Comité Editorial

4 de septiembre de 2014

Libertad.


       Esa tarde, al salir de la oficina, Ramiro se encontraba más abatido y tenso que de costumbre, así que decidió volver a casa dando un paseo, callejeando despacio por el barrio viejo de la ciudad. Mientras arrastraba con desgana los pies pensaba en todas esas ilusiones aplacadas con los años, en aquellos anhelos antiguos que las rutinas se habían encargado de domesticar. Como su loca obsesión por volar como los pájaros. Por eso, cuando pasó delante del taller de tatuajes y vio unas extrañas alas tribales que parecían llamarlo desde el escaparate, no dudó en tatuárselas en la espalda, albergando el sueño de que en algún momento se desplegaran.  Y así sucedió. Esa misma noche la tinta negra comenzó a emerger de la piel tirante e hinchada hasta cobrar volumen, mientras su dorso crujía y sus omóplatos se crispaban en bruscos espasmos. Debatiéndose entre el dolor y el éxtasis corrió hasta la hondonada para abrir sus brazos al cielo. Entonces, en un último impulso, las alas se desprendieron del cuerpo en el que estaban atrapadas y salieron volando.

Sara Lew, Microrrelatos Ilustrados, 2013.

2 comentarios:

  1. Me encanta, Sara.
    Un placer leerte por acá.
    Cariños!

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  2. Aunque parezca raro, lo que tienen que hacer las alas es volar en libertad. Me ha encantado la imagen, Sara.

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