Continuando con nuestro proyecto “CALENDARIO MICROCUENTISTA 2016”, les proponemos la siguiente imagen como disparador al concurso de microficciones del mes de noviembre.
Recibiremos en el cuadro de comentarios de aquí abajo, hasta el 30 de noviembre de 2015, las microficciones de todos los interesados en participar. Los textos recibidos deberán cumplir con las siguientes Bases y Condiciones:
1. Podrán participar personas de cualquier nacionalidad mayores de 18 años.
2. El tema del concurso será libre, aunque debe estar relacionado de alguna manera con la imagen propuesta.
3. La microficción deberá estar escrita en castellano y ser inédita: no puede haber sido publicada con anterioridad en ningún espacio físico (libros, revistas, prensa, etc.) ni virtual (blogs, revistas digitales, portales web, etc.). Tampoco podrá estar participando en otro concurso ni esperando fallo de un concurso de la actualidad.
4. El texto no podrá superar las cien (100) palabras. Cada concursante podrá enviar hasta tres (3) microficciones en cada concurso mensual.
5. Las microficciones deberán ser publicadas dentro del espacio previsto para "Comentarios" al pie de la entrada en la que se publica cada foto.
6. La fecha límite de recepción de microficciones será el último día de cada mes.
7. Vencido el plazo, un jurado invitado elegirá cada mes al texto ganador y dos menciones especiales. Los tres textos seleccionados serán publicados en la Internacional Microcuentista. Los resultados se darán a conocer en el transcurso del mes siguiente.
8. A fin del 2015, la Internacional Microcuentista elaborará un calendario digital, de distribución gratuita, que contendrá las doce imágenes con los doce textos ganadores. También podrá imprimirse en papel.
9. El envío de trabajos implica la aceptación total de estas bases y la eventual inclusión de su microrrelato en el "Calendario Microcuentista 2016".
10. Las microficciones que no cumplan con estas Bases no serán tenidas en cuenta para el concurso.
La imagen correspondiente al mes de noviembre de 2015 es de la fotógrafa Ivette Guilbert.
Los invitamos a participar dejando sus textos como comentario.¡Anímense!

¿Cuál es la imagen? No se ve. ¿O es parte del juego que no se vea?
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EliminarACTOR DE MÉTODO
ResponderEliminarNunca consiguió grandes galardones, pero sí engañarle a Ella.
Plas, plas, plas...
EliminarFoto Finish - En la última carrera cayó desmayado a Sus brazos.
ResponderEliminarEl beso de la muerte
ResponderEliminarNunca un beso había sido tan dulce ni un sueño tan amargo. Cayó rendido en sus brazos, mientras ella le acunaba en sus brazos. Juntos, partieron a un mundo prohibido, y ahora, la realidad se le escapaba de las manos.
ESPERA
ResponderEliminar- ¿Llegaste?
- Sí. Perdona la tardanza.
- Nada. Justo a tiempo - respondió el hombre mientras se entregaba a su frío abrazo.
ESPERA
ResponderEliminar- ¿Llegaste?
- Sí. Perdona la tardanza.
- Nada. Justo a tiempo - respondió el hombre mientras se entregaba a su frío abrazo.
ACOSTUMBRAMIENTO
ResponderEliminarEra una pesadilla recurrente que más de una vez lo mantuvo en vela por largas noches. Solía soñarse atrapado por la muerte en circunstancias diferentes y ya estaba tan acostumbrado a estos actos oníricos que, la noche en que la muerte vino a buscarlo de verdad, se entregó sin despertarse.
Cuando Dios despertó, el cadáver del ángel, todavía lo sostenía entre sus brazos
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ResponderEliminarLOS CUERPOS DE LA MUERTE
ResponderEliminarEn aquel paraíso rondaba un hombre bendecido por los Dioses, la belleza de su gesto no tenía igual. Luchaba sin descanso, mas en su cuerpo no había cicatriz alguna, todas sus guerras eran internas, los demonios habitaban en su mente y se alimentaban de su alma. Quién imaginaría que en aquel semblante lleno de luz, encontrarían un alma tan corrompida. Aunque el mundo lo adoraba, él no podía convivir consigo mismo. La muerte como siempre compasiva, le dijo “dame tu alma, yo la purificaré, pero dale este cuerpo lleno de vida, a quien no es más que huesos y heridas”.
