Continuando con nuestro proyecto “CALENDARIO MICROCUENTISTA 2016”, les proponemos la siguiente imagen como disparador al concurso de microficciones del mes de septiembre.
Recibiremos en el cuadro de comentarios de aquí abajo, hasta el 30 de septiembre de 2015, las microficciones de todos los interesados en participar. Los textos recibidos deberán cumplir con las siguientes Bases y Condiciones:
1. Podrán participar personas de cualquier nacionalidad mayores de 18 años.
2. El tema del concurso será libre, aunque debe estar relacionado de alguna manera con la imagen propuesta.
3. La microficción deberá estar escrita en castellano y ser inédita: no puede haber sido publicada con anterioridad en ningún espacio físico (libros, revistas, prensa, etc.) ni virtual (blogs, revistas digitales, portales web, etc.). Tampoco podrá estar participando en otro concurso ni esperando fallo de un concurso de la actualidad.
4. El texto no podrá superar las cien (100) palabras. Cada concursante podrá enviar hasta tres (3) microficciones en cada concurso mensual.
5. Las microficciones deberán ser publicadas dentro del espacio previsto para "Comentarios" al pie de la entrada en la que se publica cada foto.
6. La fecha límite de recepción de microficciones será el último día de cada mes.
7. Vencido el plazo, un jurado invitado elegirá cada mes al texto ganador y dos menciones especiales. Los tres textos seleccionados serán publicados en la Internacional Microcuentista. Los resultados se darán a conocer en el transcurso del mes siguiente.
8. A fin del 2015, la Internacional Microcuentista elaborará un calendario digital, de distribución gratuita, que contendrá las doce imágenes con los doce textos ganadores. También podrá imprimirse en papel.
9. El envío de trabajos implica la aceptación total de estas bases y la eventual inclusión de su microrrelato en el "Calendario Microcuentista 2016".
10. Las microficciones que no cumplan con estas Bases no serán tenidas en cuenta para el concurso.
La imagen correspondiente al mes de septiembre de 2015 es de la fotógrafa mexicana Rosa Delia Guerrero.
Los invitamos a participar dejando sus textos como comentario. ¡Anímense!

Pues no veo la imagen...
ResponderEliminarRecarga la página, Anna. A mí sí que me aparece la imagen.
EliminarMi cruz de olvido
ResponderEliminarLa barca en que me iré está varada en las desiertas calles de Ciudad Esperanza. He querido marcharme y abandonar para siempre esta terrible propensión al fracaso, pero cada vez que lo intento hay un clavo enterrándose en mi corazón. Hoy, por ejemplo, tengo mi boca pegada a tus labios.
El mapa del teroso
ResponderEliminarDescendió de la chalupa y se apresuró a esconder el botín en aquel paraíso fiscal.
Naufragio
ResponderEliminarNoé, ante la negligencia de Dios, heredó el arca más grande del mundo: la iglesia.
En ese tiempo, el mar todo lo ocupaba. Las casas de la gente, su trajinar, el propio cielo.
ResponderEliminarEl mundo cabía en un solo lugar y no existían fronteras. Por eso no fueron necesarios gobernantes, milicias, partidos políticos.
Dicen que fue el armagedón. Un día las temperaturas subieron tanto que se evaporaron las aguas y el mundo se volvió diferente. La gente de ese tiempo tuvo que morirse, incapaz de adaptarse, para que una nueva especie ocupara su lugar.
Quedan estos artefactos. Vehículos con que la nueva cultura aplacaba la sorda nostalgia que le inspiraban las sirenas y los peces.
Lo que traían las olas
ResponderEliminarDurante la noche anterior el oleaje golpeo nuestras paredes, abría y cerraba las puertas de madera de los ventanales, nos sacudía desde afuera, nos bautizaba desvelados. Al amanecer, canoas multicolores descansaban en las calles, habían dejado de protestar. Atemorizadas nos dimos cuenta que éste ya no era nuestro pueblo, ahora les pertenecía, ahora ellas pescaban hombres. Los devolvían al mar.
“Historias de pueblos costeros”
Edwin Uribe
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ResponderEliminar"Oxímoron"
ResponderEliminarEl sol cegador del mediodía nubla mi mirada. La imagen de la calle que se proyecta ante mí no dibuja sombras, ese es el secreto de tu mirada a las 12. Tanta luz oscura impide ver la realidad.
Sueños grises
ResponderEliminarEn mis sueños siempre aparecía una barca. A veces repleta de pasajeros, otras yacía sola, perdida. De la tranquilidad al sosiego. De la abundancia a la austeridad. Esa barca era mi destino. En el último sueño ya no había mar, ni ríos, ni un mísero charco del que poder beber. Acabé como acabamos todos, varada en un callejón sin salida, como un hámster dando vueltas en la misma rueda toda su vida.
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ResponderEliminarDE TOUR POR LESBOS
ResponderEliminarAl dejar atrás la playa y llegar al puerto cesaron los «clic, clic» de las cámaras fotográficas. Los quince turistas que habían contratado la visita guiada comenzaban a impacientarse: unos insistían en continuar; otros aprovechaban para fumarse un cigarrillo mientras husmeaban con descaro en las casitas de pescadores. Pero el murmullo general era de descontento.
—Está demasiado bien conservado, sin desconchones ni abolladuras ni vías de agua… No creo que este bote sea de un naufragio. ¡Vaya timo!
