, en silencio. Todo estaba dicho.
Esta mañana me he despertado en mi cama, solo, con los primeros rayos de sol. El suelo del dormitorio estaba salpicado de exclamaciones de diversos colores con las que enmarcamos interjecciones y jadeos durante toda la noche. Ha sido inútil llamarla, porque ya se había marchado de mi apartamento. De camino al baño, he encontrado un punto. Sin embargo, y pese a que llevo horas buscando, no encuentro los otros dos que faltan. Empiezo a sospechar que esto es el final.
Víctor Lorenzo Cinca, Grageas 2, Desde la Gente, 2010. (Realidades para lelos).

Don Víctor Lorenzo en estado puro. Conocía el micro pero lo he vuelto a devorar con el mismo entusiasmo. La idea está perfectamente ejecutada de principio a fin. Todo cuadra. Un puzzle perfecto. Lo que más me gusta es la ironía que se desliza sutil desde la primera hasta la última palabra. Un micro de mesita de noche.
ResponderEliminarMicro buenísimo, de los que nos tiene acostumbrados a mostrar Víctor.
ResponderEliminarUn saludo indio
Muy bueno. Jamás me termino de asombrar de cuantas maneras se puede expresar el encuentro con la muerte. Porque solo hay una y solo una circunstancia que pone un punto final, para el resto están las demás puntuaciones.
ResponderEliminarAbrazo
Tsss. Está buenísimo.
ResponderEliminarMe dejó así: ¡!
Desamor contado mediante reglas ortográficas.
ResponderEliminarOriginal y muy bien narrado.
Saludo
Muy bueno!!!
ResponderEliminarOriginal.
Me encantó como logra relacionar los "problemas de puntuación" con los problemas de amor.
ResponderEliminarOriginal y muy expresivo.