“LA IMPIEDAD”, DE MIGUEL ÁNGEL
ResponderEliminarSe dice que está expuesta a media luz, en una sala que nadie ha podido encontrar.
©Mariángeles Abelli Bonardi
11 de noviembre de 2015
FELICIDAD
ResponderEliminarElla, la más bella criatura del universo, es la única que no pudieron arrebatarme.
Pablo Moreno Valverde
11 de noviembre de 2015
Final de camino.
ResponderEliminarA pesar de toda una vida cultivando su cuerpo no estaba preparado para el escalofrío final. Aún así, su gélido abrazo le refrescó el alma.
EN MI ANIVERSARIO
ResponderEliminarCuando nos casamos te hiciste esperar tanto que estuvimos a punto de suspender la ceremonia.
Nunca fuiste puntual.
Hoy, tengo la certeza de que no vas a venir, por eso voy a ser yo quien te lleve las flores a tu parcela.
Cuestiones de la literalidad
ResponderEliminar“Vaya, vaya... La petite mort. Los franceses no entendieron nada”, alcanzó a razonar justo antes de que la última palada terrosa cayera sobre sí.
Su Hora llegó.
ResponderEliminarY el Ángel lo estrechó entre sus gélidas Alas y sintió el Frío penetrando en su interior. Cerró los ojos y se dejó mecer por el susurro del viento soplando contra el pétreo mármol.
Su último beso le dio serenidad. Y se dejó llevar hacia el otro lado, donde todo estaba envuelto por una calma blanca y silenciosa.
Y la muerte quedó confundida cuando se produjo el suicidio de un ángel. Recogió el cuerpo inerte y aquellas alas sin vida y los transformó en mármol.
ResponderEliminarEl instante de un encuentro de vida o muerte ,
ResponderEliminarcapturado a la vuelta de la esquina
de una metropolis.
Asombro
ResponderEliminarSe acercó por detrás, sigilosamente. El frío roce de la guadaña le provocó un escalofrío por todo el cuerpo. Le susurró la fatal sentencia en el oído izquierdo: "Nunca vuelvas el rostro hacia atrás". El asombro pudo más y en estatua se convirtió.
Luciana Binolfi
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ResponderEliminarPOST MORTEM
EliminarSe acercó y me rodeó con sus frías alas, su mortal caricia fue todo un alivio: me libró de mi absurda búsqueda de la perfección, de mi obsesión por agradar a todos, me libró -por fin- de mi ego atormentado, y antes de llevarme dijo:
- Soy tu salvación y tu musa a la vez. Escribe el último relato.
PLURIEMPLEO
EliminarEl escultor pidió a los modelos que permanecieran inmóviles mientras tomaba apuntes. Pero la Muerte sólo hacia que excusarse de tanto en tanto porque tenía que salir “un momento”. El artista, resignado, pues ya había trabajado varias veces con ella, rumiaba:
- Por desgracia, tiene mucho trabajo.
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EliminarEL ALMA DE LA PIEDRA
EliminarAl terminar de darle forma al mármol un escultor había creado al hombre perfecto y se sintió feliz, al ver que había concebido una obra inmortal. Dios, quien vigila a todas las ánimas de la tierra y es aficionado a esculpir figuras de barro (su último trabajo resultó defectuoso), ordenó al ángel de la muerte traer la estatua ante su presencia, quería apreciar y estudiar de cerca la técnica del habilidoso artista, para no volver a equivocarse, pero al mensajero le fue imposible cumplir la encomienda: era muy pesada y no la pudo cargar.
Aunque las lágrimas le nublaban la vista, no tardó en reconocer la figura enjuta que se acercaba y lo envolvía en un sofocante abrazo.
