Comité Editorial

14 de mayo de 2015

Calendario Microcuentista 2016 - Concurso del mes de Mayo

    Continuando con nuestro proyecto “CALENDARIO MICROCUENTISTA 2016”, les proponemos la siguiente imagen como disparador al concurso de microficciones del mes de Mayo.
 


     Recibiremos en el cuadro de comentarios de aquí abajo, hasta el 30 de mayo de 2015, las microficciones de todos los interesados en participar. Los textos recibidos deberán cumplir con las siguientes Bases y Condiciones: 

1. Podrán participar personas de cualquier nacionalidad mayores de 18 años. 
2. El tema del concurso será libre, aunque debe estar relacionado de alguna manera con la imagen propuesta. 
3. La microficción deberá estar escrita en castellano y ser inédita: no puede haber sido publicada con anterioridad en ningún espacio físico (libros, revistas, prensa, etc.) ni virtual (blogs, revistas digitales, portales web, etc.). Tampoco podrá estar participando en otro concurso ni esperando fallo de un concurso de la actualidad. 
4. El texto no podrá superar las cien (100) palabras. Cada concursante podrá enviar hasta tres (3) microficciones en cada concurso mensual. 
5. Las microficciones deberán ser publicadas dentro del espacio previsto para "Comentarios" al pie de la entrada en la que se publica cada foto.
6. La fecha límite de recepción de microficciones será el último día de cada mes.
7. Vencido el plazo, un jurado invitado elegirá cada mes al texto ganador y dos menciones especiales. Los tres textos seleccionados serán publicados en la Internacional Microcuentista. Los resultados se darán a conocer en el transcurso del mes siguiente.
8. A fin del 2015, la Internacional Microcuentista elaborará un calendario digital, de distribución gratuita, que contendrá las doce imágenes con los doce textos ganadores. También podrá imprimirse en papel.
9. El envío de trabajos implica la aceptación total de estas bases y la eventual inclusión de su microrrelato en el "Calendario Microcuentista 2016". 
10. Las microficciones que no cumplan con estas Bases no serán tenidas en cuenta para el concurso.

La imagen correspondiente al mes de mayo de 2015 corresponde al fotógrafo Christian Pereira Rogel.


Los invitamos a participar dejando sus textos como comentario.¡Anímense!

107 comentarios:

  1. BAILARINA DE TANGOS

    “De satén y color negro, la pollera”…

    Aún funcionaba el viejo tocadiscos, aunque su runrún arando los surcos reivindicaba una época de tiempos mejores. Antonio recorrió la habitación con la mirada; no podía continuar ocultándose indefinidamente. Los recuerdos se atropellaban en su memoria y se mezclaban con sentimientos de amor, celos y arrepentimiento.

    “Yo la quería”, masculló. Tumbó el portarretratos y descolgó el teléfono.

    –¿Policía? Quiero denunciar un asesinato. Ocurrió hace veinte años… Sí, su cuerpo está en un canal subterráneo, bajo el palacio… ¿Que cómo lo sé?

    Colgó. El gran bailarín finalizó su milonga.

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  2. IRREPARABLE

    Nunca la creí capaz de poner sus pies en mi taller, pero con la excusa de una gotera, de una cosa nos fuimos a otra y como lo nuestro, tarde o temprano tenía que suceder de manera contundente e irremediable, nos dejamos arrastrar por la succión de los desagües, introduciéndonos por laberínticas tuberías, sumergiéndonos en tibias humedades rodeados de grifos y herramientas como si de reparar la inundación de un palacio presidencial se tratara, con urgencia.
    Fue al salir de aquella vorágine que supe que su gotera era irreparable, que no era necesario un profesional para su problema.

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  3. BOMBA DE ASPIRACIÓN

    Salí del taller del atractivo fontanero, llena, como su mesa de grifos y su tubería insinuante.
    Llegado el día, inicié con mi marido, como todos los sábados, la comedia de nuestro baño de espuma y sales perfumadas.
    A la hora prevista quité el tapón y empezó a mover los brazos como un poseso mientras se precipitaba girando hacía el sumidero. Desapareció por el desagüe de la bañera, aspirado por aquel despiadado tobogán, que lo engulló hasta el pozo negro. Negro, como el teléfono de mi deseo, desde dónde imaginé me llamaría, el eficiente instalador.

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  4. "SABIDURÍA INFIEL"
    Quienes visitan la muestra de arte contemporáneo -me dijo una vez Discepolín-, no advierten que debajo de ese desorden aparente hay un orden inmaterial al que yo llamo la sabiduría infiel: es un rinconcito donde la biblia llora la muerte del calefón.

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  5. Llamada

    Lo único que puede hacer es esperar su llamada. El tiempo atraviesa su pecho como aquel cuchillo que le clavaron en el 56. Firme, potente y asesino. Intentaron acabar con él, pero no es tan sencillo. Las fotos del escritorio muestran un matrimonio falso, ponzoñoso y dañino. Él solo puede pensar en poner una fotografía junto a James. Una de tantas. De sus viajes furtivos, de sus escapadas románticas. Una fotografía que revele un amor de verdad, la felicidad, la pura vida. El teléfono suena, al otro lado, un grito, sordo y ensombrecedor, hace que su pecho llore sangre, por esa herida que creía olvidada desde tantos años. James se encuentra muerto al otro lado del auricular.

