Termina el calendario. El tiempo se desliza veloz y metálico como el filo de un cuchillo. Los acontecimientos apelan a la demolición total o a la derrota. La única forma de vencer es dejarnos arrastrar y empujar por la urgencia. La acción precede al plan. El lenguaje a la palabra.
Lo inexcusable, lo vital, es limpiar la historia de los fósiles de carne y hueso que lastran sus páginas. Comenzar la siguiente hoja en blanco sin condiciones ni pesos.
No somos narradores sino meros copistas.
Los párrafos que titubean y se interrumpen de un tajo, las páginas que arden cuando la punta de la pluma llega al rojo vivo, los tachones de sangre, son obra de la única fuerza capaz de disolver el orden existente. Su autora es la revolución.
Apenas somos más que muñecos en sus manos. Si en el futuro los libros de Historia hablan de un tal Robespierre será ella y no yo la culpable. Ella y jamás el pelele cuya cabeza descansa al fondo de la cesta hoy, 10 de Termidor del año II desde el fin del calendario.
Manifestaciones a pie de página de la Historia, esta semana tendremos los cuentos de Luis Britto García y de Juan José Arreola. Y disfrutaremos los tuits de @Bruno_Kaz.
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