Recibiremos en el cuadro de comentarios de aquí abajo, hasta el 15 de agosto de 2015, las microficciones de todos los interesados en participar. Los textos recibidos deberán cumplir con las siguientes Bases y Condiciones:
1. Podrán participar personas de cualquier nacionalidad mayores de 18 años.
2. El tema del concurso será libre, aunque debe estar relacionado de alguna manera con la imagen propuesta.
3. La microficción deberá estar escrita en castellano y ser inédita: no puede haber sido publicada con anterioridad en ningún espacio físico (libros, revistas, prensa, etc.) ni virtual (blogs, revistas digitales, portales web, etc.). Tampoco podrá estar participando en otro concurso ni esperando fallo de un concurso de la actualidad.
4. El texto no podrá superar las cien (100) palabras. Cada concursante podrá enviar hasta tres (3) microficciones en cada concurso mensual.
5. Las microficciones deberán ser publicadas dentro del espacio previsto para "Comentarios" al pie de la entrada en la que se publica cada foto.
6. La fecha límite de recepción de microficciones será el último día de cada mes.
7. Vencido el plazo, un jurado invitado elegirá cada mes al texto ganador y dos menciones especiales. Los tres textos seleccionados serán publicados en la Internacional Microcuentista. Los resultados se darán a conocer en el transcurso del mes siguiente.
8. A fin del 2015, la Internacional Microcuentista elaborará un calendario digital, de distribución gratuita, que contendrá las doce imágenes con los doce textos ganadores. También podrá imprimirse en papel.
9. El envío de trabajos implica la aceptación total de estas bases y la eventual inclusión de su microrrelato en el "Calendario Microcuentista 2016".
10. Las microficciones que no cumplan con estas Bases no serán tenidas en cuenta para el concurso.
La imagen correspondiente al mes de julio de 2015 es del fotógrafo Ulises Ruiz.
Los invitamos a participar dejando sus textos como comentario.¡Anímense!

FUTURO INCIERTO
ResponderEliminarDesde el primer momento intuí que me acompañaría tu sombra indefinida.
AUSENCIAS
ResponderEliminarAl caer la tarde, en la cuesta de adoquines, el sol se esconde a mi espalda y me regala mi sombra gigante. Tú desapareces de mi lado, como por las noches cuando me acuesto con mamá porque dejas vacío el lado derecho de su cama.
La luz mortecina del callejón la consoló con un baño de grandeza.
ResponderEliminarCALLEJÓN
ResponderEliminarAquí, donde la sombra es madama y la rata reina; donde suben enaguas y bajan cremalleras; donde la niebla es humo y el humo, niebla… aquí, donde soy muerte, afilo mi cuchillo.
©Mariángeles Abelli Bonardi
(Neuquén, Patagonia Argentina)
1 de agosto de 2015
FANTASMA
ResponderEliminarSu sombra mortecina se proyecta sobre la calle de adoquines. Se asusta, corre y vuelve a su morada. No reconoce la figura que tuvo antaño.
INFUNDADO
ResponderEliminarLa calle empedrada cobija a una noche de locura. El sonido de sus propios pasos le anuncia el peligro. Saca el arma, dispara a su sombra e imagina que se suicida.
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ResponderEliminarEL ASESINO
ResponderEliminarEn unos minutos estará cerca. Ella será mi próxima victima.
Cristina Noguera
DESDE OTRO MUNDO
ResponderEliminarUna dulce voz la invita a dirigirse al callejón. Se acerca sin temor, lo toma de la mano, él la besa y se aman. La noche guarda el secreto, ambos son helados murmullos.
CONTAR
ResponderEliminarContar pasos, contar baldosas, contar historias y sueños a través del camino oscuro de la vida.
ESCAPATORIA
ResponderEliminarRebuscó en los bolsillos.
–¿Dónde te has metido?
Estaba tan nervioso que no logró encontrar nada. Las sombras se le estaban echando encima.
–¡Socorro! ¡Hay alguien!
Nadie respondió.
Las sombras siguieron avanzando. Comenzaron a cubrirle. Metió una vez más las manos en los bolsillos. Tocó algo. ¿Qué era? ¡El mechero! Por fin. Lo encendió. Las sombras se retiraron, pero sólo un poco. Tenían experiencia en situaciones similares. Esperarían a que se acabara el gas. Cuando eso sucediera, no tendría escapatoria.