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  8. PALACIO BAROLO

    Quise probar el viejo Jägermeister que dormía sobre la mesa, 30 años de sueño, pues 30 años hube tardado en encontrar aquel pequeño, desordenado y sucio trastero repleto de diversos objetos de la época: lámparas, teléfonos, fotos y demás cachivaches que durante años amontonó mi padre, fotógrafo profesional, como quien colecciona piezas para encajar un rompecabezas. No sé qué me produjo mayor perturbación, si aquel trago infame o la certeza de que el asesino bailaba frente a mí, siendo esta la única prueba fotográfica de mi madre y su prófugo asesino el día en que la mataron.

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  9. BIOGRAFÍA DE LA VIDA MUERTA

    La excesiva contaminación global y el imparable cambio climático que venía azotando desde hacía años, le habían transformado en un ser invisible e imposible de ser advertido por el resto: los bucles dorados de su cabello ya no despertaban las atenciones curiosas o lascivas, su voz y su palabra impertinente se habían vuelto ecos sordos para aquella multitud que solía atraer a diario fácilmente. Sólo se alimentaba de sí misma, recrudeciéndose en su autofagia, quedando un esquelético chillido. En su último día sólo le miraban los objetos. La utilidad de lo inerte era todo lo que le quedaba por aprovechar.

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  10. EL VIAJE RETORNADO

    Año 2015. Planeta Tierra. Los altos mandos escogieron al individuo con menor sociabilidad. Su viaje sería secreto, sólo compartido con compañeros. Durante la expedición, que duraría alrededor de 10 años dentro de aquella nave, rastreaba la única posibilidad para la supervivencia de su especie: encontrar un planeta huésped. Al fin, divisó un inmenso globo, más vasto cuanto más se acercaba a él, de caprichosas formas y colores, y al tomar tierra en el nuevo hogar, se adentró en lo que parecía un almacén de objetos. Aquel planeta no estaba destruido, parecía que todos los que allí existieran lo hubieran abandonado.

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  11. LA DIVINA COMEDIA

    Aprovechando que Dante paseaba por el purgatorio, descolgó el teléfono, se sirvió una copa, dejó el trabajo y se acercó al salón, en busca de su ansiado encuentro con Beatriz.

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  12. MEMORIA
    Amontonados todos los recuerdos, encendí la lámpara para llamar a cada uno de ellos.
    Carmen M. Marín

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  13. DESAPEGO
    Vació sobre la mesa el cajón de cachivaches, del que salieron, mezcladas con tornillos alambres y manuales de instrucción, las fotos de novias y amigos que creía olvidados. Apartó algunas piezas del desordenado escritorio y, junto con las imágenes, las echó en la papelera, convencido de que ese era el lugar a donde, irremediablemente, van a parar las cosas sin utilidad: como algunos recuerdos.

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  14. ESE MÉDICO ALEMÁN

    Mi vida se iba desgajando de mi. Mi memoria hecha jirones se deshilachaba de adelante atrás. Cada vez era menos consciente de los olvidos. ¿Quién sabe si lo que hoy intuyo, mañana aún permanecerá en el recuerdo?
    Se entremezclaban todos. Rotos. Deshilvanados por un demiurgo travieso y juguetón.
    Imágenes deslavazadas. Remembranzas de mixturas imposibles. Situaciones cruzadas que alertan… Alertan de que algo no va bien… pero que se escurren entre los dedos cuando tratamos de aprehenderlas.
    Como cachivaches viejos, tirados de cualquier modo… cubiertos de polvo, de suciedad gris que niega la esperanza… así te vas yendo por la alcantarilla.

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  16. OCASO

    Hoy he colocado la última bombilla en la lámpara que enciendo cada noche junto a la ventana. Allí, donde el teléfono acumula el polvo de tu silencio, los grifos están secos de lágrimas y el cuaderno que me regalaste sigue con las páginas en blanco. Al lado de las fotos que bailan sobre la mesa y que brillarán hasta que se extinga la luz que me recuerda que te sigo esperando.

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  17. INTANGIBLES
    La tarde le había ido bien entre contenedores. En las prácticas para obtener la diplomatura y poder ejercer la actividad, había encontrado diversos bártulos que se disponía a inventariar para el proyecto fin de carrera. Entonces, el teléfono de baquelita sin cables emitió un riiiing no escuchado desde hacía varias décadas.
    —¿Eres tú? -dijo al otro lado de la línea una voz desconocida.
    —Sí..., ¿cómo me localizó? -alcanzó a preguntar Diógenes sorprendido.
    —Preguntando al once ocho ochenta y ocho; te llamo porque... -un pitido intermitente reemplazó a la voz. Le resultó tan peculiar que decidió incluirlo también en el inventario.

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  19. LA LLAMADA

    El asesino va a llamar, ha descubierto que dejó con vida a un testigo y se va a encargar de él. Por eso en la imagen, junto al teléfono, están los caños; es la casa del plomero que arreglaba la tubería de Miss Phantom cuando el hombre de guantes negros le disparó. Es de noche, la lámpara de la mesa está encendida. Engullo más palomitas de maíz y espero, ansioso. Suena el teléfono. Me acomodo en el sillón. El teléfono suena por segunda vez. La pantalla se pone negra, luego el anuncio: comerciales. Despotrico. El teléfono continúa sonando.

