En el primer partido de la eliminatoria, Honduras derrotó en campo propio 1-0 a El Salvador.
En El Salvador, la tierra se repartía en muy pocas manos. Los campesinos traspasaban la frontera y se instalaban en Honduras. El parlamento de este país aprobó una ley que expulsaría a los foráneos. Los terratenientes salvadoreños no estaban dispuestos a ceder ni un milímetro de tierra.
En el segundo partido, El Salvador derrotó en campo propio 3-0 a Honduras.
La prensa salvadoreña, en manos de los propietarios de la tierra, había azuzado el odio entre los dos países. Los jugadores de Honduras tuvieron que ser escoltados hasta la frontera, tras ser acosados y atacados por hinchas furiosos durante toda su estancia en el país. En Honduras, se respondió atacando a los salvadoreños y a sus comercios.
En el tercer partido, celebrado en Méjico, la selección de El Salvador derrotó por 3-2 a la de Honduras.
La victoria, sin embargo, no sirvió para apaciguar a los terratenientes. El ejército de El Salvador traspasó la frontera de Honduras el 14 de Julio de 1969.
La guerra no alcanzó a durar 100 horas pero dejó más de 6000 muertos. Un periodista la bautizó como Guerra del Fútbol. El nombre hizo fortuna pero, tal vez, su origen estaba más en el sustrato del césped que en el juego que se desarrollaba sobre él.
El fútbol no lo es todo. Existen, por ejemplo, microrrelatos como los de Eduardo Galeano y Gabriel Bevilaqua que aparecerán en la Internacional Microcuentista durante esta semana. O los que contiene el libro El viento en tu cara, de Félix Terrones. Y como los que nos harán imaginar los aforismos que Max Aub ideó en su laberinto.
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