ResponderEliminar—¡Muerte maldita! —le gritaba—. ¡Muerte sucia! ¡Muerte cruel, Muerte vil, Muerte puta!
De pronto, un espasmo violento y el silencio total. Ella le cerró los párpados con una mano esquelética, y con sus labios pútridos, piadosa y dulcemente, lo besó.
A pesar de los años de moretones y huesos rotos mandó levantar un hermoso mausoleo reflejo del amor que sentía por su marido. Eso sí, insistió en tapiar la puerta.
ResponderEliminarFuturo
ResponderEliminarPolaco estaba internado. La idea de un futuro sin él, me perturbaba. Sucumbía a los temblores del pánico o a delirantes pesadillas. Oraba, como si esto pudiese contener al tumor. Nada hay más sombrío que estar solo en invierno e imaginarse el futuro. La flama nauseabunda de la estufa, alumbró hasta que vibró el teléfono. Traté de erguirme para responder. Una fuerza poderosa me contuvo presionando mi cabeza e inmovilizó mis articulaciones. Imaginé que Polaco había fallecido y pasaba a despedirse. No. Vino a llevarme; porque nada he sabido ni puedo decir más, de ninguno de los dos.
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ResponderEliminarÚLTIMO VALS
ResponderEliminar—Bailemos — dijo Ella, más seductora que nunca. Y él, que hasta entonces la había rechazado, aceptó el convite.
©Mariángeles Abelli Bonardi
14 de noviembre de 2015
FIN
ResponderEliminarTras el último golpe de cincel, el escultor se separa de su obra para admirarla extasiado y exhausto. A su espalda apenas percibe, aproximándose amoroso, un pesado aleteo acompasado por el silbido del aire que atraviesa galerías óseas.
Truco
ResponderEliminarCuando sintió la fetidez de su aliento en la cara, aquellas garras huesudas aferradas a su brazo y a su torso, sujetándole como a un trofeo de caza, abrió los ojos. La muerte lo soltó, sorprendida de lo bien que aquel joven sabía hacerse el muerto.
SIN REBAJAS
ResponderEliminarComo maniquí posará casi desnudo con una exigua mortaja en un escaparate para tapar las vergüenzas. En vida se dejaba llevar por la esperanza sin ningún tipo de tapujos; ahora, para la que ya no hay más tregua, lo hará además en un sueño eterno y custodiado.
PARO
ResponderEliminarAl cargar y llevarse al último hombre de la tierra, la muerte no se percató que quedaría desempleada.
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ResponderEliminarIDILIO CON LA MUERTE
ResponderEliminarElla, que me ha ignorado durante años, regresa para conquistarme. No me importa la promiscuidad de su pasado. Se llevó por delante a mis seres queridos, a mis amigos y tras varios intentos, a mi mujer. Me seduce una última aventura que sé que me dejará hecho polvo, pero no voy a despreciar su abrazo, no vaya a ser que despechada no me levante el castigo de mi longevidad.
FAMILIA VENIDA A MENOS
ResponderEliminarEl enorme mausoleo que alberga los restos de sus antepasados sirve hoy de refugio a los descendientes.
LA HUMANIDAD
ResponderEliminarRecién he muerto. Fui azotada por los látigos del odio. C. N.
PERSPECTIVAS
ResponderEliminarEn su persistente lucha contra el tiempo llevan las de perder: su piel se seca, sus cabellos se tornan cenicientos, sus miradas se apagan, pierden la alegría y la esperanza, se vuelven fríos como el mármol.
Si yo no terciara, a la larga se transformarían en estatuas. Muchas veces la piedad me vence y me los llevo incluso antes de que echen las primeras canas. Sin embargo, todavía me detestan. Y yo, por mucho que me esfuerce, no logro comprenderlos. ¿Por qué no quieren que los salve de la vida?
El pájaro de mal agüero tiene las plumas impermeables.
