He salido un momento a pedir la mano de Rosaura, la hija del sastre. Llevo demasiado tiempo solo.
Si acepta, huiremos juntos de la ciudad, nos casaremos en la primera iglesia que encontremos en el camino, y tendremos dos hijos. Al mayor lo llamaremos Anselmo, por mi abuelo.
De lo contrario, volveré en cinco minutos.
Disculpen las molestias.
M.

¡Qué bueno...! 😁😁😁
ResponderEliminar¡Qué bueno...! 😁😁😁
ResponderEliminarSe ha hecho "viral" como se dice ahora este relato, escrito por su autora hace unos años y publicado en una edición coletiva, la he estado escuchando hoy en la radio.
ResponderEliminarEs muy bueno...
Excelente, así de simple.
ResponderEliminarExcelente, así de simple.
ResponderEliminarExcelente, así de simple.
ResponderEliminarSi. Realmente excelente y divertido.
ResponderEliminar¡Hermoso!
ResponderEliminarLa pregunta es cuánto tiempo lleva colgado el mensaje en la puerta de ese comercio, si le saldrían bien los planes a su autor, si ya habrá por este mundo un nuevo Anselmito gateando por el parqué de su casa, o si estará haciendo grafitis en los vagones de metro, o preparando unas oposiciones a notaria. También surge la duda de si nuestro protagonista volverá a coger las riendas de su negocio si el tiempo de ausencia es superior a los cinco minutos o, aunque no sea capaz de concretar sus planes, se empeñará en no faltar a su palabra. Lo dejo que me estoy liando y la historia, en cualquier caso, es genial.
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