Comité Editorial

7 de junio de 2015

Semana del 8 al 14 de Junio de 2015.

       Armando Buscarini no llegó a conocer el revuelo que provocó la noticia de su muerte en los cafés por los que se había dedicado a perseguir la gloria literaria. Ni escuchó las palabras que maestros como Pío Baroja, Rubén Dario o Valle-Inclán dedicaron al que llamaban "niño poeta", la figura esquelética y desgarbada que acarreaba su mercancía de poemarios, novelas y obras teatrales a dos monedas la pieza, cinco con dedicatoria. No vio respondido la pregunta de si glosarían su estilo o sus apariciones al asalto, exigiendo la paga de un último vino a cambio de no arrojarse al Viaducto. Si alabaron, ahora que no podía oírles, sus más bellos poemas o si reconocieron, ahora que no podía oírles, que era verdaderamente la reencarnación de Gustavo Adolfo Bécquer. Tampoco supo si llegaron a descubrir la estafa de la noticia de su muerte, que aconteció realmente nueve años después, el 9 de junio de 1940, en el psiquiátrico de Logroño. No entendió que la gloria literaria de Armando Buscarini residía en las páginas que escribió su vida y no en las de su obra.
        La vida y la carrera de Armando Buscarini resumen toda una época de bohemia y romanticismo, igual que el reducido espacio de una microficción aspira a contener todo un mundo. Así lo ponen en práctica Luis Mateo Díez y Valentín Amaro en sus microrrelatos. O @Microradon en sus tuits.
         

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