El llamamiento rebasará fronteras y estamentos. Altos señores y campesinos sin tierra se unirán en defensa de la Civilización, amenazada por infieles a las órdenes de Alá.
Tal será su número que pronto resultará complicado alimentarlos. Comenzará el saqueo y la masacre antes de rebasar las fronteras de la Civilización. Se detendrán y desviarán en su camino para exterminar a las comunidades judías, infieles infiltradas del Señor del Mal.
En Constantinopla les recibirán con pífanos y banderas. Pero pronto pesará el alto número de estómagos vacíos, de disturbios, de violaciones a doncellas y madres de familia. El Emperador les empujará a marchar a Jerusalem, cuna usurpada de la Civilización.
Los altos señores y los campesinos sin tierra se dividirán poco antes de llegar al objetivo. Los infieles masacrarán y esclavizarán a los segundos. Los señores proseguirán su camino hacia la ciudad dorada.
Por fin taladrarán las murallas de la barbarie. Destriparán por igual musulmanes, cristianos y judíos. Niños, ancianos, enfermos y mujeres. Triunfará la Civilización.
¡Dios lo quiere!, responden los altos señores el día que inaugura la primera Cruzada, 27 de noviembre de 1094. El Emperador de Constantinopla ha solicitado la ayuda de Su Santidad frente a los invasores turcos y Urbano II ha visto la oportunidad de unificar a cristianos heterodoxos y ortodoxos: reunir la Civilización bajo su mando. Cada uno de los participantes en la gesta recibirá el perdón automático a sus pecados. Quedará exento de cumplir los mandamientos. No habrá peligro: la Civilización, siempre al servicio del Dios verdadero, se distingue de la barbarie porque jamás cae en el mal.
Tal vez todas las historias no sean sino una versión con protagonistas cambiados de la misma historia. Elisa de Armas, Pablo Poó Gallardo —@relatwitos— y un terrorífico autor anónimo contarán su versión, comprimida, de ese relato total.
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