Ella averiguará que sus ojos la cartografían y sus palabras la definen. Que sabe crearla tal y como ella pretende no ser. Él comprenderá que su calor derrite las cubiertas de los libros y prende las páginas. Que su energía es imposible de contener en la cárcel del sustantivo y el verbo.
Él tratará de aliviar el peso que tira de ella hacia el fondo. Los ojos y la adoración del público al que se debe y la reclama a costa de que se comporte en todo momento como la mujer explosiva del cartel. Ella intentará protegerle del mundo que la rodea, mantener el deslumbrar de los flashes y el atronar de los aplausos alejado de la habitación donde se encierra a escribir.
Se absorberán. Se devorarán. Se gastarán. Su estrellarán contra sus muros mutuos y sus mutuas dependencias. Se pudrirán bajo la luz del sol y también en los cuartos oscuros.
Pero hoy, 29 de junio de 1956, Arthur Miller y Marilyn Monroe celebran su matrimonio encantados de enlazarse el uno al otro, dispuestos a estar juntos el resto de su vida.
Personajes y acción se entrelazan en las pequeñas historias que conforman la vida. Valgan como ejemplo, los microrrelatos de Marco Denevi y Silvia Gruppo. Y los que contiene el libro Siempre pasan cosas, de Kike Parra Veïnat, que comentaremos esta semana en la Internacional Microcuentista.
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