Ante la insistencia del grupo, Andreus, el guía, no tuvo más remedio que reiniciar la marcha.
Y callarse lo de aquella patera.
DESEO MAL EXPRESADO
ResponderEliminarHabían naufragado los cuatro en un bote de paseo. Los buscaron durante semanas con helicópteros, buzos y lanchas. Las radios comentaban todo el día “Continúa la búsqueda del bote…”.
Por las noches, Ana, de cinco años, le rezaba a su amuleto mágico. Una noche, apareció el genio y le preguntó:
—¿Qué deseas?
—¡Que aparezca el bote! ¡Que aparezca!
A la mañana siguiente, su deseo fue cumplido.
Paso toda su vida en el mar... es más, nació en altamar, a bordo de un barco pesquero, en una noche de tormenta. Sus padres murieron y él fue el único naufrago que se salvo de tan terrible muerte.
ResponderEliminarMuchos años después, la vejes le impide regresar a disfrutar de la brisa marina, la puesta de sol y la compañía inexplicable que lo cuida en sus largas travesías. La pequeña barca en su puerta espera el día señalado para llevarlo a donde se encuentra su añorada familia. Y juntos navegaran asía el horizonte, en busca del descanso eterno.
Luis Eduardo Sanchez
ResponderEliminarLa barca de la muerte, aguarda pacientemente en las afueras de aquel hospital
Espera que su dueña regrese de su caza diaria. Con una que otra alma, que en este mundo ya no sea necesaria.
Luis Eduardo Sanchez
UNA DE TANTAS
ResponderEliminarSoy una barca varada en la calle que huyo del mar. Aparco mi tristeza apoyada en el cemento, porque la dureza del asfalto me parece más soportable que volver a surcar los mares en otra travesía mortal.
FELONÍAS
ResponderEliminar“Mi libertad” se lamentó de haber confiado en la vela y el viento, tras haberse recogido en una calle con la embustera tierra con quien se entretuvo por un tiempo.
DELIRIO
ResponderEliminarAl ver su barca se le nubla la mirada. La pared sobre la que la apoyó se encorvó maliciosamente para destruirla. Gotas de sudor resbalan por su rostro, se estremece, se paraliza. Ya no habrá mar ni río, no habrá almuerzo ni cena.
AMORES INCREÍBLES
ResponderEliminarJunto al caserón reposa mi barca, la que sabe mi secreto. El que nunca conté a los pescadores, pues ellos no creen en bellas sirenas.
INFORTUNIO
ResponderEliminarLa barca le habla del mar a aquel marino en desgracia, que ahora quiere embarcarse al sentir bajo sus pies lo insondable de aquella calle.
SIN FUERZAS
ResponderEliminarEl anciano retuerce la foto de su barca abandonada. Se enfurece con el muro que la sostiene. La pared y la barca cobran vida y se conmueven. Se arquean como la espalda del viejo pescador para consolarlo.
VIAJES
ResponderEliminarCaronte se hartó de navegar guiando a tristes difuntos siempre de un lado a otro de la laguna.
Dejó la barca a la puerta de casa, mientras pintaba un cartel de ‘Se alquila’.
Necesitaba jubilarse y celebrarlo con unas vacaciones. Tal vez un largo crucero por los fiordos noruegos le sentaría bien.
ZOZOBRA
ResponderEliminarSin remos, ni vela, ni motor, me siento más segura apoyada en tu muro.
Durante mucho tiempo su recuerdo estuvo varado en una esquina de su corazón. Cuando por fin anunciaron su amor al mundo entero, la barca se los llevó mar adentro. Su isla soñada les estaba esperando.
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ResponderEliminarAMAR EL MAR.
ResponderEliminarLe llamábamos jocosamente “el Argonauta” porque, viviendo en el interior, había comprado una chalana. Enamorado del mar, cada mañana subía a bordo y fantaseaba con el Caribe.
Un camión arrolló su embarcación. Su cuerpo salió despedido para luego precipitarse y sumergirse en el asfalto. Lo vimos hundirse, anquilosado como peso muerto, pero inesperadamente comenzó a bracear y su cabeza boqueando emergió del pavimento.
En vano le arrojamos una rueda de repuesto: Antonio estaba ya chapoteando en puro éxtasis, cruzando a crol y mariposa la calzada, buceando maravillado, haciendo volteretas, ajeno incluso a la aleta amenazadora que avanzaba por la avenida.
Luz Leira Rivas
Parpadeo visceral
ResponderEliminarHabía dejado el rastro que siguió el celador. El espeso aire caliente que bufaba por el dolor, quemó su garganta. Le habían gritado: «Detente». Era imposible salir de la ciudad. La detonación volvió a escucharse muy dentro de su cuerpo. La bala era un pez escabulléndose en una corriente negra y hedionda. Sus entrañas no supieron mirar en ese instante, y la ventana del dolor iba cerrando su cristal; todo se detuvo gris. La barca. ¡Todos esos meses! Y ahora accionaba…: «¡Pum!». Sólo retrató el momento con el ojo abierto de su abdomen.
Los Pescador.
