Comité Editorial

19 de septiembre de 2014

"Glóbulos versos", de Raúl Ariza



Al leer Glóbulos versos, el libro que cierra la trilogía elefantiástica tras Elefantiasis y La suave piel de la anaconda, uno se da cuenta de inmediato del salto cualitativo en la escritura de Raúl Ariza. No es que los dos anteriores fueran libros flojos o poco trabajados, ni mucho menos; lo que ocurre es que este último muestra mayor madurez en la escritura, mayor dominio, fruto evidente del esfuerzo y la ambición de un autor poco conformista.

Los breves relatos que encontramos en este Glóbulos versos (Raúl Ariza prefiere no denominarlos microrrelatos) siguen con la temática de los dos libros anteriores, la soledad y la incomunicación humana, y se dividen en dos grandes bloques temáticos: el primero centrado en la muerte (más social que física, como advierte el propio autor en la entrevista que nos concedió la pasada semana) y el segundo en el amor. Dos temas, que vistos bajo la mirada lúcida y escudriñadora de Raúl Ariza, bien pueden ser las dos caras de la misma moneda, o uno la antesala del otro. 

Raúl Ariza tiene una mirada propia. Profunda. Escudriña la realidad para extraer la esencia, el suceso o la historia que, a ojos de la mayoría, pasa desapercibido y permanece oculto. No busca lo maravilloso o lo fantástico; busca lo oculto, lo latente. Raúl nos mete en el cuento, nos hace pasear por él, nos muestra ese detalle casi invisible, para que al final ese cuento se meta en nosotros, pasee en nosotros y nos retuerza, nos sacuda y nos agite. ¿Cómo? A base de ternura, de lirismo, de crudeza, de sentimiento, de emoción. Del mismo modo en que Baudelaire fue capaz de extraer belleza a partir de una carroña animal, Raúl Ariza localiza las miserias humanas y las convierte en unas piezas narrativas cargadas de lirismo, de vida y de verdad. 
El cuento, la historia, está en todas partes: sólo hay que saber trillar la paja de la realidad para quedarnos con el grano. Raúl Ariza, en Glóbulos versos, elije un detalle, lo aísla y nos lo muestra desnudo, sin artificios, sin sorpresas, con toda su crudeza, utilizando un lenguaje exacto, sencillo y preciso. Es más la mirada que el suceso; es más el ojo que mira que el objeto observado. Y eso no es nada fácil.

Una de las peculiaridades de este libro es que cada relato está acompañado por un pequeño poema, unos versos que en ocasiones sintetizan el relato y en otras le dan otra perspectiva, otro prisma, pero que en cualquier caso sirven para, entre otras cosas, comprobar que la ficción breve y la poesía no distan tanto una de la otra. Además, estas breves composiciones poéticas pretenden -y consiguen- que el lector realice una pausa -necesaria- en la lectura, que saboree el relato y que no se empache sin haberlos digerido como es debido.

Glóbulos versos es, por ahora, el mejor libro de Raúl Ariza. Y remarco lo de “por ahora”. Porque muy posiblemente, viendo su evolución, el mejor Ariza esté todavía por venir.



Raúl Ariza: Glóbulos versos. Talentura libros, Madrid, 2014.

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