Un día uno se despierta y descubre que un microrrelato, así, por casualidad, se ha hecho viral en la red. Uno lo lee y le gusta. Empieza a tirar del hilo, y encuentra una librería, una autora, un libro publicado en Málaga, en el ya lejano 2009, y un ejemplar disponible en una web. Unos pocos clics, otros tantos días, y los Cuentos mínimos de María José Barrios caen, por fin, en mis manos.
Los microrrelatos incluidos en este libro están encabezados por un magnífico prólogo, breve y fresco, lleno de ironía y humor, de Alberto Haj-Saleh. Una breve presentación, cuatro esbozos de su forma de escribir y poco más. Porque lo importante, como afirma el prologuista, son los cuentos de María José Barrios.
Los microrrelatos de María José, breves, de apenas una decena de líneas, tienden a la exageración, a la hipérbole. Llevan la historia, la trama, hasta las últimas consecuencias. Los hechos van desencadenándose, uno tras otro, hasta alcanzar el grado máximo, el no va más. Y en ese punto, la hipérbole se convierte en algo normal. En la normalidad. En este sentido, encontramos jugadores de ajedrez con una extrema visión anticipatoria, chicas demasiado inseguras de sí mismas, mujeres nobles con comitivas interminables u operaciones estéticas llevadas hasta el extremo.
En algunos textos, la ficción de convierte en realidad, lo imaginado se transforma en real y tangible, y de ese modo se borran las fronteras. En otros, se pasa casi sin transición del sentido figurado al sentido literal, dando como resultado desenlaces sorprendentes.
Si hubiera que buscarle alguna pega a estos Cuentos mínimos (y una reseña tendría que buscarla) es que cuarenta microrrelatos son pocos para un libro. Aunque esto, el hecho de dejarnos con ganas de más, bien mirado, solo ocurre cuando los cuentos son buenos.
María José Barrios es más que el microrrelato “Aviso” que se hizo viral en internet. Es mucho más. Buscad un ejemplar de sus Cuentos mínimos y comprobadlo.
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