ResponderEliminarSobre el adoquinado de una apartada calle yacía un bote de pesca. La noticia había corrido rápidamente por Villaseca de los Páramos. Cómo en un lugar a 1000 kilómetros. del mar y con su río seco podía haber una barca. Todas las miradas se dirigían a la familia Pérez Pescador que acababa de instalarse en la casa colindante, pero nadie se atrevía a preguntarles. Así entre dimes y diretes amaneció y de la casa salieron tres personas, llenaron la barca de tierra y plantaron numerosas flores. Habían decidido dar vida a una calle oscura y sin encanto.
El día en que naufragamos
ResponderEliminarElla sólo me visitaba cuando la luna llena y el mar se acariciaban en el horizonte. Entonces se oía un ¡toc- toc! en el ventanal y un ¡pum-pum! en mi pecho.
Antes de que amaneciera, empujaba la barca hacia la costa, tomaba el remo y navegaba hasta llegar a la boya. Allí se despedía con un beso, dejaba perlas en mi boca y llamaba a nuestros hijos.
En las noches, cuando la luna llena y el mar no se acarician, el viento carga de sal sus llamados, los convierte en lamentos. Los mismos que escuché el día en que naufragamos.
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ResponderEliminarEl marino.-
ResponderEliminarDesconozco mi nombre, aunque todos me llaman Cocoliso. Recuerdo a mi madre, leyendo una y otra vez las misma viejas cartas impregnadas todavía del olor a tabaco de pipa. Pero, existió de verdad aquel marino ?
EFECTOS COLATERALES
ResponderEliminarAtracó su barca a la puerta de la casa del viajero al que iba a buscar. Pero no le encontró. Oyó que alguien había ordenado a Lázaro levantarse y salir andando, así que Caronte tuvo que volverse de vacío.
Vía de agua
ResponderEliminarSi me recuesto de lado, escucho perfectamente el rumor de las olas muriendo en la orilla. Eso me calma. Sin embargo, tengo que levantarme del banco y seguir gritando por las calles, una ayuda, algo para comer, he naufragado en esta ciudad y no entiendo su color. Nadie me suele prestar atención. A veces nado hasta los suburbios y espero a que sea de noche para tratar de pescar en los grandes bancos de desechos. Es inhumano, pero resisto, porque sé que un día lograré reparar mi bote y todo volverá a ser azul.
Almu Ballester
A LA DERIVA
ResponderEliminarSin rumbo claro voy dando bandazos entre el oleaje de la vida. Nadie me espera en ningún puerto.
Mis redes, descosidas, están vacías de ilusiones. Las velas, antes infladas por el viento del futuro, están hechas jirones por la desesperanza.
Soy un náufrago perdido en la inmensidad del océano del mundo.
Quizá nunca vuelva a tocar la tierra de la cordura, navegando en círculos por un infierno habitado por una fría paranoia.
DESIGNIOS.
ResponderEliminarLos hijos de pescadores son huérfanos de nacimiento. Pierden al padre cada día, porque faena, regresa cansado y duerme para poder despertarse antes de que asome el sol. A los hijos de pescadores únicamente los abrazan sus madres, y las nanas que les cantan siempre saben a ausencia. A menudo las barcas zozobran sin dejarles siquiera la espuma de unos cuantos recuerdos celestes.
Pero los hijos de pescadores cumplen fielmente con un extraño designio salino, y sus mujeres, melancólicas, acaban pariendo solas a otro hijo de pescador. Algunos creen que es la genética.
Otros ya saben que es el mar.
Luz Leira Rivas
LA BARCA.
ResponderEliminar—Existe un fascinante fresco copto de Chelias, en el Alto Egipto, que representa una barca en forma de media luna, a bordo de la cual tres personajes se dirigen irremediablemente hacia las fauces de un monstruo antropófago. La figura central mira de frente, iluminada, serena frente al inexorable destino. A ese hombre no lo ha doblegado la muerte, mamá: es un héroe.
Ella asiente, orgullosa del hijo erudito, pensando que compensaron tantos sacrificios económicos y días de nostalgia aguardando que su marido regresara del mar. Aunque a veces no consiga entenderlo del todo.
—Entonces… ¿lo encontraron vivo?
—No, mamita. No.
Luz Leira Rivas
Reencuentro
ResponderEliminarLa barca quedó ahí, al costado de la casa. Nadie volvió a navegar en ella. La viuda del pescador la mira cada mañana pero no siente tristeza, porque sabe que algún día la arrastrará hacía la playa, se internará en el mar e irá a reencontrarse con su compañero.
Renate Mörder
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ResponderEliminarPAVESAS
ResponderEliminarMe muestras su nombre pintado en tu proa y me inundo de soledad.
Me recuerdas tardes de pesca pretendiendo acortar distancias al tirar el sedal. Horas de inútil espera.
Acompáñame a casa que estoy rendido. Dejemos que ella repose en el mar.
Nunca más volverá a picar mi anzuelo.
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ResponderEliminar
ResponderEliminarMIRADAS
Dios mío, es cierto que me llevan mirando mal desde el último invierno, pero Señor, no se lo tengas en cuenta. Ni a la madre abadesa, siempre tan preocupada por la correcta observancia de las reglas del convento, ni a mi compañera de celda, la hermana Virtudes, que al fin y al cabo admitió que yo amarrase una barca a nuestra celosía; ni a sor Casilda, tan viejecita ya. Además, la lluvia que nos bendice desde hace días me dice que las otras también van a cambiar, que muy pronto me van a mirar con otros ojos.
