Comité Editorial

16 de septiembre de 2014

Átomo narrativo: Microensayo

Por: Humberto Jarrín

Ese gran legislador que fue el inglés Sir Isaac Newton promulgó en cierta ocasión una ley en estos términos:

             La variación del movimiento es proporcional a la fuerza motriz aplicada y tiene lugar en la dirección de la recta sobre la cual se aplica dicha fuerza.

            Una traducción a la terminología actual hará que la ley adquiera esta sintaxis:

            La derivada de la cantidad de movimiento es proporcional a la fuerza resultante y tiene la misma dirección que esta fuerza.

        Lo anterior en otras palabras, o mejor, sin palabras, significa:

Para un cuerpo dado, invariablemente, la relación F/a es una constante.
             Ahora bien, si aplicásemos esta ley a la narrativa con el ánimo de dirimir (y si no se logra al menos servirá para divertirnos con especulaciones posibles, mundos imaginarios, pues como dicen que dijo J. J. Barrientos, en la posmodernidad lo importante no es que algo sea cierto, sino demostrarlo), dirimir o recalcar mucho más un aspecto de la disputa sobre aquello que diferencia la novela y el cuento, encontraremos que la F, o sea, la contundencia o fuerza con que opera en el lector el universo que han construido una y otro (novela y cuento, se entiende), depende también de las variables y constantes parecidas.
             Así, en la novela, dado que el cambio de su velocidad o aceleración, a, es pequeña o lenta, su F depende de m (y recordemos que masa es la cantidad de materia de un cuerpo, que en el texto narrativo podría ser, entonces, la cantidad de secuencias o sucesos, extensos en la novela).
              A diferencia de ello, en el cuento, debido a que su m es considerablemente reducida, su F se deriva del valor de a, es decir, de lo vertiginosos que suelen ser los hechos.

Corolario: 
En realidad todo lo anterior nos interesa más para hablar del microcuento, en el cual es obvio que m se
reduce ostensiblemente, m es en el microcuento prácticamente un átomo narrativo, y la cantidad de movimiento con que el universo implicado debe transcurrir se deriva en una altísima a.
Podemos apreciar, entonces, que la cantidad de movimiento en el microcuento es una magnitud mucho más fundamental que la m misma.
              Esto nos induce a concluir que la novela y el cuento tradicionales son newtonianos, en tanto que el microcuento, con su rapidez de física cuántica, es esencialmente einsteiniano, lo que explica su relatividad genérica, y de paso, estamos tentados a afirmar que en él se verifica el Principio de incertidumbre, pues ante un microcuento ¿quién puede decir a ciencia cierta si se trata de un cuento, o de un poema, o de un aforismo o quizá de un chiste?

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Humberto Jarrín nació en Cali, Colombia, en 1957. Ha realizado estudios en Física, Ingeniería y Filosofía y letras. Su obra literaria ha sido reconocida en diferentes certámenes a nivel nacional en dos géneros especialmente, poesía y cuento. Ha escrito los libros de poesía Herramienta de trabajo (1982), Líneas de Alfanje (1988), Oniria o el continente de los sueños (1991), De otras vidas/Humano (1994), La Piedra Iluminada (1995) y Elementos (1996); de cuentos Historias para estrenar (2000), Todo el mundo tiene su fábula (2002), Péndulo de sangre (2004) y Non Plus Ultra (2004). La obra de Humberto Jarrín ha sido seleccionada para componer antologías de cuento y poesía vallecaucanas y colombianas. 

Lea aquí la entrevista realizada a Humberto Jarrín en el 2010. 

2 comentarios:

  1. Encantada de leer este microensayo cuya fuerza de originalidad es contundente.
    Gracias, IM!
    Gracias y saludos

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  2. Otra analogia mejor empleada para definir al microrelato sería imposible.
    Este micro- ensayo me invita a conocer más de Humberto Jarrín.
    Gracias IM

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