Comité Editorial

14 de septiembre de 2014

Semana del 15 al 21 de Septiembre de 2014.

El jefe de los húsares admite parte de culpa. Cierto que, en su misión de avanzadilla, topan con una tribu de gitanos en lugar de con el enemigo turco. Cierto también que los gitanos llevan aguardiente. Cierto que en pocos minutos están borrachos.

No es menos verdad que cuando aparece la infantería se niegan a darles un solo barril. Que se atrincheran tras ellos dispuestos a defenderlos con sus vidas. Pero de lo que ocurre a partir de ahí no tienen culpa. Un loco dispara al aire. Todos creen que el disparo proviene de los turcos y corren despavoridos.

Lo que no se puede, en humilde opinión del jefe de los húsares, es ir a la guerra con un ejército de croatas, italianos, rumanos y húngaros como pretende Austria. Un ejército cuyos soldados no se entienden entre sí, ni entienden a los generales austriacos que les mandan.

Por eso cuando los oficiales gritan ¡Hailt!, que ahora sabe que es ¡Alto! en alemán, ellos creen que gritan ¡Alá! y se lanzan contra ellos. El resto de la caballería observa la escena de lejos, cree que atacan los turcos, e irrumpe en el campo de batalla sable en mano.

El jefe de húsares admite que la batalla de Karansebes del 17 de septiembre de 1788 será recordada como una de las batallas más estúpidas de la historia. Excepto por los nueve mil cadáveres que quedaron desparramados en el terreno. Sólo quiere dejar claro que la culpa no fue de los húsares. Al menos, no toda.

Pequeñas historias al pie del avance de los grandes imperios, como las de Eduardo Berti. O las que aparecen en Glóbulos Versos, de Raúl Ariza, libro del que hablaremos esta semana. Y como las que escribe nuestro entrevistado, Pedro Sánchez Negreira.

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