GRACIELA REVECO MANZANO
ResponderEliminarTIEMPO INERTE
Salí de casa muy temprano, rumbo a la barca del lago. Preparé las cañas, arrojé los anzuelos y las abracé esperando. Me quedé dormido y un brusco tirón de la tanza me arrojó al agua. Solo recuerdo de eso que al emerger no vi la barca, ni la misma luz de la mañana. Nadé perplejo hasta la orilla y regresé a mi casa. Allí estaba, rancia, sucia, mal encallada. Duele la barca en mi vereda. Duele en mi corazón debajo de la vieja ventana. Un ligero transeúnte se quejó de ella: ¡Tantos años estorbando en esta casa solitaria!
La siesta
ResponderEliminarA pesar de sus muchos años entró en ella, el olor a pintura nueva no ocultó el de su abuelo. Cerró los ojos. Un aroma a sal y a pescado fresco se elevaba de la panza tibia de la barca, el mismo de su niñez. Sonrió. El sol de la tarde hizo de manta... «Boga, boga, mariñela, mariñela» canturreaban voces conocidas y las redes se sumaron a ellas con su silbido marino... Se acurrucó... El agua salpicaba su cara de niño... La mano callosa de su abuelo la secaba...
—José —dijo el dueño de la barca —, despierte.
ESPERANZAS
ResponderEliminarAhí está mi barca de sueños. Mañana navegaré por cielos nuevos.Buscaré la calma. Esquivaré las tormentas. Disfrutaré los aromas de esta fiesta. Desataré caminos con esperanzas. Cristina Noguera.
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ResponderEliminarDEL OTRO LADO DEL MIEDO: EL MAR
ResponderEliminarSus olas, mareas… Su punto exacto de azul encuadrado en la ventana. Tantas veces lo ha mirado que, podría decirse, conoce el mar de memoria.
De memoria, también, conoce la barca. Esa que reluce, de proa a popa, sin una sola astilla.
Y el ancla... ¿qué decir del ancla?
¿De esa que la retiene… de este lado del miedo?
©Mariángeles Abelli Bonardi
14 de septiembre de 2015
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ResponderEliminarSELENE y ESTRELLA
ResponderEliminarNi la luna con su luz alumbró lo suficiente aquel día. Cuentan que todavía sigue buscando a su hombre. Al hombre que abandonó la barca. Las mudas tablas se quedaron al abrigo y amparo de una pared indeleble, rellena de salitre amarillento por los años.
Selene siempre la acompaña, en las noches gélidas, en las noches cálidas.
Cuando va Estrella sigue sin entender la escena. Ni siquiera su sombra disipa la idea de tan convulso final. En el territorio de los sueños, sólo él sabe dónde está. Desapareció rápido cómo un suspiro. Ella vuelve como la luna cada mes.
Carmen Martínez Marín
COMPRAME UN REGALO
ResponderEliminarTe dije un regalo del "Barça"
PROPIA
ResponderEliminar“Mi propia barca construiré” decía una vieja canción en la radio. El discurso del cura en la misa del domingo, hablaba de la barca de Pedro, el pescador de hombres y padre de la Iglesia. Las noticias hablaban de las barcas cargadas de esperanza de emigrantes hacia un nuevo mundo…
Ante tantas expectativas y aura mágica que parecía desprender aquel objeto, construyó su propia barca y sintiéndose orgulloso de su obra, la ancló a la verja de su ventana, dejando estupefactos tanto a vecinos como a los pocos turistas que arribaban a aquella humilde villa de la meseta manchega.
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ResponderEliminarUna vez superado el emotivo capítulo del reencuentro y hasta lograr el perdón de su esposa por tantas noches de insomnio, Odiseo tuvo que dormir en su barca.
ResponderEliminarExtremaunción
ResponderEliminarCon el último suspiro de lucidez que la fiebre le permitía, nos reveló su urgente deseo: ver el río de noche. Mamá me miró asustada, era evidente que no podría resistir el viaje. Así que luego de una imprevista reunión familiar, organizada entre susurros, decidimos empujar la canoa hasta la puerta principal. La complicidad de los vecinos estuvo a cargo del resto. Sobre la embarcación de madera, Inés dormía de cara al cielo. Hoy, cuando el recuerdo me lleva de paseo por las calles de la infancia, aún levanto los pliegues del pantalón y, enérgico, decido enfrentar el suave oleaje.
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ResponderEliminarMalas noticias.
ResponderEliminarDesde tu partida, la barca llevaba mucho tiempo allí abandonada. Hoy, entre sus maderas gastadas por la lluvia y el viento he leído la carta que me remite tu hermana. No esperaba noticias tuyas, ni que fueran tan malas. Rezaré por ti y empujaré la barca mar adentro. Ojalá los vientos me sean propicios y encuentre nuestra isla soñada.
Marinero en tierra
ResponderEliminar-Elemental, mi querido Watson.
Viaje interior
ResponderEliminarDesde niña tuve muy fuerte la idea de escapar de allí. Del aire salobre, de las rejas de las casas, de las manos agrietadas oliendo a pescado. Casarme no me ayudó, pero todo cambió el día que supe de ti, camuflada en el positivo del control de la farmacia.
Subí ese día la barca desde el puerto a la pared de la casa. En las noches de suave brisa, la mecerá la luna para soñar juntas.
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ResponderEliminarFe
ResponderEliminarY cada uno de sus doce amigos ancló su bote en tierra firme, confiados en la promesa de que les enseñaría a caminar sobre el agua.