EL SIGNO DEL FANTASMA
ResponderEliminarCuando la noche testimonia el silencio y registra la fría soledad, la calle enmascara su verdadero rostro antes de que aceche a su fantasma que con manos temblorosas, ha corrido todos los cerrojos.
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ResponderEliminarAPARICIONES
ResponderEliminarEl fantasma caminó a pasos lentos y se sentó en su sillón. Tenía miedo de la soledad porque en el silencio de aquella calle, escuchaba el ulular de otros fantasmas.
A CUESTAS
ResponderEliminarPisando mi sombra, me retuvo. Trepó a mi espalda y me pidió que la llevara. Desde entonces, viajo con la noche.
©Mariángeles Abelli Bonardi
(Neuquén, Patagonia Argentina)
2 de agosto de 2015
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ResponderEliminarEFÍMERA
ResponderEliminarSer vista es la ambición de la mujer fantasma. Ella sale en la oscuridad de la noche aprovechando que su cuerpo pesa menos que la luz y su aparición dura lo que duran estas frases.
Te llevaba de la mano por la calle empedrada y tú no querías. Mi sombra se adelantaba y avanzaba dejando atrás la luz. Yo tiraba de ti y tú te quejabas. Los adoquines, tus cómplices, obstaculizaban mis pasos. Pero iba hacia la noche y no me detendría. Mi sombra, agigantada, me guiaba, mi sombra y la noche. Un efecto y la promesa de otro día, eso era todo para mí en ese momento. Por eso te solté.
ResponderEliminarLa noche en el callejón tiene un sabor a viejo… Podría tener un tinte de misterio y temor, pero no, sabor y olor a viejo, a libro de segunda mano, a coche tirado a caballo. Y hay silencio, sí, pero está lleno de ruidos como ecos del pasado, como voces en off que me atrapan y que gozo. Por eso quiero seguir adelante y no quiero que termine, aunque las paredes se me vengan encima, aunque ya no te vea, aunque ya no compartamos este suelo y esta vida.
ResponderEliminarSueño recurrente le llaman. Voy por un callejón oscuro y empedrado, llevo a alguien de la mano, no se ve. Hay determinación en mi paso, lo dice mi sombra que se adelanta y me guía. Y avanzo, avanzo, avanzo hasta que me despierto. Nunca puedo llegar a ningún lado, ni ver quién está a mi lado. Conclusión: no importa quién está a mi lado ni que el camino no termine, importa que avanzo y hay alguien a mi lado. Paradógicamente moriré acompañada.
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ResponderEliminarJUGANDO ENTRE LAS SOMBRAS
ResponderEliminarUno, dos...
¿Qué veis? Tu cara del revés.
Tres, cuatro...
Jugamos a hacer teatro.
Cinco, Seis...
Escondidos no nos veis.
Siete, Ocho...
Me disfrazo de Pinocho.
Nueve, diez...
Entre las sombras se esconden los monstruos otra vez.
En la penumbra echó una última ojeada a su alrededor y cerró la compuerta. Aquel mundo quedó precintado. Por cerrilidad.
ResponderEliminar
ResponderEliminarUna voz en la oscuridad
—¿Qué buscas en medio de la noche?
—¿Quién habla? ¿Quién eres? —Respondí atemorizada. Estaba yo sola en un callejón estrecho y empedrado, en medio de una suave lluvia que me iba calando.
— ¿No me reconoces? Somos viejas compañeras. Siempre voy contigo pero no conozco tus pensamientos ni tus intenciones. No me gusta el camino que estamos recorriendo.
—¿Acaso me gusta a mí? Voy en busca del destino. Escuché su voz inexorable. Ya no tengo elección. Pude haberlo cambiado tantas veces… Hoy vengo a recoger el fruto de lo que yo he sembrado. Adiós, voz misteriosa.
ESTÍMULOS OSCUROS
ResponderEliminarLa silueta a contraluz, de la niña avanzando por el callejón, activó las glándulas secretoras de veneno de la paciente comunidad de tarántulas.
