En la asamblea el rey se sienta en el centro. El clero a su derecha. La nobleza a su izquierda. Enfrente, el tercer estado, también conocido como estado llano, pueblo llano, plebe, común o, más frecuentemente, chusma.
El tercer estado se compone de campesinos, obreros, artesanos, burgueses e industriales. Quienes siembran y recolectan, cocinan y comercian, modelan y tallan, cosen y limpian, construyen y derriban. Quienes abonan los impuestos y el diezmo. Quienes trabajan y pagan.
Reunen entre todos un solo voto en la asamblea. El mismo número que tiene para sí el clero. El mismo que la nobleza. El mismo que lleva al tercer estado a perder siempre
Hasta este 17 de junio de 1789 en que el tercer estado exige un voto por cabeza y no por estamento y, en virtud de esa representación, se declara a sí mismo como Asamblea Nacional.
No es más que una declaración, un acto solemne. Pero, desde sus posiciones de privilegio, el rey, la nobleza y el clero comienzan a temblar.
Existe ese breve instante que condensa las experiencias de todo el pasado para alterar por completo el futuro. El instante del microrrelato, tal como lo practicó Eduardo Galeano y lo practica Armando Rivera. O Manu Espada en su libro Personajes Secundarios. O Victor Lorenzo, que nos contará qué fue de su blog Realidades para lelos.
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