Fe
ResponderEliminarY cada uno de sus doce amigos ancló su bote en tierra firme, confiados en la promesa de que les enseñaría a caminar sobre el agua.
Varada
ResponderEliminarHace días que no me sacas a pescar. ¿Qué te ocurre, patrón? Aquí, junto a tu ventana, como mujer enamorada, te rondo, pero no respondes. ¿Qué va a ser de mí sin ti, pescador? ¿Has incumplido la promesa y te has ido sin mí?
En el sueño, que con los años se ha hecho recurrente, hay una barca blanca varada en la puerta de casa, una barca silenciosa, vacía, como embarrancada sobre el asfalto, una barca en dique seco que ya nunca podrá navegar. Esa barca seguramente soy yo.
ResponderEliminarCuando despierto y veo a mi mujer, aún durmiendo a mi lado, lo comprendo todo.
Es el naufragio, el hastío, la indiferencia en la que ambos vivimos, aquí en ésta cárcel, el bajo A del número 7 de la calle Corrientes.
Y si, tendría que haberme casado con Teresa.
No tuve valor.
En el sueño, que con los años se ha hecho recurrente, hay una barca blanca varada en la puerta de casa, una barca silenciosa, vacía, como embarrancada sobre el asfalto, una barca en dique seco que ya nunca podrá navegar. Esa barca seguramente soy yo.
ResponderEliminarCuando despierto y veo a mi mujer, aún durmiendo a mi lado, lo comprendo todo.
Es el naufragio, el hastío, la indiferencia en la que ambos vivimos, aquí en ésta cárcel, el bajo A del número 7 de la calle Corrientes.
Y si, tendría que haberme casado con Teresa.
No tuve valor.
PROPOSICIÓN
ResponderEliminarLa barca aparece varada en cualquier calle, frente a una puerta anónima cada siete años. Si al llegar a tu casa, mujer, la encuentras, puede que el Holandés Errante te esté esperando dentro.
Busca desde hace siglos -dicen que 1641- a una compañera con la que compartir su maldición de navegar y recorrer los océanos del mundo.
El no tiene tierras, ni dinero, ni grandes posesiones que ofrecerte, solo su barco.
Eso si, viajarás mucho… y vivirás siempre lozana, sin arrugas en tu rostro.
Más vale que te guste el mar.
MALDITO SUBCONSCIENTE
ResponderEliminarA medida que avanzaban por la angosta calle, el rostro del pequeño Omar palidecía con mayor intensidad.
–Papá, este año no iremos a la playa, ¿verdad?
Malik apretó con fuerza la manita de su hijo. Contuvo las ganas de llorar y dirigió su mirada al frente, buscando un horizonte mejor.
–No, hijo… Yo también prefiero la piscina.
Decían que no envejecía, pero no era cierto.
ResponderEliminarPeter Pan, milenario, murió feliz en la Laguna de las Sirenas hará quizá veinte años y los Niños Perdidos continúan su legado, junto a la fiel tripulación del Jolly Roger, recorriendo el mundo en barca para llevar a otros niños al País de Nunca Jamás. Albergan la esperanza de que jamás abandonen sus sueños.
Todo lo hacen en memoria de aquel que liberó al mundo del Capitán James Garfio.
Pero, recordad, todos llevamos dentro a un James Garfio implacable.
Sin embargo, se nos olvida. Acaso por eso envejecemos tan deprisa.
EL DILUVIO PROMETIDO
ResponderEliminarLas extravagancias de José El Tuerto eran conocidas, pero cuando colocó aquel bote en la vereda, en previsión de otro diluvio universal, desató las carcajadas de la ciudad. José permanecía horas en las ventanas de su casa, aferrado a los barrotes, aguardando la lluvia. Si el agua caía, subía a su barca, cubriéndose con un plástico negro. Todos pasábamos de excursión por su casa, al escampar. Tiempo después, sufrimos diez días completos de aguaceros, donde no abandonamos nuestras casas. Cuando cesó de llover, corrimos a la casa de José. Jamás volvimos a saber de él o de su barca.
LA SOLEDAD DESCUBIERTA
ResponderEliminarEn una calle de la ciudad, cerca del mar, en calidad de adorno, vive una barca de color blanco. Es un sencillo bote de pesca. Un guerrero en el retiro.
A veces, le llega la ligera brisa marina que acaricia su inamovible soledad.
Pero, una tarde, la brisa sopla con inusitada fuerza y logra balancearlo.
El leve golpeteo contra la pared se convierte, de pronto, en latido.
Por un instante piensa que va a renacer, pero es una sensación efímera como una ola.
Aguarda, en silencio, al mar que nunca llega, y se queda mirándolo con melancolía.
EPÍLOGO PARA HEMINGWAY
ResponderEliminarEl viejo se llevó al asilo todas sus pertenencias.
OFICIO
ResponderEliminarDice mi padre que esa barca varada, sin vocación de futuro, ha llevado a la ruina a todo el pueblo. Los más jóvenes fueron los primeros, peleándose por la rifa semanal.
Los marineros viejos les observaban, mientras Caronte elegía al más audaz. Pero hoy veo salir cabizbajo a mi padre y a mi madre, llorando, de negro anticipado. Ni soy marinero ni joven. Tal vez pueda engañar al destino, huir de casa, esconderme en los brazos de una mujer. Luego miro por la ventana y veo, una vez más, esa barca vacía.