—¡Dejá de seguirme de una vez! —gritó ella, desesperada.
ResponderEliminar—Pero la que me sigue sos vos —replicó, con calma, su sombra.
TORNASOL
ResponderEliminarLas últimas luces del atardecer cubren, con las sombras de la figura de la niña, el suelo adoquinado del callejón; tan solo instantes antes de que se tiña con el fluido rojo de su tráquea.
Terror en el callejón
ResponderEliminarNo hay manera, ya no existen pasadizos donde ocultarse. En medio de la noche cerrada, un baño de marfil desnuda el cruel acontecimiento: la huida ha fracasado. Exhausta, se detiene unos instantes y comprueba con pavor la única compañía de su propia sombra.
MALDITO CALLEJÓN
ResponderEliminarNo olvido cuando de la mano me llevabas hacia la oscuridad. Mi piel y mis pies se llenaron de estigmas en aquel duro empedrado de espanto. Luché por no convertirme en una ramera presa de lascivias.
Le debo a mi rebeldía, el ser la sombra feliz de una niña que huyó.
COMIDA
ResponderEliminar- Ven nenita, ven… tráeme a mamá- cuchicheaba para sí.
El Lobo salivaba ansioso. Apostado al fondo del callejón esperaba, paciente, a su víctima. La perseverancia tendría su premio, el hambre, por fin, sería derrotada.
Ese hambre que había destruido a su familia. Que lo había condenado a la soledad asesina.
Penumbra
ResponderEliminarYa no me miraba con pasión, pero estaba decidida a reconquistarlo. Rímel en los ojos, “Rouge atraction” en los labios. Lo esperé aunque llegó a las cinco de la madrugada, oliendo a whisky. Nunca olvidaré la mueca que hizo al verme y la carcajada que soltó antes de volver a salir por la puerta, tambaleándose por el alcohol y las risas. Salí al callejón apenas iluminado gritando su nombre. Mi sombra, al ver las lágrimas que ya no se contenían, también se rió con fuerza y salió corriendo tras él.
No he vuelto a ver a ninguno de los dos.
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ResponderEliminarVana ilusión
ResponderEliminarLa sombra descubre que un hombre va tras ella y con toda su ingenuidad lo lleva a un rincón apartado y oscuro donde espera desvanecerse en sus brazos.
Leyendas urbanas
ResponderEliminarLos 152.876 adoquines que están catalogados en la Calle del Olvido esconden la venganza de 152.876 despechados que padecieron un desamor. El ayuntamiento propuso que los ciudadanos que sufrieran quebrantos de amor donaran un adoquín al municipio con el nombre del amante traidor, y fue así como la municipalidad consiguió urbanizar la vía en tiempo récord.
REGALOS
ResponderEliminar—¿Es usted quien me va a dar dulces de fresa? -preguntó dubitativa la niña.
—¡Ah!, pues mira, no había pensado en eso -contestó desde el fondo una voz aguardentosa-, pero... ven, ven, que tengo otra sorpresa para ti.
TACOS EN LA NOCHE
ResponderEliminarHabía un hombre junto a ella cuando alcanzó el centro de la calle. Un hombre que eligió permanecer en la oscuridad, escamoteando su misma sombra a los adoquines. Un hombre que no estuvo la noche siguiente, cuando los tacos de la mujer resonaron sin compañía por la misma calle, noche en que debí resignarme a permanecer en casa, mirando una película romántica en la tele, recordando el ayer inmediato, cuando caminaba con una mujer del brazo sobre una calle adoquinada.
VESPERTINA
ResponderEliminarUna, dos, tres,…noventa y siete,… setecientas sesenta y cuatro,… y una sombra, la tuya, en la calzada empedrada. Suficiente para levantarme el ánimo tras una calurosa tarde de verano.
LONDON
ResponderEliminar"Acércate un poco más y ven con tío Jack, cariño".
NIÑA PRODIGIO
ResponderEliminar"Totó... Me parece que ya no estamos en Kansas".
Llegó un momento en que no pudieron correr más. Cuando la sombra les alcanzó, su madre le soltó la mano.
ResponderEliminar–¡Escapa! ¡ESCAPA! –le gritó.
