Era la creación de un país, de un estado, de una nueva república: de una esperanza. Pero, a pesar de la solemnidad del acto, los semblantes eran pesarosos, vencidos, comenzando por el de su primer jefe de estado: Benito Mussolini.
Días atrás fue liberado de la prisión donde le encerraron el mismo rey y el mismo Gran Consejo que hasta la víspera lamían sus botas. Estaba cansado y harto. Quería abandonar la partida.
Su liberador, Hitler, tenía otros planes. Planes terminados en muerte.
Con parte del país en manos de los aliados, con partisanos alzándose en las ciudades, con el ejército nazi desfilando como una apisonadora por el resto del territorio, Mussolini firmó el decreto de creación de la República Social Italiana el 23 de Septiembre de 1943.
Un estado que no existía más allá de su sede de gobierno y de la imaginación de sus altos cargos que iban desvaneciéndose a medida que su mundo se esfumaba.
Fundar repúblicas tan breves como imaginarias, esa es la tarea del escritor de microficción. Esta semana lo demostrarán Fernando Vicente y Vicente Huidobro, entre otros microcuentistas bastante mejores que Mussolini.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Los comentarios anónimos serán eliminados. Gracias por su comprensión.