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  20. INQUIETANTE
    Suena el teléfono, todavía ¿Quién está al otro lado de la ventana? Los años sobre la mesa y la luz encendida.
    Al pasar se oyen sonidos pretéritos. Nadie contesta. Un día voy a entrar, se dijo.

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  21. Cuando llegaron al planeta desértico, encontraron antiguos instrumentos para conducir agua, viejas fotos de ciudades inundadas y restos de lo que debió ser una civilización hermosa. No pudieron imaginar que el extraño aparato negro hubiera servido alguna vez para avisar al fontanero.

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  23. ACCIDENTE EN 13

    Todo quedó congelado en el tiempo.
    Junto al teléfono y bajo la lámpara de sobremesa, cuatro utensilios polvorientos.
    Luis Martínez falleció en accidente de automóvil, tras recibir un aviso de una desconocida.
    María, su secretaria y amante no lo pudo resistir. Poco después se quitó la vida.
    Lo que nadie sabe es que desde entonces, todos los días 13 de cada mes, a las 13 horas y 13 minutos, el teléfono recibe la misma llamada:
    -Fontanería Luis Martínez? Quiero comunicar una avería.

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    1. LUCIENTES

      A primeros de mayo llegaron las sombras —¡buitres de mal agüero!—. Planearon hambrientas alargando dudas, retorciendo cuerpos… ¡El mundo en blanco y negro!… Como mis recuerdos, como sus “caprichos”.

      Amparo Martínez Alonso

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  27. Y AL FINAL...LA LUZ

    Sonó el teléfono, una voz indicaba el recorrido. El camino no era fácil, lujuria, soberbia, envidia serían los compañeros, pero serían reducidos en un pequeño artificio por el cual se derramaría agua fresca para limpieza del alma. Y llegarian ellos, los arrepentidos, que en gran número, aclamarían al "Gran Barolo" para terminar amándose unos a otros.

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  28. Faena

    Cuando advirtió la cantidad de objetos todavía desparramados sobre su mesa de trabajo, Merlín dio un respingo: antiguas fotografías, bombillas de luz, un viejo teléfono, grifos inservibles y hasta una sofisticada lámpara de escritorio; ¿cuántos bártulos más debería convertir en bebida espirituosa?

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  33. AÑORANZA

    Como un torbellino irrumpiste en mi vida, sin avisar. Con tu desparpajo, fuiste cubriendo las paredes de impresionistas, descolgaste las cortinas del salón para que corriera el aire y llenaste el balcón de jazmines, cuya esencia diluía en mi alma el alcanfor de una rutina gris.
    Una noche, después de muchos silencios, te fuiste como habías venido. Sin avisar. El olor de las flores del balcón me resulta ahora empalagoso. Y sigo con este caos.
    Será porque ahora mi vida es en blanco y negro.

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  34. EMIGRANTE

    “Aquí tienes lo que he podido salvar” termina la carta de su hijo. El paquete contiene los restos de su modesta aportación a un edificio que ya no existe. Entre los grifos, las fotos y los recuerdos, se encuentra el oscuro cordón umbilical que siempre le deja sabor a tango.

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  35. DECONSTRUCCIÓN

    Quiso Dios que se hiciera la luz, cuando la vecina me deslumbró. Viendo yo que era buena para iluminar mi casa, aposté a la suerte y le pedí su número de teléfono. La invité a salir y ese día fluyeron humedades, debajo de nuestras ropas, que obligaron a unir nuestros cuerpos. Poco después vino a vivir conmigo, pero al séptimo día me abandonó; creo que se cansó de dormir en mi cama o se asustó al verse retratada en el reguero sobre el escritorio: al lado mío sólo sería otra pieza del desorden en mi vida.

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  37. NAUFRAGIO

    Me dijo que nuestra relación hacía aguas por todas las partes y se marchó.
    Ya he sustituido los grifos, añadido estopa y soldado juntas, pero el teléfono continúa sin sonar.

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  38. DESAHUCIO

    El agua le cubre ya la suela de los zapatos. Coloca el último grifo, enciende la lámpara y contempla por última vez la mesa de los recuerdos. Un solo objeto puede ilustrar una historia como una imagen puede contener el relato de toda una vida..
    Llaman a la puerta. "Ya están aquí", dice para si mismo. Golpean con mayor insistencia.
    Con un gesto rápido y determinado desplaza hacia atrás la silla de ruedas y asiendo la Browning con ambas manos artríticas, finalmente consigue apretar el gatillo.

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  39. HUMOR NEGRO

    Visité a Jorge. En su mesa observé la foto de sus compañeros, la portada del diario Clarín con la manifestación dónde malhirieron a su hermano frente a la Casa de la Provincia, los grifos del baño de mi casa que cambió por monocromos, y una foto de nuestra primera cita en el Palacio Barolo. Aquellos objetos parecían recuerdos queridos.
    Conversamos.
    Le dije que para salvar nuestra relación tenía que hablar con claridad.
    — ah pues, tengo teléfono y lámpara— contestó con insolencia, señalándolos con su dedo.
    Odio su humor y esos objetos negros sobre su mesa.

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  40. TESOROS

    Tras su marcha todo quedó como siempre a él había gustado; desordenado y amontonado. Artilugios que nunca llegué a comprender, se atesoraban sobre la mesa de su despacho.