ResponderEliminarHoy el último hombre ha muerto. Y con él se ha secado la última flor. Y se ha apagado la última estrella. El último color se ha desvanecido, y ha enmudecido hasta el último grillo.
ResponderEliminarLa Parca, famélica, otea el desértico horizonte en busca de un mínimo hálito de vida. A la distancia cree ver algo. Primero desconfía; después, se ilusiona. Se acerca rauda y comprueba, con desazón, que no se trata de una persona, sino de una estatua.
—¿Qué he hecho? — susurra al oído de la gélida escultura mientras la abraza desconsolada. Y llora.
ResponderEliminarABANDONO
Rendido ante ti en cuerpo y alma me veo irremisiblemente. Aunque sé que de ángel sólo tienes unas falsas alas. Aunque sé que con tu embrujo anestesiarás mis sentidos.
Peor que con la muerte, vagaré vivo por el mundo sin estar completo si no te tengo a mi lado. Hasta tal punto me has hechizado.
El Mejor
ResponderEliminarExigente como pocos, lo era más consigo mismo. Desde que aceptó trabajar como estatua viviente, decidió que sería el mejor en el rubro. Para muchos, lo consiguió. Para otros, hacía trampa. Su concentración era total, imperturbable a la acción de palomas y perros. Podía pasar días completos en la misma postura inmóvil. Quizá hubiera tenido más suerte de no escoger como motivo un efebo griego, desnudo y pálido. Tal vez, haciendo un Quijote o un Superman, no hubiera despertado en el osario público, en plena huelga de trabajadores.
VIAJERA
ResponderEliminarElla es cosmopolita. Le gusta hacer alarde de sus conocimientos en geografía y, como toda celebridad, se la puede ver posando en periódicos, revistas o televisión. Ha ganado fama de seductora y ha roto el corazón de muchos, en lugares tan distantes como Beirut, México, África o París. No destaca por el glamour, es fría y descarnada, pero aunque no es bien parecida, tiene un toque que obliga a no olvidar su nombre: Muerte.
Nota
ResponderEliminarEl ramillete de crisantemos es mío, pasé a despedirme. Al fin estoy libre de tu gélido abrazo: ya no te sueño.
Cada noche el mendigo se colaba en el cementerio para dormir. Allí conversaba con las sombras y recibía de las pétreas estatuas todo el amor anhelado que durante el día le habían negado los vivos.
ResponderEliminarSTONE DEAD
ResponderEliminarFue ver a ese adonis y, ahí mismo, quedarse de piedra junto a él.
©Mariángeles Abelli Bonardi
20 de noviembre de 2015
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ResponderEliminarSEXO TÁNTRICO
ResponderEliminar¡No sabes cuánto he esperado este momento! Tranquilo, yo te ayudaré, te enseñaré. Tenemos media eternidad para despojarte de la carne inútil y la otra media para hacer sonar las castañuelas de nuestros huesos.
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ResponderEliminarNueva incorporación
ResponderEliminarLa estatua llama mi atención al entrar. Descuidada y maltrecha, la figura ocupa el centro del hall. Será una obra de arte, pero produce mala impresión. Tanto como las telarañas y el polvo.
Es mi primera entrevista de trabajo en años. No quiero ponerme quisquilloso.
La cadavérica secretaria me conduce a un despacho vacío. Dos ventanas cegadas y una luz mortecina proveniente del alto techo. Empiezo a pensar que debería irme.
- Queda usted contratado- pronuncia la oscura voz.
Recién entonces percibo, que a pesar de los nervios y el miedo, el corazón me ha dejado de latir.
Despedida
ResponderEliminarPapá, ¿tú no tienes frío? … ¿Cómo lo vamos a dejar ahí solo, mamá?... Rosario toma la mano del niño y lo obliga a caminar hacia la salida del cementerio.