PENÉLOPE
No lo aguanto más, que se vaya, sus idas y venidas interminables por la casa y la mirada como perdida en no sé qué olas. Que se vaya y no vuelva, que no quiero ver más esa barca contra el muro ni saber de rumores ni historias de mujeres que cantan ni de sus amigotes de farra marina. Que se vaya, que la vida de héroe no conoce descanso, y que no venga el otro a contar otra historia.
Hinamatsuri
ResponderEliminarCuando la abuela se fue de este mundo, Hiyori supo que debía correr por la aldea y no regresar hasta llenar su canasta con hinaarare. No tuvo suerte. Al anochecer volvió con las manos vacías. Con la mirada baja, acató la orden de su padre, desquiciado por el luto. Se vistió como una muñeca de papel, se paró delante de él y le dijo: Estoy lista padre, prepare la barca y lléveme al río.
“SECUESTRO”
ResponderEliminarUnos pescadores nos encontraron en altamar. A él lo subieron a bordo mientras gritaba que lo dejasen, que no necesitaba ningún rescate, que no se iría de aquellas aguas sin mí... Lo miraron con lástima. Luego vinieron los hombres de blanco y se lo llevaron; los ojos perdidos en el horizonte y los brazos cruzados al pecho como si fueran dos remos quebrados.
Con las últimas lluvias, he dejado su bote al pie de la celda. Volverán a inundarse las calles, y entonces arrancaremos los barrotes y escaparemos para buscar corales y jugar de nuevo con las otras sirenas.
CARONTE
ResponderEliminarCon el alma cansada, pendiendo de un hilo, se sentó en la ventana a esperarlo. “Al tren ya lo perdí, pero a la barca… esa sí que, por mi vida, no la voy a perder”, se juró la solterona.
©Mariángeles Abelli Bonardi
25 de septiembre de 2015
Dos islas
ResponderEliminarUn día cualquiera desapareció. No se embarcó buscando otros puertos. No me dejó palabras de despedida que recordar. Ni notas, ni besos de película, tampoco un modesto abrazo. Solo desapareció. Una mañana al sentarme en la cama, me di cuenta de que ya no estaba. Fue una certeza tan concluyente que no necesité cerciorarme ni intentar recuperarlo.
Desde entonces, compartimos lo estrictamente necesario: las cenas, la colada, sacar a pasear al perro y hacer el amor, los sábados por la noche quince minutos antes de las nueve. Así tengo tiempo de ducharme antes de que empiecen las noticias.
Pirata en ciernes
ResponderEliminarMamá dice que cuando papá se canse de navegar otros mares, regresará. Se lo dice a su amiga Renata, en voz baja, tomando café. Yo no sabía que mi padre tuviera barco. Lo imagino surcando el océano con su pata de palo, su parche, su loro.
- ¿Mamá, cuándo volverá papá? – pregunto.
- ¡Ese! ¡Ni me lo menciones! – contesta con su cara de enfado nivel “castigado una semana”.
Termino la leche y me meto en la bañera para practicar un poco. Tal vez mi padre, cuando regrese, me lleve a dar una vuelta manzana por el mar.
A la orilla
ResponderEliminarÉl nunca ha sido marinero. Ahora lo sabe, pero ya es tarde. La encandiló con atenciones, paseos por la playa, con su torso moreno. Ella le creyó. Creyó a rajatablas sus historias de tormentas y faros salvadores.
Ella nunca ha sido sirena. Ahora lo sabe, pero ya es tarde. Lo encandiló con su canto, su modo seductor de arrastrarse por la arena, su torso desnudo. Él le creyó. Creyó a rajatablas sus historias de barcos hundidos y silencio.
Ni marinero ni sirena. Ahora que se ven realmente, no hay vuelta atrás. Ya no saben vivir sin tenerse.
ResponderEliminarTRAS LA INUNDACIÓN
Tras la última inundación toda vida quedó anegada y ahogada.
Las calles del pueblo eran ríos que iban a desembocar al mar de la plaza mayor. Las fuentes estaban más rebosantes que nunca. Las casas se mostraban lustrosas, los muros ausentes de pintadas. Los jardines lucían un verde intenso y una frondosidad desmedida, y el silencio se hacia presente en cada momento, incluso la lluvia chispeaba tranquila.
Una barca quedó intacta tras aquel aluvión, pero se ancló lo más hondo que pudo, quería evitar a toda costa que una nueva reconquista de individuos volvieran a asolar aquella paz.
Tempestad
ResponderEliminarLlegaron a la par, el bote sin marino y el mensaje en la botella.
Tarde
ResponderEliminarPregunta el capitán: -¿Donde quedó el bote que mantendría al Titánic en perfecto equilibrio ante la adversidad de una colisión?
MACONDO
ResponderEliminarA través de las ventanas, los vecinos miraban con impotencia cómo el pueblo se iba desdibujando con cada nuevo chaparrón; el último los había tenido recluidos más de dos años, pero hoy, por fin, lucía un sol radiante.
Poco a poco todos comenzaron a salir de sus hogares con pasos indecisos y, en cuanto sus ojos oxidados se acostumbraban a la luz, se lanzaban a perseguir caracoles por las calles licuadas. Todos menos Melquíades que, ajeno al barullo, terminaba un nuevo capítulo.