La niña contempló embelesada como la sombra devoraba a su madre. Luego, se alejó, adentrándose más en el círculo de luz.
La sombra observó a la niña. A caso hecho, había dejado para el final el cuerpo más apetitoso. Sin embargo, se sentía saciada.
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ResponderEliminarEn solo una fracción de segundo la sombra nació, creció y se evaporó. Todo alrededor era llamas, era fuego abrasador.
ResponderEliminarPENÉLOPE
ResponderEliminarLe dijeron que esperase, que se quedara allí quietecita, que enseguida vendrían a por ella. Lo que nadie le dijo es que aquello tan solo es una fotografía. Y ahí está, obediente, rígida como una estatua de sal. Lleva años así, como pasmada, esperando que aparezca no se sabe muy bien qué de entre las luces.
La estatua del empedrado
ResponderEliminarElla, la estatua del empedrado, como la denominan los curiosos vecinos que se acercan a contemplarla, jamás imaginó que una tarde cualquiera de agosto, al caer el sol y cruzarse con aquella extraña pero fascinante mujer de serpenteante cabellera que, rauda, cruzaba la avenida, comenzaría a escribir un nuevo destino.
Ciclo
ResponderEliminarLa sonrisa fue declarada en extinción. Ya no se les enseñaba a los bebés a sonreír. Por las calles deambulaban lánguidos seres oscuros. Llovía continuamente, porque las nubes, sobrecargadas de sonrisas muertas, lloraban sin poderse contener. Es que las sonrisas muertas hacen cosquillas. Eso retroalimentaba la tristeza. Pronto, las sonrisas fueron consideradas señales de rebeldía y por tanto, combatidas. Esa fue su salvación. Bastó con que unos jóvenes rebeldes se treparan al rascacielos más alto y sacudieran las nubes hasta vaciarlas. Nadie sabía muy bien cómo usar tanta sonrisa llovida del cielo, pero el sol, brillando despeinado, les enseñó.
Recién mudada
ResponderEliminarDesde que Pablo ha muerto, vivo en la ciudad más triste del mundo. Sus edificios grises, de persianas grises y habitantes grises no procuran solventar su ausencia. Se los agradezco. Deambulo anónima por las calles. Del trabajo oscuro a la casa silente. Del cuarto vacío a la oficina. Y de la oficina al buzón esperando encontrar una de sus cartas. Esas que envía a veces. Cuando sus ocupaciones de muerto se lo permiten. Luego me siento frente el papel en blanco y no consigo contestarle. Entonces especulo con que la muerta sea yo. Pero pronto lo olvido.
TIEMPOS DE CAMBIO
ResponderEliminarSiempre existe la posibilidad de ver la luz en medio de la penumbra; aquella luz, como un sendero, hacia un mundo compartido por todos y que todos rechazan. Ella eligió la simplicidad de la vida: el amor a sus seres queridos y la valoración de los pequeños detalles.
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ResponderEliminarEN MITAD DE LA NOCHE
ResponderEliminarSalimos de madrugada. Mamá se llevó a Marthe. Papá se fue conmigo.
–Nos reuniremos más tarde, Josée –me dijo mamá.
No entendía por qué habíamos tenido que dejar la casa en mitad de la noche. Las calles estaban muy oscuras. Caminamos y caminamos. Me dolían las piernas.
–Estoy cansada, papi.
–Vamos –me dijo, tirándome del brazo.
De pronto vi una luz.
–¡Un coche! –exclamé.
Papá se agachó y me dio un beso.
–Ahora vas a seguir tú sola, Josée. No te detengas. No te detengas ni mires atrás.
Fue la última vez que le vi.
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ResponderEliminarSABÍA DEMASIADO
ResponderEliminarIgnorando las súplicas de su sombra, la arrastró a la más completa oscuridad.
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ResponderEliminarEL DIÁLOGO INFINITO
ResponderEliminarUsted se aburre, se queja de su propio aislamiento. También compadece a ciertas personas que caminan por la calle hablando solas, mal entrazadas, gesticulando o riendo sin tregua. Sin embargo, están acompañadas continuamente por interlocutores invisibles. Discuten con ellos, comparten opiniones o no, los insultan, ríen con sus bromas, se enamoran, los odian. Y porque los vericuetos de la imaginación son un laberinto sin fin, estas personas siempre tendrán a alguien cerca. Usted, por ser cuerdo, no.