Cero – Uno
ResponderEliminarEl cadáver yace sobre la mesa del quirófano. Nada se puede hacer. No puede creer cómo se ha complicado todo. Debe autoconvencerse para salir a comunicárselo a la mujer delgada y tímida. Sabe poco del hombre, sólo lo que le ha preguntado mientras lo preparaban para la anestesia. Es funcionario, no tiene hijos, pero le encantaría. Sabe su apellido, pero no su nombre.
Como autómata sigue el protocolo. La mujer de ojos tristes parece saber lo que tiene que decirle. Nunca aprenderá a pasar por esto, concluye. Lo sabe a ciencia cierta, aunque esta sea la primera vez.
EL DUELO
ResponderEliminarSe llamaba Blanca. Yo solo buscaba una conquista, una muesca más en mi revólver, pero no pudo con ella el volcán que asomaba en mi boca. Intentaba besarla y no encontraba más que una sonrisa extraña y el frío sin vida de los dientes.
No pudo ser y dejamos de vernos. Hoy he sentido sus alas de mármol batirse alrededor de mi lecho, un frío de cuchillas y de siglos penetrar en mi cuerpo. Me haría falta un volcán que ya no tengo. Mucho me temo que pronto presumirá de una nueva conquista y una muesca más en su guadaña.
La Parca
ResponderEliminarEn el camino del cementerio he encontrado dibujadas unas pisadas que he seguido obediente. Acababan frente a un nicho donde estaba escrito mi nombre, el día de mi nacimiento y la fecha de hoy. La Muerte me ha invitado a pasar. He obedecido y ella ha colocado la lápida con un golpe seco, dando por cumplida su misión. Pero no se ha percatado que con esto de la crisis las paredes del cementerio están destrozadas y me he podido escapar por un agujero. Ahora estoy descatalogado y la Parca no me tendrá en el listado. Creo que seré inmortal.
NI LA MUERTE
ResponderEliminarLa Muerte lo recibió en su reino. Como trofeo celebraba su reciente adquisición. Más este habló: “¿Dónde está Muerte tu victoria? Te arranqué a Lázaro, ¿acaso no podré hacerlo de nuevo por ellos?”.
Pronto las almas que la Muerte ganó por el árbol de la ciencia, las perdió por la cruz. Y diciendo esto se fue con las almas: “Ni la muerte ni la vida, nos podrá separar del amor de Dios”.
EL REGRESO
ResponderEliminarPrimero me dejaste. Supe que tus alas volaron lejos porque, de repente, perdí mi empleo, a mi novia, y a cambio me quedé, tras el accidente, con una cojera que a cada paso me recuerda que ya ningún ángel me protege las espaldas. Pero podía comprenderlo: todos, al fin, nos vamos.
Y sin embargo vuelves. Para pedirme perdón, se supone, pero cómo leo tu mirada sin pupilas, este sordo carillón de huesos como abrazo. Y lo peor: que no me preocupe, dices. Que pronto volverás a acompañarme. También en el espejo. En esas cuencas vacías donde confluya, única, nuestra mirada.
TE VOY A MATAR
ResponderEliminarCuando te vea te voy a matar, voy a acribillarte con reproches, con palabras vanas como las que tu proferías tantas veces en la cama.
Voy a proponerle al mundo que me permita deshacerme de tu existencia, que me pronuncie en silencio su mandato eterno y desconsolador.
Voy a dejar de fumarte, de beberte, de mirarte y de pensarte, para seguir viviendo.
DON CIPRIANO, EL INMORTAL
ResponderEliminarDesde que cumplió ciento seis años, Don Cipriano hace una demostración cada dos domingos de cómo hacerse el muerto para así despistar a la Pelona. A él dicen que le funciona, como a otros les funcionó el no parar de fumar. La verdad es que cada vez se muere mejor. Ahora se pone con un tono céreo y tiene un pie plagadito de lepidópteros. Sus familiares lo sacan en un féretro y reparten ilustraciones con los consejos del «Inmortal» a cambio de la voluntad. Él, muy profesional, pasa las cuatro horas que dura la demostración, sin moverse ni respirar.
