Por haber amado tanto, se había quedado sin rostro. En un
comienzo caminó con la cara escondida entre manos y turbantes, pero se sentía
excluida del mundo, en una ciudad lejana, consiguió a un alquimista que le
preparó una pintura especial. Al maquillarse con ella, todo cambió. Algunos sonreían
al verla, otros mostraban perplejidad y asombro. Si bien es cierto que muchos
huyeron despavoridos, otros intentaron besarla. Desde entonces no pasa
inadvertida. Alrededor de ella se ha creado una leyenda, la llaman Mujer
Espejo.
Emilio Del Carril, Latitudes 18.5. Antología de la primera
década de la maestría en Creación Literaria Universidad del Sagrado Corazón, 2014.
Como siempre, un placer leerlo a Emilio. La mujer espejo es reflejo de su buen hacer.
ResponderEliminarCariños,
Mariángeles