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ResponderEliminarLA CHICA DEL TUNEL
ResponderEliminarDesde esa noche, una leyenda urbana habló de ella.
NOCHES DE LUNA
ResponderEliminarSiente la necesidad de salir a la calle en esa hora mágica de la oscuridad rotunda. Sin saber que él también pasea por el mismo lugar. A la luz de la luna, como sombras extrañas que reflejan sus ojos de fuego. La naturaleza manda : sin resistirse, se dejan llevar. A poca distancia, un hombre les mira.
-Gatas en celo, noches de luna, murmura mientras abre la puerta del bar.
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ResponderEliminarMiedos
ResponderEliminarAún hoy esta imagen me atormenta. Y no es porque recordé mi antiguo miedo a la oscuridad, a las calles desiertas, al eco de los propios pasos que esconden los ajenos, a la muerte trágica, sino por la paralizante convicción de saber que las historias escritas, en torno a ella, son mejores que las mías.
Amistades peligrosas
ResponderEliminar-Juguemos a las escondidas- le dijo al oído. Ella se levantó, le dio la mano, y juntas fueron hacia el rincón donde las sombras se ocultan. La niña no aguantó más,el terror carcomía su inocencia, decidida prendió una luz y, sin pensarlo, se desvaneció al instante.
CUANDO SE APAGA LA NOCHE
ResponderEliminarDe un trago apura Rai el ¿décimo? chato de clarete mientras el mesonero baja la persiana del bar. Pese al frío de afuera, no se abrocha la chaqueta. Desde lo de Elisa, no acierta ni con los botones ni con las teclas del ordenador. Murió con ella la poesía.
Junto a un contenedor de vidrios, se lía un cigarrillo. La puta apoyada en la farola de enfrente le ofrece lumbre con su mechero de Betty Boop.
Como tantas otras noches, sin quererlo, sin buscarlo, se deja seducir.
Y juntos, arrastran sus sombras tambaleantes por el empedrado húmedo de la ciudad.
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ResponderEliminarEl lado oscuro
ResponderEliminarLas dos caminaban lentamente atravesando las estrechas callejuelas de la Ciudad Vieja. Mientras los pasos firmes de la joven iban rompiendo el silencio, su sombra aprovechaba la oscuridad de la noche para ocultarse. Para no seguirla.
Nada pudo hacer por evitarlo. Bastó la tenue luz de la vieja farola que alumbraba aquel lóbrego callejón para descubrir su cara oculta.
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ResponderEliminarZombi
ResponderEliminarEn la calle mojada se reflejan las sombras de los zombis de la noche. El aroma de la muerte y de la carne en descomposición guían sus pasos.
A nadie extraña que acompañe a las niñas hasta sus casas. Luego regresa a la iglesia donde esconde sus miserias y reza lloroso para purgar los pecados que oculta bajo la sotana. Nadie mira jamás a los ojos de las niñas. Por eso nadie sabe nada.
ResponderEliminarUNA NOCHE CUALQUIERA
ResponderEliminarLas vio llegar de la mano y supo que apartarían sus miradas con absoluta naturalidad. Así que ni se molestó en disimular. Terminó el cartón de vino y eructó con todas sus fuerzas, incluso se hizo daño en la garganta. En mitad del eructo se le escapó un pedo que daba un toque musical a su composición. Cuando pasaban a su lado no pudo reprimir una sonrisa maliciosa. Era la primera vez que no se avergonzaba delante de su ex.
AÑOS
ResponderEliminarMi sombra —mucho más larga ahora— sigue transitando los mismos temibles adoquines de siempre, sólo que mi mano extendida no encuentra tu protección al final del recorrido.
Me teñí de un ambiente de penumbra cuando decidí seguir esos gritos ahogados convertidos en murmullos reverberantes. ¿Niños pidiendo auxilio? ¿Correteando? ¿Jugando? Entonces, la frontera dibujada entre la pálida claridad que me empujaba y las lóbregas sombras que me hablaban me paralizó con una mano helada en el pecho y el vaho de un aliento de azufre en el rostro. Los chiquillos, ¿pedían auxilio? ¿Lloraban? Empalidecí. La cobardía (o quizás la negación de lo oculto) le ordenó a mis pies girar hacia la seguridad de la luz, donde los fantasmas se disuelven, sucumben y dejan de penar.