María Fraile
ENVIDIA
ResponderEliminarLos viernes por la tarde hago un descanso, me acerco hasta la plaza, y sentada en un banco, contemplo la estatua. ¡Qué bello es! No me canso de mirar la perfección de sus músculos, su torso brillante, el abdomen firme y esa expresión plácida en su cara. Aún hoy, cuando cierro los ojos, me estremezco recordando sus caricias y su cadenciosa danza entre mis muslos.
Siempre me tuvieron envidia en el pueblo por quedarme con él y todavía no me han perdonado, lo sé. ¿Será por eso que a mí me han esculpido tan poco favorecida?
Cómo me gusta, Margarita.
EliminarSuerte
Gracias, Luis.
EliminarUn abrazo
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ResponderEliminar–¡Deja que te bese!
ResponderEliminar–¡No! ¡No! –le respondí.
Eché a correr, huyendo de ella. La dejé finalmente atrás. Comencé a caminar más tranquilo. La había perdido.
Casi me había olvidado de ella cuando sentí que había algo sobre mí. ¡Era ella!
–¿Habías olvidado que tenía alas? –me preguntó bromista.
Antes de que pudiera responder, me agarró con las manos y me dio un beso que me dejó helado.
Al fin. Te atrapé. ¿Por qué corrías? Creo que has visto muchas películas. No, no quería morderte. Sólo pretendía darte un beso.
ResponderEliminarPLURIEMPLEO
ResponderEliminarEl escultor pidió a los modelos que permanecieran inmóviles mientras tomaba apuntes. Pero la Muerte sólo hacia que excusarse de tanto en tanto porque tenía que salir “un momento”. El artista, resignado, pues ya había trabajado varias veces con ella, rumiaba:
- Por desgracia, tiene mucho trabajo.
PLURIEMPLEO
ResponderEliminarEl escultor pidió a los modelos que permanecieran inmóviles mientras tomaba apuntes. Pero la Muerte sólo hacia que excusarse de tanto en tanto porque tenía que salir “un momento”. El artista, resignado, pues ya había trabajado varias veces con ella, rumiaba:
- Por desgracia, tiene mucho trabajo.
PLURIEMPLEO
ResponderEliminarEl escultor pidió a los modelos que permanecieran inmóviles mientras tomaba apuntes. Pero la Muerte sólo hacia que excusarse de tanto en tanto porque tenía que salir “un momento”. El artista, resignado, pues ya había trabajado varias veces con ella, rumiaba:
- Por desgracia, tiene mucho trabajo.
Paradojas
ResponderEliminarJuan Seisdedos murió en la oficina, traspuesto y sin consuelo, después de trabajar dos turnos seguidos. El forense aseguró que fue un infarto y el juez mandó levantar el cadáver, o mejor dicho, bajarlo desde el 4º piso. La funeraria lo introdujo en un saco azul y colocó en una camilla muy manejable que se podía poner de pie inclusive en el ascensor. A los compañeros de trabajo les quedó un recuerdo horrendo, algo que no consiguió borrar la piadosa estampa, que pagó la empresa, en la que aparecía La Muerte recibiendo en sus brazos al bueno de Juan Seisdedos.
CITA
ResponderEliminarCada vez que quedo con ella, lo paso de muerte.
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ResponderEliminarLo había estado buscando, había caminado mucho, kilómetros para encontrarlo. Era un hombre importante, había otros intereses para protegerlo y mantenerlo aquí en la tierra. Pero al final ella venció, lo encontró. Él le había pedido algunos días más, una misión importante tenía que cumplir. Ella se los cedió. Pero al final el día llegó. Dulcemente se lo llevó. Y mañana ¿por quién vendrá?
ResponderEliminarStriptease mortal
ResponderEliminarPara Ella, desnudó sus prejuicios, su alma y su cuerpo hasta quedar en los huesos.
PLURIEMPLEO
ResponderEliminarEl escultor pidió a los modelos que permanecieran inmóviles mientras tomaba apuntes. Pero la Muerte sólo hacia que excusarse de tanto en tanto porque tenía que salir “un momento”. El artista, resignado, pues ya había trabajado varias veces con ella, rumiaba:
- Por desgracia, tiene mucho trabajo.
