Faith ve a su hija Rosa ir de un lado a otro, perdida tras la orfandad de relatos en que la dejó el abuelo. Todas las tardes, él le contaba historias de su país y ahora la madre se resiste a tomar el relevo, piensa que es mejor enterrar los recuerdos. Cree que a su padre se lo llevó la nostalgia. Sin embargo, cada vez que la niña coge un pellizco para aderezar la ensalada, un fogonazo de luz y brillo cristalino ilumina la memoria de sol y salinas en su cabeza. Y nunca faltan los dátiles en la mesa.
Lola Sanabria, En pequeñas dosis, 2015

Lo dulce y lo salado en la misma mesa, así son los platos que nos sirve cada día.
ResponderEliminarBonito Lola. Besossss!!!
Entrañable y delicado, muy bonito. Lo he leído y releído. Enhorabuena!
ResponderEliminarMuchas gracias Juancho y Cecilia.
ResponderEliminarAbrazos resalados.