    Válvulas y llaves habitaban junto a la última foto que nos retrataba, y en una botella medio vacía, aún se podía oír el tintineo de un brindis de cualquier noche de insomnio y de locura.

    Encendí la lampara para admirar con detalle cada una de sus preciadas piezas y un blanco y negro roto iluminó su escritorio y apagó de colores para siempre la estancia. Aún espero esa llamada.

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  41. BUENA CLIENTA

    Yo sabía que él no me creía capaz de poner un pie en su taller, pero también sabía que la poderosa atracción que nos atormentaba la ahogaba silencioso con el licor de la botella. Así que con la excusa de una gotera, decidí que había llegado el momento de dejar correr las aguas apresadas para inundarnos de un frenesí que recordaríamos para siempre, revolcándonos entre grifos bajo la tenue luz de una lámpara de mesa.
    También sabía que no necesitaba un profesional y que a él le hubiera gustado que fuera fija, como clienta…

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  42. LA LUZ COMO EL AGUA

    Facundo Roncetti se dio a la bebida por la impresión que le causó la noticia de la tragedia. Los vecinos del edificio inundado lo llamaron sin saber muy bien qué hacer ya que la luz se había vuelto como el agua y salía a chorros dorados por todas las ventanas. Él sólo era fontanero, no entendía de voltajes, de cables, de bombillas o lámparas, y aquellas cascadas no sabía cómo pararlas. Así que descolgó el teléfono y dijo: “Gabo, a éstos chiquillos les has dado demasiadas alas, mira por tanta fantasía lo que pasa…”

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  43. ALTAR

    Y así dejé tu mesa de trabajo, tal cual quedó aquella mañana, como detenido en el tiempo, como si en cualquier momento fueras a volver y te sentaras en él, organizado en tu desorden, y volvieran esos martilleos metálicos que antes me volvían loca y ahora añoro.

    Como un altar con exvotos y alcohol en tu memoria.

    No me atrevo ni a apagar la luz de la lamparilla, temiendo que tu recuerdo se apague y mi corazón se enfríe para siempre.

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  44. HISTORIA DE UN CAOS

    Viaja de mercadillo en mercadillo, acumulando todo tipo de chismes y recuerdos ajenos. Fotos y postales de vidas desconocidas, botellas de bebidas que no se pueden ya beber con etiquetas que ‘pronto valdrán fortunas’, calendarios amarillentos de muchas décadas atrás...

    - La ‘Historia’, -replica siempre, está en los objetos.- Es un crimen deshacerse de semejantes tesoros.

    Consiguió un teléfono antiguo, de esos de disco, tan de moda, sin cable.

    - La Nostalgia...

    Una lamparilla, de esas de oficina con eficiente secretaria de gruesas gafas de concha, ilumina su locura.

    Aunque buscara secretaria, ninguna se atrevería a organizar su caos acumulador.

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  45. El caso Barolo
    El comisario llevaba días analizando todos los objetos recogidos en el lugar del crimen. El marqués había muerto de un golpe contundente y era obvio que allí se encontraba el cuerpo del delito. No logró encontrar la prueba definitiva, por más que analizó y manipuló todo el material que tenía sobre la mesa. Pero al menos sí encontró algo provechoso.
    -Cariño -dijo al llegar a casa-, ya sé cómo arreglar el grifo que gotea en la bañera.

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  47. DILETANTISMO
    Antes de sentirse preparado, leyó decenas de libros y manuales, compró herramientas –todas las que consideró necesarias para la gesta que iba a emprender–, visionó decenas de vídeos en YouTube. Por fin, un día, se atrevió a levantar la tapa de la cisterna. Después de afanarse durante horas, logró arreglarla. Que continuara escapándose un imperceptible hilillo de agua no hizo menos extraordinaria su hazaña.

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  48. MI SED TUYA
    Desde que me levanto voy bebiéndome los grifos que encuentro en el camino. Al llegar la noche, sin una sola llamada, hago recuento. Y apenas he saciado la sed que me dejaste en los costados.

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  49. Vómitos, por Javier Ximens
    El primer grifo lo vomité cuando ella se fue con el bailarín de tangos, el segundo cuando me reuní con el equipo de gobierno y les dije que todo iba bien, el tercero después de salir al balcón y recibir la aclamación popular. Los siguientes no lo recuerdo, supongo que con el alcohol y tras romper la cristalera, pero el último, el más grande, el que me arrancó el estómago, fue cuando me llamó y me pidió perdón.

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  50. Aleación, por Javier Ximens
    En el sótano del Barolo hay un cuartito en el que se acumulan los desechos de las plantas superiores: tangos rotos; llamadas no realizadas; gritos de manifestaciones vacuas; sonrisas de amigos caníbales; botellas de desamores; amistades de cristal y grifos, muchos grifos de cobre, que huyen del esplendor de los cuartos de baño y retretes. Buscan la forma de llegar al viejo arroyo entubado y por él alcanzar la libertad en el agua de plata.

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  51. "Venganza"

    No pudo evitar el embargo, pero al menos, le quedó la satisfacción de imaginar sus caras cuando entrasen en la casa.

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  52. Entró descalza por la puerta, arrastraba un velo de recuerdos y se peinaba con sus manos frías. Esperó que el viento dejara de mover la cortina para acercarse a la orilla de la cama y besarle la frente.