AQUÍ YACE
ResponderEliminarÉl siempre les dijo que quería una lápida sencilla, austera, sin artificios. La familia respetó su idea, y en la losa sólo indicaba: “aquí yace un buen hombre” fuera en el imafronte del panteón, la casa de su muerte eterna, lucía semejante escultura.
Carmen Martínez Marín
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ResponderEliminarALIADO
ResponderEliminarNo le apetecía ir, pero no había tiempo para inventar una excusa. Se ciñó la gabardina y corrió hacia el aparcamiento. El vaivén del limpiaparabrisas lo estaba adormeciendo y abrió la guantera en busca de un CD. Van Morrison, Miles Davis… No, necesitaba algo más dinámico y siguió rebuscando entre sus discos compactos. Cuando alzó la vista, tras el estruendoso impacto contra la mediana, como eco, llegó el producido por el ómnibus que circulaba detrás. Justo antes de cerrar los ojos, vio al ángel alado que se acercaba para liberarlo de acudir a la más que segura fatídica cita.
Rita Rodríguez (Barcelona)
Un ángel me besó, no sabía que era veneno.
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ResponderEliminarEsto va??
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ResponderEliminarLa Nota
ResponderEliminar“Esta noche vendrás rendido a mi” leyó sonriente, para luego centrarse en la dura jornada que tenía por delante. Necesitaba concentración. Como Fiscal, sabía que su alegato sería clave para ganar el juicio y así fue. Estuvo esplendido. Después de celebrarlo con su equipo, mientras conducía de regreso a casa, recordó la nota. Seguramente Marina le preparaba una sorpresa. Decidió entonces desviarse para comprarle flores, pero un pestañazo cambiaría sus planes. El impacto mortal lo catapultó del coche a otra dimensión, donde lo esperaba Ella, inoportuna, alada, esquelética, quien asegurándolo en sus brazos, aprovechó para susurrarle: “¿Leíste la nota?”
Mi nueva amante.
ResponderEliminarMe besa también con la mirada cuando entorna los párpados con la picardía del ángel caído. Prefiero imaginarla con su cabello adornado con horquillas de flores y verduras, la guarnición ideal para sus rosadas; pero frías mejillas. La sonrisa amotinada, el sexo, un signo vacío. En su piel, un travelling de vellos erizados al paso de mis dedos. En mi estómago, un hiato roto por la respiración entrecortada y en su boca, un “Ven conmigo” atracado a punto de soltar amarras. Al amanecer, ya éramos amantes amalvados en el otro mundo.
NEW MAN, NEW TOWN
ResponderEliminarAnoté en mi diario: "…así fue como lo vi morir".
“Habíamos peleado como tantas veces. Pero esa vez era para siempre. Se mostraba orgulloso e indiferente. Yo estaba determinada a todo ese día aciago de agosto. Hace tres meses de eso”, le decía resignada a mi amiga cuando oí mi nombre en aquel pueblo triste.
“Perdóname... Te amo”. Eternos segundos, caída mortal. Él muriendo al orgullo, a la indiferencia. Ivette es testigo. Despojado del viejo hombre, libre del cuerpo de muerte, nos fuimos de la mano estrenando sonrisas. El pueblo ya no era el mismo.
EXPIRACIÓN
ResponderEliminarPregunté tu nombre. Un aleteo de delicadas alas me susurró al oído: muerte.
Sentí un abrazo y el beso de unos gélidos labios. No vi tu cara, ni tu cuerpo, ni tus huesudas manos al sujetarme. A ellas encomendé mi espíritu y me abandoné al placer de un profundo silencio.
Nacimiento y Muerte
ResponderEliminarEntró volando a mi taller por una ventana abierta. Con una escoba, intenté espantarlo. Se lanzó en picada contra mi creación, y por más agua que le eché en la espalda, no se separó hasta que consumió todo el placer bajo el arco de sus alas encrespadas.
