Empuña
un carrito de plástico mientras emula el ruido de un motor; las rodillas del
pijama se le manchan siguiendo los bordes de crayón amarillo de la
carretera, hasta que su madre, enfundada en mandil y olorosa a sopa, aparece a
sus espaldas, ordenando:
—¡Deja
de jugar con tu carrito y vete a dormir!
Este fue el breve sueño que tuvo Joaquín
cuando, víctima del cansancio, cerró los ojos en la autopista. Ni él ni el niño
los volvieron a abrir.
Édgar Omar Avilés, No respiramos: Inflamos
fantasmas, Posdata Editores, 2013.

Me pareció de lo más original y bien escrito. ¡Bien, por "Cruces en el camino"!
ResponderEliminarAlejandro Franco