    Él sintió el beso, abrió los ojos y sonrió.

    _Eres tu amor. Qué alegría sentirte. Cuánto te he echado de menos.

    Ella sonrió de vuelta y pasó sus dedos por esa barba revuelta que tanto le gustaba.

    _No te vayas. – Dijo él ahogando una lágrima

    Ella calló y flotó hacia la ventana desde donde lo cuida cada día.

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  53. El ingeniero por Susana Gonzalez Rico.
    Ha pasado años recolectando los materiales: tuercas, tubos, resortes y arandelas. Cada noche trabaja hasta tarde en su escritorio apretando y ajustando cada conexión. No le queda mucho tiempo, pero ya está cerca de conseguirlo. Al conectar a la red su maquina del tiempo la volverá a tener en sus brazos. El timbre del teléfono suena y el viejo ingeniero contesta irritado. La voz familiar le dice que lo espera para cenar, que ya el asado está en el horno. Él nota el hambre en su estomago y sonríe. Apaga la luz y regresa, dócil como siempre, al olvido.

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  55. Silencio negro
    Me siento muerto y tengo miedo. Su mirada es más dura cada día y sospecho que está a punto de tirarme por la ventana y hacerme trizas. Cada atardecer, espera agazapado entre las sombras hasta que el alcohol adormece sus sentidos y pierde la consciencia. Espera, amontonando recuerdos, desde aquel maldito día en que ella lo llamó para decirle que no volvería, que se iba con otro. Y no recuerda la noche en que, embargado por la rabia, arrancó el enchufe y me dejó mudo.

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  56. LA CARGA DE LA PERFECCIÓN

    Abro los ojos; estoy en Titán. Los otros aún duermen el sueño inducido por la nave. Alumbrado por el cosmos, cargo la escotilla: pestañas, cabellos, muestras de orina y sangre, lentes de contacto, traje negro…
    Sin dudar, presiono el botón de descarga... Adiós, Jerome Morrow.

    ©Mariángeles Abelli Bonardi
    (Neuquén, Patagonia Argentina)
    24 de mayo de 2015

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  57. Antigüedades reservadas
    Bebía con deleite el más fino y añejo ron, paladeándolo poco a poco, como cada tarde. Despacio recorría las vitrinas, en donde cada objeto era mirado con esmero y examinado en detalle. Su tienda mostraba todo tipo de piezas, cuidadosamente ordenadas y expuestas. Había coleccionado un vasto repertorio de cosas, tantas, que le hubiera sido difícil enumerarlas. El muestrario abarcaba desde las más comunes hasta las verdaderas rarezas. Entre sus clientes se contaban las familias más aventajadas de la ciudad. Pero, secretamente, tras el muro simulado, un cuarto oculto resguardaba su colección particular, la más preciada. Diversas piezas de fontanería y otras cosas dejadas por su padre, daban cuenta del verdadero origen familiar.

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  58. Evocación
    Tan sólo el recuerdo de aquellas llamadas para ir los jueves a los tangos del Barolo la habían mantenido con vida por más de un siglo.

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  59. Evocaciones
    Sólo el recuerdo de aquellas llamadas para asistir cada jueves a los tangos del Barolo habían mantenido con vida por más de un siglo a la novia del fontanero.

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  60. GRIFERÍA
    Se pasaba la vida hablando de ellos. Que si este tiene una curva preciosa, que si el otro cierra como ninguno, que vaya zapata gasta, que si qué manija tan ergonómica, que mira que chorro más divino echa... Era obsesivo. Engrifó nuestra relación y llegó la ruptura. Ya ha rehecho su vida. El otro día coincidimos en una fiesta. En un aparte me contó que esta nueva pareja le ha hecho cambiar, que debí tener más paciencia, que ahora es otra persona. Pero yo sé que no, le conozco demasiado, reconocí enseguida esa caída de ojos suya, como de grifo que gotea.

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  61. La memoria en gotas
    No soportaba las goteras.Hace años que no podía dormir en su cárcel domiciliaria.Recuerdos de sus años de plomo, los tremendos crímenes cometidos alteraban sus noches de pesadilla.Cuando ya no hubo canillas su sueño fue tan profundo que nunca despertó.

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  62. MIEDOS
    A pesar de la angustia, a ninguna canilla le da el cuero para llamar al plomero.

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  63. MIEDO
    A pesar de la angustia, a ninguna canilla le da el cuero para llamar al plomero.

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  64. Alquiler de renta antigua

    Primero le quité el cristal de la ventanilla del baño, convencido de que huiría del frío, pero no se marchó. Después me llevé el teléfono, en vez de echarlo de menos empezó a disfrutar de su soledad; fue entonces cuando arranqué todos los grifos de la casa y lejos de lo que esperaba, no le venció la sed. Conseguí arrebatarle las fotos y recuerdos, pero le quedó la memoria. Sobre mi mesa solo hay un montón de trozos malheridos de conciencia y un par de botellas para olvidar.

