¿Cómo, cuándo y dónde
escribo?
No creo en la inspiración.
Parto de ideas, de imágenes, recuerdos, de lo que leo, escucho o veo.
No recurro a temas que
desconozco pero investigo sobre aquello que escribo.
Nunca parto de cero, por
más pequeños que sean los textos los desarrollo de principio a fin.
Cuando escribo algo, lo
leo, releo y reescribo. Si no me gusta, lo tiro.
Cuando algo llega a
agradarme y considero que cumple con los requisitos que la literatura exige, no
vuelvo a revisarlo porque sé que se volvería el cuento de nunca acabar. Aunque
algunas veces he llegado a reescribir lo que alguna vez publiqué.
Escribo en cualquier
momento, no importa si es de día o de noche, tampoco si hay ruido o silencio,
nada lo descarto al crear porque todo es un disparador de ideas: la
tranquilidad, la estridencia, una noticia, un rumor, un descubrimiento, un
invento, cerrar los ojos o mirarme al espejo.
Puedo escribir en cualquier
lugar aunque en el auto llevo una grabadora y una libreta del tamaño de la
palma de mi mano. Cuando no tengo eso a mi alcance, escribo al calce de un
periódico o de una revista, en servilletas o a veces me lo reenvío como mensaje
de texto a través de mi celular.
No necesito un escritorio.
No tengo rincón favorito. Algunas veces escribo cuando como, sobre la cama, en
la sala, algunas ocasiones lo he hecho en el baño, en el cine o al reverso de
la lista de compras cuando voy al supermercado.
Hay temporadas que escribo
diariamente aunque poco es lo que finalmente queda. Otras veces, dejo pasar
tiempo y es cuando me dedico a otras disciplinas como la fotografía, la música
o los cortometrajes. Aunque debo decir que la escritura sigue ahí, presente, al
desarrollar la idea de un proyecto audiovisual, al escribir un guión de
cortometraje y al componer una canción.
Marcos Rodríguez Leija desarrolla
su trabajo en el periodismo, la literatura, las artes visuales y la música.
Forma parte del Diccionario de Escritores Mexicanos del Siglo XX, publicado por
el Instituto de Investigaciones Filológicas y el Centro de Estudios Literarios
de la UNAM. Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo e
Información 2000-2001 en crónica en medios impresos y recibió el grado
honorífico Embajador Universal de la Cultura por el Gobierno de Bolivia en
2012. Recientemente obtuvo el primer premio de poesía “Juan B Tijerina” 2014. Es autor de Minificciones (minificciones, 2002, IMC); Pandemónium (cuento
breve, 2001, CNCA, ITCA) y Souvenires (minificciones, 2011,
CNCA, ITCA). Su trabajo literario es utilizado por el Centro de
Estudios de Español para Extranjeros (CEPE-UNAM) y ha sido traducido al inglés,
francés, italiano, portugués y alemán.
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