Lloré sobre aquella obra sin chispa de vida; mientras en el aire, el Ángel de la Muerte se llevaba, entre las garras, el alma recién nacida de la exánime estatua.
En la ardiente noche pregunta ¿jugamos a las escondidas?. Los fríos labios besan mi frente, me alza y musita ahora vas a jugar querido, serás un mago inimitable, nadie en la vida te encontrará nunca.
ResponderEliminarEL FIN
ResponderEliminarElla llegó justo para escuchar su último suspiro.
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ResponderEliminarPARA SIEMPRE
Esperó durante años el reencuentro. La vio venir; la reconoció aunque su cuerpo era un esqueleto alado. No sintió miedo, se entregó a ella y creyó en el amor eterno.
NO TEMAS
ResponderEliminar—¿Debería sentir miedo verdad? ¡Eres la muerte!—dijo él.
Ella no respondió; sonrió, lo bañó, lo arropó, le preparó un café y le pidió que deje de beber alcohol. Su marido no recordaba que tenían una fiesta de disfraces.
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ResponderEliminarPLURIEMPLEO
ResponderEliminarEl escultor pidió a los modelos que permanecieran inmóviles mientras tomaba apuntes. Pero la Muerte sólo hacia que excusarse de tanto en tanto porque tenía que salir “un momento”. El artista, resignado, pues ya había trabajado varias veces con ella, rumiaba:
- Por desgracia, tiene mucho trabajo.
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ResponderEliminarCERTEZA
ResponderEliminarNo le dio tiempo de ver las cuencas de sus ojos, profundas como una caverna en el infierno, ni de sentir su aliento gélido alimentándose del suyo. Sólo escuchó un leve aleteo antes de caer fulminado en los brazos de aquella pérfida traidora; porque siempre creyó que moriría anciano y ahora, viéndose desde el ángulo que le permite la muerte, sólo le queda la certeza de ser un hermoso cadáver al que le espera una tumba silenciosa y recoleta.
Comienzas el vuelo
ResponderEliminarDe madrugada, caes en mis brazos por un instante y envuelvo tu vida suspendida por mi beso hambriento y perturbado. Hoy, ávida de ti, sedienta, te requiero. Tu cuerpo entregado y pleno se ha vaciado. Acudiste a sabiendas que nuestro acuerdo sería infaliblemente cumplido, sin haberme siquiera mencionado. Sin perdonar a la vida desatenta, te invito a emprender este vuelo silencioso para resurgir nuevamente, por encima del final respiro y en todo lo alto de lo terreno y lo devastado.
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ResponderEliminarRescate
ResponderEliminarSerás salvado cuando pierdas esa lisura rigurosa, esa apariencia blanca e inmaculada —le dijo rozándole el oído. Estoy aquí para brindarte consuelo y desaparecer tu belleza de calco. Serás un cuerpo caído y entregado.
Enseguida clavó sus huesudos dedos y al levantarlo continuó diciendo: Serás mucho más que la envoltura, que el porte primorosamente diseñado. No más ficticia pureza ni superficie idealizada. Dejarás el pedestal.
Elevó su cuerpo y con cuidado logró moverlo rítmicamente en el aire. Vendrá el resurgimiento, renacerás: te pariré a la vida terrena—afirmó otra vez, durante esa danza.
Con enorme piedad le insufló vida, lo besó con dulzura y serenamente lo abandonó en aquella plataforma. Poco a poco él despertaba. Notó su cara llena de bello y con su ladeada sonrisa tocó su cuerpo encorvado de desiguales hendiduras y protuberancias. Se sintió fatigado y adolorido.
Entonces, se supo liberado por fin de aquella absurda mortaja.
Sobreviviente infalible
ResponderEliminarNecesito chuparte por completo, hasta la médula consumirte, debo sorberte hasta el aliento, reducirte a cenizas y después desdibujar tu recuerdo para continuar viviendo como siempre mi propia existencia –le dijo.
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