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  65. Soledad

    La policía, el portero que les ha abierto la puerta, los vecinos curiosos que contemplan la escena y un cartero comercial que pasaba por allí, no se explican lo que ven sus ojos. Al fondo del apartamento, una mesa infectada de recuerdos: Un teléfono de rueda, fotografías ajadas, un grifo de ducha, un monóculo, una rosa marchita, postales…Todos elementos de un pasado feliz que no han sabido envejecer, igual que toda la casa que parece el decorado de una película muda donde solo caben los blancos y los negros. Del señor Floriano: ni rastro, solo su gato maullando.

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  66. Una vida

    Por la misma herida que se desangra, se escapan sus fotos de boda, el teléfono de rueda, la botella de ron, la lámpara que alumbró su fracaso, los grifos que no supo cambiar, los versos que nunca se decidió a escribir, los hijos que no llegaron, el fracaso, esa melancolía que le ahoga y el último suspiro mortal.

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  67. La hora

    Una mesa repleta de recuerdos, de fotografías, de sueños y de ilusiones, de grifos y herramientas, de luces y de sombras, de tequila y de ron, de dinero y miserias; una mesa viva, pero desprovista de un alma de repuesto que retrase su final.

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  68. Amor eterno
    Se juzgó imposible reparar la nave. Por extraño que suene mi afición a la fontanería ayudó, y aunque no la arreglé a la perfección, logre regresar a la tierra. Tu voz dulce y confiada en el teléfono pronunciará el adiós definitivo dentro de mil años. Los antiguos mayas preparan los cuchillos ceremoniales. No encontrarán mi corazón.

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  69. PREDESTINACIÓN

    Lo intenté. Quité todos los grifos de su vida. Dejé dos lavabos huérfanos de agua, otras tantas piletas de cocina y bañeras mutiladas. Una fuente, la del patio, y un depósito tullidos. Hasta los grifitos de su casa de muñecas, y la llave grifa, por si acaso. Retiré fotos. Todos los retratos en los que aparecía mi mujer. Hasta el teléfono, para evitar que en alguna de mis contadísimas ausencias, encargara agua mineral. Pero no lo conseguí. Mi hija también se ahogó en un vaso de agua, como su madre; eso sí, tras beberse media botella de mi mejor whisky.

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  71. EL PROFESIONAL, por Belén Sáenz
    Quiero una mesa de trabajo así, ¿sabes? Y llamarme Flannagan. Resolver casos complicados a la luz de esta lámpara, bajo el cielo canalla de Chicago. Volver al final de la jornada con la ropa empapada en lluvia y cruzar los pies sobre la vieja madera. Echar un culín de whisky mientras espero la voz cálida de ella al aparato. Que me pida que vaya ya mismo a su casa. El goteo de un grifo, una cañería obstruida, una válvula defectuosa, no se deben confiar a cualquiera. Y yo para mi dama estoy de servicio las veinticuatro horas del día.

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  72. LUTO
    Los grifos me recordaban, hasta que una llamada reciente me lo ha desmentido, que el niño pobre que fui, el que los robaba para comer, seguía vivo.

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  73. BORRAR EL PASADO
    Anastasio decidió borrar el pasado y aferrarse a la vida. Errante, queriendo buscarse a sí mismo, musitaba una canción que era única y la hacía sonar diferente, más poderosa, más sincera. No alardeaba: vivía el amor; sorteaba la sombra que segaba las vidas con su filo de fuego. Entre la soledad galopante que recorre el mundo, ya solo perseguía lo bueno, lo bello y lo justo... pero de repente, la bomba de tiempo atada a su pecho explotó.

    Eder Navarro Márquez

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  74. Des-nidada
    ¿Cuánto tendré que esperar para que mi hijo adolescente entienda que su escritorio no es un basurero? Los trozos desamparados de cada objeto en desuso terminan bajo esta vieja lámpara, como si la necesitaran para sobrevivir. O viceversa.
    ¡Hasta los grifos vienen a lagrimear aquí, sobre fotografías antiguas, enredándose en recuerdos sin sentido! El teléfono no. Cuando ella lo llama, deja de ser un adorno invisible en medio del caos, para convertirse en un reloj despiadado que indica mi hora de hilvanarle las alas. Entonces acepto el desorden que él habrá de construir, muy pronto, en su propio nido…

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  75. Una labor social
    Nunca se sabe dónde puede aparecer una fuga. El amor tiende a escaparse por cualquier rendija, por pequeña que esta sea. Es por eso que los fontaneros hacemos acopio de un gran surtido de grifos de diferentes colores, tamaños y formas para, cuando surge la pérdida, estar prestos a reconducir ese caudal y así, salvar del naufragio a muchas parejas.

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  76. REWIND
    Te envío esta fotografía de su mesa, para que veas cómo está. No está bien. ¿Recuerdas lo de las bombillas?, pues ahora, con los grifos. Los abre y los cierra, y los desmonta y los monta, para cerrarlos y abrirlos de nuevo. Está empeñado en cambiar la lógica de la rosca y conseguir que el grifo abra hacia la derecha y cierre a la izquierda. Como si con ello consiguiera demostrar, fíjate, que las cosas pueden ir al revés; o para atrás, como en una película si le das al “rewind”. No, no lleva bien que te fueras.

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  77. Título: En tierra hostil

    Los objetos que se extendían sobre la mesa eran como bombas. Sabías que en cuanto los tocases, los recuerdos estallarían haciéndote pedazos.
    Aún así, extendiste la mano.

