Hitler escribió un microrrelato. Lo tituló Operación Barbarroja.
Trataba sobre un ejército de superhombres de raza aria que invadía un país rico en recursos y con una extensión gigantesca, habitado por una plaga de subhumanos llamados comunistas. Los comunistas abundaban en maldad pero los superhombres arios les superaban en tecnología, disciplina, inteligencia y valor. En un par de meses, los superhombres ocupaban el total del país y los subhumanos se redimían trabajando para ellos como esclavos.
El relato parecía confirmarse palmo a palmo de terreno desde que comenzaron a convertirlo en realidad el 22 de junio de 1941. Los subhumanos huían ante la fuerza avasalladora de los superhombres. Pero cuando estaban próximos a Moscú se detuvo el avance. Y los subhumanos comenzaron a atacar, disciplinados, desde todas direcciones. Parecían tener infinitos aviones, infinitos tanques, muestras de inteligencia y tecnología avanzada que el microrrelato de Hitler consideraba imposibles en su especie. Los superhombres descubrieron, muy a su pesar, que tampoco carecían de valor.
En el cuento de Hitler nunca llegaba el invierno. Sobre el terreno, les arrasó.
Los subhumanos emprendieron el camino hacia Berlín avanzando sobre cadáveres de superhombres. Querían conocer al autor. Pretendían enseñarle que menospreciar a tus personajes puede arruinar cualquier historia.
Los narradores que aparecen en la Internacional Microcuentista saben que los personajes que hacen de malos merecen el mismo respeto que los que hacen de buenos. Esta semana tendremos los relatos de Ana María Shua y de David Alexander, los tuits de José Luis Zárate y la imagen y la voz de José Manuel Ortiz Soto contándonos su visión sobre el mundo del microrrelato.
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