Sendas marinas
ResponderEliminarFrente al mar, el traductor vertió las palabras del árabe: -Fátima cayó con el bebé por la noche en azul del océano ya la primera noche. Los gemelos se quemaron de sal, agrietados por la sed. Y yo, poeta de desiertos, abandono la barca porque hace aguas y la costa ya no debe estar lejos-. El funcionario dobló tras la lectura, la cuartilla rescatada de la botella encontrada en la barca y la metió en la carpeta. El bote quedó encallado en la playa y se procedió a tapar con una lona el cuerpo sin vida del hombre indocumentado.
El caserón y la barca
ResponderEliminarÉl escuchó los ansiados sueños de libertad que ella le ofrecía. Ella creyó que él podía protegerla. Unieron entonces sus destinos; la quilla de ella apoyada en las paredes de él. Pasados muchos años, aún se les puede ver unidos. Ella, aunque deslucida permanece orgullosa. Él, desconchado pero imponente, sigue arropándola con su sombra.
PREVISIÓN
ResponderEliminarCada vez que la contradigo, mi mujer se deshace en un mar de lágrimas. Pero hoy lo tengo todo controlado: saldré de juerga con los amigos sí o sí.
Celos
ResponderEliminarSu autoestima en estado tan precario, no le permitía confiar de su esposa. Al final de la jornada de arduo trabajo, recogía las redes y remaba, remaba a toda velocidad, hasta la puerta de su casa.
EL EMISARIO
ResponderEliminarEl graznido del cuervo les avisa para abrir la puerta. Se acerca con el ojo de cristal bien sujeto en el pico. Guarda la imagen de lo último que vio el pirata antes de caer por la trampilla abierta a sus pies: la barca en la que sus mejores hombres llegaron tarde, como siempre, para cumplir su orden de abrir las rejas del presidio y cerrar las del infierno.
EL NÁUFRAGO
ResponderEliminarEl náufrago se hizo a la mar de buena mañana en su pequeña barca, dejando atrás su patria, sus bondades, sus miserias, sus recuerdos, sus vacíos, en fin, todas esas pequeñas cosas que uno deja tras su estela cuando se es náufrago en tierra, para arribar a lejanas y desconocidas costas, tal vez más cálidas y propensas a las bienvenidas; y por eso, porque sólo se había guardado en su maleta el tal vez, arrastró sin disimulo la barca tras de sí hasta su nueva casa, por si en un futuro le hiciera de nuevo falta.
Jerga marinera
ResponderEliminarLa policía ha incautado su barquita a unos traficantes de poca monta. El juez ha preguntado, por aquello de preguntar, si el alijo iba a proa, popa, babor o estribor. Los uniformados le han dicho que responderán mañana, cuando observen a conciencia la barca que tienen retenida en el cuartel. Era para pedir tiempo, porque el cabo Elías ya sabe que estas cosas tan complicadas se resuelven mirando antes en Internet.
ABANDONADO COMO LOS MUELLES EN EL ALBA
ResponderEliminarAún es de noche. Intento dormir pero no puedo. Arrinconado contra la pared veo la extensión de la cama y no sé cómo llegar al borde. Me arrastro, salto, voy hasta la biblioteca y busco el libro. No está.
La brisa salada trae hasta mi ventana la misma canción: que te has ido. Lo repite el mar, el viento, las hojas del cocotero.
Regreso a la cama. Cierro los ojos y te veo. Lees. Los poemas de Neruda emergen de tus labios como agua pura.
Varado en ti, espero el arribo del amanecer.
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Carlos Castillo Quintero
carjoscas@yahoo.es
Barca del desierto
ResponderEliminarDescansaba la caprichosa figura sobre el muro viejo. Su sombra era hilvanada por cada paso del sol. La pintura carcomida en su torso susurraba el castigo propiciado por las olas de arena. El roble seducido por el desierto, se erguía ahí, en forma de balsa. Así hay rebeldes que desde la concepción reniegan de su destino.
Miguel De La Cruz
MARINERO DE INTERIOR
ResponderEliminarCuando llegó a nuestro pueblo de sierra, nos llamó la atención que trajera una barca. ¿Para qué la quería? Nos dijo que no le gustaba caminar. Y era cierto. En barca sale a comprar el pan, al supermercado, al médico, al bar. Es curioso verle remar las cuestas arriba. A veces lleva la barca al parque y la deja horas y horas a la deriva.
Sin embargo, comenzamos a estar cansados de que vaya dejando por todos lados charcos de agua salada.
Los niños se sentaron en la barca, empuñaron los remos y abatiéndolos furiosamente sobre el agua tomaron impulso. El sol se puso y salió mil veces mientras puertos exóticos de arena blanca desfilaban sin cesar. Un tiburón los siguió mar adentro y oyeron el canto de las sirenas. Vieron los icebergs mientras mariposas diminutas les revoloteaban en el estómago por la caída libre hasta el polo sur. Un chirrido y un hombre diciendo "se acabó el 20"; el mar se quedo quieto y ellos saltaron fuera de la barca a buscar otra atracción de feria más.
ResponderEliminarLos niños se sentaron en la barca, empuñaron los remos y abatiéndolos furiosamente sobre el agua tomaron impulso. El sol se puso y salió mil veces mientras puertos exóticos de arena blanca desfilaban sin cesar. Un tiburón los siguió mar adentro y oyeron el canto de las sirenas. Vieron los icebergs mientras mariposas diminutas les revoloteaban en el estómago por la caída libre hasta el polo sur. Un chirrido y un hombre diciendo "se acabó el 20"; el mar se quedo quieto y ellos saltaron fuera de la barca a buscar otra atracción de feria más.
