El 23 de septiembre de 1943 Mussolini fue investido jefe del estado de la nueva República Social de Italia. No le hace demasiada ilusión.
No hace una semana que ha sido liberado de la prisión donde le encerraron sus antiguos camaradas y el traidor del rey. Los mismos que firmaron un armisticio con esos aliados que toman posiciones al sur del país.
Por él pueden irse todos al infierno
.
Pero Hitler lo libera. Y Hitler quiere que gobierne sobre el territorio italiano que controlan sus tropas. A ver quién le dice que no.
En el escaso año y medio que dura el invento, Mussolini promulga las leyes de reparto de riqueza y propiedad más avanzadas que ha conocido la tierra. Medidas que no pone en práctica porque el suyo es un estado títere controlado por los nazis y acosado en todos los kilómetros cuadrados de su extensión por los partisanos.
Lo más que puede es juzgar y condenar a sus antiguos camaradas del Gran Consejo Fascista, antes de que los partisanos lo fusilen y lo cuelguen de un gancho de carne.
Pero, en honor a la verdad, hay que decir que no le hace ninguna ilusión.
La República Social de Italia, al menos fue modélica en su breve duración. Como los son los cuentos de Agustín Martínez Valderrama y los contenidos en La vida imposible de Eduardo Berti. Igual que los cuentos que atienden al Décalogo del escritor súbito de Mónica Lavín. O los que escribe Pablo Nicoli Segura, que responderá a las preguntas de La Internacional Microcuentista.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios anónimos serán eliminados. Gracias por su comprensión.