Comité Editorial

7 de julio de 2015

La mujer sin rostro

Por haber amado tanto, se había quedado sin rostro. En un comienzo caminó con la cara escondida entre manos y turbantes, pero se sentía excluida del mundo, en una ciudad lejana, consiguió a un alquimista que le preparó una pintura especial. Al maquillarse con ella, todo cambió. Algunos sonreían al verla, otros mostraban perplejidad y asombro. Si bien es cierto que muchos huyeron despavoridos, otros intentaron besarla. Desde entonces no pasa inadvertida. Alrededor de ella se ha creado una leyenda, la llaman Mujer Espejo.


Emilio Del Carril, Latitudes 18.5. Antología de la primera década de la maestría en Creación Literaria Universidad del Sagrado Corazón, 2014.

1 comentario:

  1. Como siempre, un placer leerlo a Emilio. La mujer espejo es reflejo de su buen hacer.
    Cariños,
    Mariángeles

    ResponderEliminar

Los comentarios anónimos serán eliminados. Gracias por su comprensión.