ResponderEliminarLos niños se sentaron en la barca, empuñaron los remos y abatiéndolos furiosamente sobre el agua tomaron impulso. El sol se puso y salió mil veces mientras puertos exóticos de arena blanca desfilaban sin cesar. Un tiburón los siguió mar adentro y oyeron el canto de las sirenas. Vieron los icebergs mientras mariposas diminutas les revoloteaban en el estómago por la caída libre hasta el polo sur. Un chirrido y un hombre diciendo "se acabó el 20"; el mar se quedo quieto y ellos saltaron fuera de la barca a buscar otra atracción de feria más.
ResponderEliminarMI ABUELO ANDRÉS
ResponderEliminar–¡Tierra a la vista, estamos salvados! –le oí decir a mi amigo Lucas.
–La barca se está llenando de agua, hay que remar más rápido si queremos llegar a la isla –añadí yo.
–¡Cuidado, estamos rodeados de tiburones! –gritó de repente el abuelo y todos nos echamos a reír.
Y así de esta manera, llegamos sanos y salvos a la orilla. El problema venía ahora: colocar al abuelo de nuevo en su silla de ruedas.
Jerga marinera
ResponderEliminarLa policía ha incautado su barquita a unos traficantes de poca monta. El juez que ha instruido el caso ha preguntado, por aquello de preguntar, si el alijo iba a proa, popa, babor o estribor. Los uniformados le han dicho que responderán mañana, cuando observen a conciencia la barca que tienen retenida en el cuartel. Era para pedir tiempo, porque el cabo Elías ya sabe que estas cosas tan complicadas se resuelven mirando antes en Internet.
Aparcó y corrió a buscarla. La llevaría lejos y beberían del Mnemósine, jamás del Leteo.
ResponderEliminarTras las rejas los hombres esperan su oportunidad. No saben que ya no hay Río de Libertad que los espere.
ResponderEliminarSOBRE LA VISIBILIDAD DE LAS BARCAZAS
ResponderEliminarEn una calleja de La Habana, la vieja barcaza descansa. No todos los visitantes la ven. Sentado en la esquina, un niño conversa con los turistas y toma nota.
Al cabo del los años, el niño es un joven rodeado de amigos y ron, y expone: no hay nada sobrenatural, la barcaza es vista solamente por quienes leyeron "El viejo y el mar".
EL PARADO
ResponderEliminarColeccionaba lágrimas en frascos de cristal tallado. Tenía auténticos tesoros. De su princesita desdentada, de su cocodrilo bípedo e imberbe, de una geisha, de un borracho enamorado que conoció en un bar, de una enfermera jubilada. Pero las que más le gustaba contemplar eran las del dueño de la barca que amaneció un buen día varada en nº cinco de la calle Real, por el brillo de ese toque ambarino de odio hacia la cofradía de pescadores que allí tenía su sede.
ResponderEliminarAMOR
Él, pescador desde mozo, colgó las redes y los anzuelos por seguirla tierra adentro. Ella, su amor de ojos claros, le concedió llevarse la barca chica, compañera de tantas horas de soledad. Ahora es testigo de su amor, varada a su puerta, a cientos de kilómetros del mar.
M.Carme Marí
ResponderEliminarESPERA
Dejo mi barca bajo tu ventana para cuando me permitas navegar por los mares de tus ojos.
M.Carme Marí
Rosiña.
ResponderEliminarTodos en el pueblo se enteraron que Marcial había vuelto a por la Rosiña. Venían gritándolo por las calles los zagales y las zagalas. Muchos creyeron que se había muerto en la mar años ha. Pero la Rosiña ya no lo esperaba. Ella sí que se ahogó entre lágrimas, hasta que se le secaron. Y aquella barca sin dueño quedó varada junto a su puerta.
Un viejo y un mar.
ResponderEliminarComo todos los días, el viejo marinero paseaba con su perro por la playa. Antes de volver a casa, besaba el mar en la orilla de sus labios. Para que no se volviera a escapar, dejaba amarrada su barca a la reja de la ventana. Y sonreía entre agradecido y aliviado. Tan solo sonreía.
CONTRALUZ
ResponderEliminarNo es para cualquiera ponerse en el lugar del otro. Esa barcaza en una vereda, contra un paredón de ventanas enrejadas, tan bella en su simpleza, tan evocativa, es, para nosotros, desde este otro lado de las rejas, la imagen perfecta y cruel de la imposibilidad.
TRAMPA
ResponderEliminarEl que está aferrado a los barrotes, asomando la nariz, soy yo. Las cárceles de acá tienen un qué sé yo que las hace muy distintas a otras que conocí.
Lo que ven ahí es una trampa para apresar a quien intente escapar mar adentro. Como todas las trampas, pasan por adornos para gringos.
Dicen que desde acá la distancia es perfecta para agarrarlos por el cuello cuando se sientan a tomarse la foto y así lograr un rehén.
La trampa es ambigua, como todas las cárceles.
La represa
ResponderEliminarSu canoa espera amarrada en la reja del bar. Bebiendo y jugándose hasta las redes, el pescador negocia el derecho a remontar el único sector del río donde todavía habitan peces.