ResponderEliminarSU SOMBRA
ResponderEliminarSu sombra la iba guiando a medida que avanzaba. La oscuridad lo abarcaba casi todo dejando muy poco espacio a la luz. El temor de ver otra sombra que no fuera la suya la acompañó todo el trayecto. Por primera vez su sombra oscura y escurridiza se había convertido en su mejor compañía y en la seguridad de que mas nadie la acompañaba en aquel difícil y misterioso camino, el que necesitaba transitar sola para llegar a su destino.
María de la Luz (13 de Agosto del 2015).
LA NIÑA DESAMPARADA DE LA NOCHE
ResponderEliminarSegún el informe, todos los pacientes se habían cruzado con aquella misteriosa chiquilla en la penumbra de aquella escondida calleja, bajo el cobijo solitario de la noche. Siempre según sus versiones, la chiquilla desamparada les cogía de la mano, muda, como sonámbula, y los guiaba, a través de un trayecto de ensoñación, a un lugar desolado y brumoso donde permanecieron perdidos y errabundos durante diez años.
No supieron dar más explicación a su regreso, sólo pedían que por favor les soltasen de aquella niña silenciosa de la mano.
INTERCAMBIO
ResponderEliminarLas sombras de X e Y decidieron intercambiarse, mientras sus dueños aguardaban la llegada del autobús en una parada. Sucedió entonces que X, introvertido y depresivo, adquirió el carácter jovial de Y mientras éste perdía el optimismo, sumiéndose en una profunda apatía. Solo la aparición de la sombra de la joven Z consiguió reavivar el espíritu de aquel hombre deshabitado.
LA SENCILLA REALIDAD
ResponderEliminarQuienes dicen que las sombras se desvanecen al atardecer, ignoran que son esas siluetas negras las que huyen de los cuerpos para crear la oscuridad. Y las de aquellos que nos van abandonando, viajan más allá de los sueños para convertirse en esas estrellas que iluminan nuestras noches tristes.
"Vértigo o contemplación"
ResponderEliminarNo sabe todavía si está de pie o acostada, cuál es la alucinación y cuál, la pose precisa de su cuerpo, la disposición exacta de los músculos para la contemplación o para la huida. En breve decidirá cerrar los ojos y correr como si huyera de lo que verdaderamente huye y como quien confía en que se es distinto entre cosas distintas. Detrás irán sombras incansables. Tal vez la mujer descubra, a tiempo, la risa que la salve.
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ResponderEliminarEn fiestas
ResponderEliminar- La noria no está por aquí…
- Verás que sí, cariño. Tú no me sueltes la mano y llegaremos enseguida…
Ya no se escuchaba el sonido de la feria y la niña se detuvo en seco. El callejón estaba oscuro. Él tiró de su mano sin transmitirle la ansiedad que lo consumía. No quería asustarla.
- Quiero con mamá…
Se acuclilló a su lado. El aliento a alcohol hizo que la niña frunciera la nariz.
-Tío, vamos con mamá…
Él tapó su boca con una mano mientras con el otro brazo la cargaba pisando los adoquines oscuros.
EMPEDRADO
ResponderEliminarUna sombra llena de inquietud, tornasolada de zozobra, baña el adoquín de noche, de susurros y de pasos.
ResponderEliminarQUEBRADO SILENCIO
En la fría ronda, un gemido turba el silencio y desequilibra el sueño de los mortales. Unos pasos acelerados rompen el pavimento, abandonando un hendido y cálido cuerpo en el oscuro e impasible aliento de la noche.
Los duelos son pozos que exhalan misericordia, amor, odio. No golpees la madera que no siente, ni llores sobre hombros inexistentes. Márchate y entonces verás que la fuerza de la imaginación te devolverá flores amarillas. Tómate de esa mano amiga que te protege, camina entre las penunbras de tu alma y verás entonces la luz divina que aclarará tus dudas. No temas, es solo un duelo, ya pasará....
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