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  78. ANEGACIÓN

    La boquilla del grifo se quedó abierta ante su última despedida, produciendo una lluvia uniforme y continua de lágrimas. Un goteo de rocío circular y monótono, que trataba de arrastrar al olvido su abandono y limpiar las manchas y huellas de mis sentimientos.
    La salina agua se fusionó con la tímida luz tiznada de blanco y negro, el sonido sordo de una llamada y el vapor humedecido en el cristal de la ventana.

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  81. Flujo

    El tequila le quemaba la garganta, pero ello no justificaba sus lágrimas. Sentado frente a su escritorio jugó con grifos oxidados, los abría, los cerraba, dejando correr en ellos los recuerdos impresos de amigos viejos, de amantes ingratas y de lugares reducidos a escombros.

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  82. Ahogado

    En la ventana un demacrado rostro se reflejaba. Deprimido, apagó la lámpara, sirvió un trago de whisky, cerró sus ojos y bebió. Al parecer el licor lo consolaba.

    Pasaron unos minutos y ya dormitando un zancudo se posó sobre su párpado derecho; el zumbido no lo molestó pero si el piquete. Levantó su mano, lo golpeó y un plash retumbó en sus oídos. El agua ya cubría sus rodillas.

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  83. El eterno aprendiz
    Escudriñó los objetos de la mesa. Sospechoso le parecía, sobre todo, el teléfono pero no habría sabido decir por qué. Husmeó como un verdadero detective. Observó fotos, papeles, los grifos, la lámpara. Se preguntó por el sentido de aquel revoltijo. Le hubiera gustado saber qué pensaría Holmes sobre el asunto. Consideró ponerse la gabardina de Scherlock, para inspirarse. Lamentaba mucho su pérdida. El encargo urgía, la viuda le apremiaba para que encontrara al asesino. Aunque se esforzaba en deducir de una manera elemental, no llegó en ningún momento a una conclusión lógica, que valiera la pena.

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  84. MI BANDA SONORA

    Ya no se escucha el silbido del agua al caer. He acabado con todas esas goteras que tanto te molestaban en el silencio de la noche y que te impedían dormir. Tampoco se oye el sonido del teléfono, mudo desde que te fuiste. Y ahora, sin grifos y sin tu voz, la banda sonora de la casa la ponen los gritos de desesperación de mis lágrimas mientras se ahogan en un vaso de whisky.

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  85. Plomería Melquíades Cerrosanto

    El cura acudió a pagar un arreglo de goteras en la sacristía y se quedó sorprendido al ver la foto del Palacio Barolo, perdida entre tanto utensilio hidráulico.
    -¿Tiene algo que ver con los Barolo? -preguntó por curiosidad.
    -Soy hijo de madre soltera -le respondió con media sonrisa-, pero mi padre es de sobra conocido.
    -Soy un recién llegado.
    -Pues ya sabe, de aquí en adelante le pone al señor Barolo una buena penitencia.
    El cura se fue con una nueva encomienda y el plomero se quedó esta vez con una franca sonrisa.

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  86. Convenio regulador
    El abogado apareció muerto sobre el felpudo, con una nota arrugada en la mano izquierda. A ella no le hizo falta leerla. Ordenó que se deshicieran de él y redobló la apuesta. Durante la siguiente semana, su felpudo albergó los cadáveres de un sacerdote, dos sicarios, un niño recadero, un psicólogo y un hipnotizador. Decidió ceder a sus exigencias.
    Él le abrió la puerta personalmente para abrazarla ávido, sin dejarla hablar. Ella le clavó el estilete. Sin quitarse los guantes ni las gafas oscuras, recuperó su colección de novelas negras y satisfecha, condujo de regreso fumando sin parar.

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  87. La insoportable humedad del ser.

    Fui recogiendo todas las llaves de grifo que encontré. Mi mesa, antes repletas de cuartillas caligrafiadas, se convirtió en un todo un monumento a la humedad retenida. De esa manera me aseguraba que ni una lágrima más saliera de mis ojos mientras esperaba el imposible de tu llamada. Lo más duro era resistir el correteo inquieto de las moscas sobre mi piel, que cada vez más se hacían legión y se introducían sin ningún pudor por mis orificios supurantes. Aquellos no los podía cerrar, fluirían y fluirían hasta mi total extinción.

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  88. Tiempo pasado
    En esa época las cuentas se saldaban con un disparo por la espalda a plena luz del día. Más limpio y efectivo. El cadáver flotando durante unas cuantas horas sobre una laguna rojo bermellón era el más claro de los mensajes. Un par de extremidades rotas, una nariz deformada para siempre… En cambio ahora, cuando la mafia es para muchos un restaurante italiano, no se respeta nada. Para ser delincuente basta con desviar dinero a Suiza. O trasegar con limpios e inocentes sobres. O amenazar con sacar a la luz esos correos electrónicos. Otros tiempos, hijo, otros tiempos.

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  89. Escepticismos
    Se ve que no es usted supersticioso. Me encogí de hombros… ¿Desde cuándo abrir una novela es de mal augurio? La abrí, la compré, la leí de un tirón. Es cierto que me han brotado flores silvestres en los ojos con raíces que llegan hasta el paladar. Que una maraña de grifos habita mi cabeza y que en las uñas de los pies me crecen fotografías antiguas. Pero las manos están perfectas. Las ventosas no me impiden pasar las páginas.
    El librero aquel me mira raro cuando voy a por más libros. No entiendo por qué.

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  90. La mesa de disección
    Creería que es un buen ejercicio para estar en forma. Se trata de derramarse, de desembarazarse de momento de uno mismo, de poner sobre la mesa todas las cartas de nuestra interioridad para saber de qué estamos hechos. Yo, por ejemplo, encuentro sobre mi mesa ciertas fotos que me resultan especialmente familiares, entre sombras una botella de licor presta para ahogar sinsabores, un teléfono que llama poderosamente la atención y, por último, un sinnúmero de grifos… que ya comienzan a abrirse. No sé qué será de mí cuando la corriente del tiempo arrastre consigo la lámpara.

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  91. El chorro de agua.
    Como el agua, cuando fluye entre los dedos sin poder contenerla, su vida corrió al caño. Ocultó, como la tubería, en la profundidad de su ser, el recuerdo de su amor nunca se desvaneció. Minuto a minuto esperó su llamada, su regreso. Gota a gota se desperdició, no volvió a calmar ninguna sed. Inútil fue su espera. El teléfono nunca le devolvió la voz que esperaba. No comprendió, la vida como el agua, al escurrirse por el lavabo, no vuelve a regresar. La llave se secó, la poca agua que quedó, mezclada con licor, se evaporó.

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  92. El chorro de agua.
    Como el agua, cuando fluye entre los dedos sin poder contenerla, su vida corrió al caño. Ocultó, como la tubería, en la profundidad de su ser, el recuerdo de su amor nunca se desvaneció. Minuto a minuto esperó su llamada, su regreso. Gota a gota se desperdició, no volvió a calmar ninguna sed. Inútil fue su espera. El teléfono nunca le devolvió la voz que esperaba. No comprendió, la vida como el agua, al escurrirse por el lavabo, no vuelve a regresar. La llave se secó, la poca agua que quedó, mezclada con licor, se evaporó.

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  93. “Transistor de plomo”

    Acomoda su entusiasmo junto al resto de chatarra, en el mismo carro donde ha colocado su sonrisa marchita, algunas lágrimas resecas y unas cuantas emociones disecadas. Hace tiempo que arrastra su rutina por un laberinto de calles que no llevan a ninguna parte.

    Cuando llega la noche, despliega sobre la mesa todo el plomo de sus recuerdos y se abraza a su viejo transistor hasta conciliar el sueño. Igual que aquellas otras noches, cuando su padre la dejaba desnuda y sollozando entre los sacos del granero. Aquellas malditas noches que tiñeron para siempre su mundo de blanco y negro.

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  94. Frontera
    Se acabaron de una vez por todas los fantasmas, las tuberías que revientan madrugadas, los grifos que abren fantasías y cierran realidades, los teléfonos que suenan tras la medianoche y solo dejan escapar lamentos. Se acabaron la ginebra para intentar escapar y los tranquilizantes para poder dormir, las luces que se encienden y se apagan en un siniestro juego. Ya no invadirá ningún espectro mis fotografías ni aparecerán reflejos sobre los cristales. Nadie volverá a arrastrar mis sábanas ahora huérfanas, ni a cobrarme el arancel del miedo, desde que también yo he pasado la aduana.

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  95. FUNDIDO EN AUSENCIA

    Todo se fusionó en un blanco y negro. Tus llamadas, las reparaciones de las cañerías que nunca llegaron, la promesa de dejar de beber los días pares e impares, el viaje prometido... Pero lo que más me pesaba era esa fotografía que siempre te acompañaba, en la que yo no estaba y tú siempre mirabas.

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  96. Monster

    Siguiendo las pautas de mi mente retorcida, regresé al lugar del crimen. El cuarto del fontanero Sullivan estaba intacto. Sin atisbo de remordimiento recordé que justo allí, Sullivan había implorado ayuda, mientras se asfixiaba. Luego observé como el reflejo del cristal de la ventana, multiplicaba el desesperante reguero de tuberías desperdigadas sobre la mesa. “¡No se puede vivir así!”, pensé al tiempo que me reafirmaba en el móvil del crimen: “Era un desordenado”. Dicho esto, limpié mis huellas del teléfono, apagué la lamparita y salí llevándome como trofeo la foto que nos hicimos juntos en el Palacio Barolo.

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  97. Retratos, tornillos, canillas sobreviven sobre el escritorio. Son una sombra del ayer. Son baratijas que la vida dejó de lado. Son como los recuerdos que duermen desordenados en el alma. Cristina Noguera de Pergamino.

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  98. Retratos, tornillos, canillas sobreviven sobre el escritorio. Son una sombra del ayer. Son baratijas que la vida dejó de lado. Son como los recuerdos que duermen desordenados en el alma. Cristina Noguera de Pergamino.

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  99. Retratos, tornillos, canillas sobreviven sobre el escritorio. Son una sombra del ayer. Son baratijas que la vida dejó de lado. Son como los recuerdos que duermen desordenados en el alma.

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  100. Celo profesional
    El buen fontanero es incapaz de acostarse sin resolver una fuga. Calcula, mide, corta, comprueba y, por fin, se va a dormir con la tranquilidad y la satisfacción del deber cumplido. Sin embargo es incapaz de acordarse de apagar la luz de su despacho.

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