Autor que fundamenta su producción literaria, mayormente en su lengua vehicular (catalán), en el microrrelato, el hiperbreve y la minificción, aunque también gusta del relato breve, el cuento infantil y, en ocasiones especiales, se ha atrevido con la poesía. En el año 2009 empieza a publicar sus primeros relatos en el blog de creación literaria «La meva perdició» y en la página de «Relats en Català». Desde entonces, algunos de sus textos han sido galardonados en distintos certámenes y premios y han aparecido en más de una treintena de libros conjuntos de relatos, de microrrelatos, antologías poéticas y de aforismos, revistas y periódicos.
Como activista literario, ha formado parte de la junta y órgano de presidencia del ARC (Associació de Relataires en Català) y es colaborador habitual en las «TerCat» (Tertulias Catalanas de Ciencia-Ficción y Fantasía), del colectivo «Reducte Alienat» para la difusión del género fantástico y del colectivo «Papers de Vidre».
En el año 2012, publica sus dos primeras obras en solitario: Paràsits mentals, colección de microrrelatos, y Alfa y Omega, novela breve de temática zombi editada en catalán, castellano e inglés. En 2015 publica con Editorial Nazarí El último vuelo del Microraptor, colección de microficciones.
¿Por qué, para qué o para quién escribes, Sergi?
Empecé a escribir de forma más seria cuando tuve que dejar la música. Escribir relato y microrrelato y la posibilidad de hacer lecturas en público o publicar me ofrecen las mismas buenas sensaciones que cuando me encerraba en el local de ensayo, subía a un escenario o grababa un tema. No me gustan las lecturas tediosas ni las presentaciones de libros aburridas. No creo que se haya de convertir la literatura en un circo, pero, como dice un amigo editor: “hay que devolver el rock & roll a la literatura”. Suscribo esa actitud. En mis relatos hay una intención sana por refrescar contenidos, de dejar que corra el aire y también de ser la uña que rasca en el papel de lija. No intento provocar ni escandalizar, pero si estimular alguna reacción, aunque esta sea negativa. El fracaso es dejar indiferente. Escribo por necesidad, por convicción y por el vértigo que supone interactuar con un lector desconocido.
En 2012 publicaste Paràsits mentals, un libro de microrrelatos en catalán. Tres años después, publicas otro libro de minificción, esta vez en castellano. ¿A qué se debe el cambio de lengua?
Me gustan los retos. La literatura no paga las facturas a fin de mes. Esto me permite actuar con la libertad necesaria para escribir lo que realmente siento y en la forma que creo que debo hacerlo. Me gusta experimentar, de hecho, creo que es una obligación. No pretendo anquilosarme en mi “zona de confort”. Desde el año 2009 he escrito el 90% de mi producción en catalán. Con El último vuelo del Microraptor quería abrirme a lectores que no habían podido leerme hasta ahora. Para mí es un estímulo comprobar cómo funcionan (y que reacciones provocan) estas microficciones en castellano. Del mismo modo que me siento cómodo entre la auto publicación y la publicación mediante una editorial, creo que puedo compaginar el microrrelato en catalán y en castellano. ¿Para qué ceñirse a un único idioma cuando tengo dos a mi disposición? Creo en ese tipo de riqueza.
Además del idioma, ¿ha cambiado algo tu forma de escribir?
Espero que sí. Entiendo la escritura como un aprendizaje constante en el que hay que incorporar nuevos recursos y reciclar y desechar contantemente. El acto creativo del microrrelato ha de ser estimulante. Elaborado, pero divertido en su concepción. En ese sentido El vuelo del Microraptor está mucho más trabajado, en la estructura y en el contenido, que Paràsits mentals. Esperemos al juicio que emitan los lectores del libro.
Los textos de El último vuelo del Microraptor, ¿están escritos directamente en castellano o son traducciones del catalán?
El manuscrito original lo escribí en catalán, posteriormente volví a escribirlo en castellano. En el proceso, tuve que desechar algunos microrrelatos y escribir otros nuevos. Hay distintos giros, expresiones o frases hechas que no podían traducirse literalmente ya que perdían el sentido concreto con que estaban pensados. Adaptarlos fue una experiencia enriquecedora y un reto al que hasta entonces no me había enfrentado a gran escala. Afortunadamente, para salvar los escollos que se fueron presentando, pude contar con la ayuda inestimable de la autora y correctora Mercè Bagaria.
El último vuelo del Microraptor está repleto de referencias al cine, las series, la literatura, la música... ¿Qué significa para ti esta cultura del entretenimiento?
Tuve suerte. Vengo de una familia modesta, pero en casa siempre tuve, desde pequeño, música y libros a mi alcance. Obviamente también la televisión y un montón de series alucinantes de los setenta y los ochenta y de vez en cuando, sesiones dobles de reestreno en el cine del barrio. Era otra época, la analógica. Los contenidos se absorbían, creo, con más intensidad que ahora y había más tiempo para asimilarlos. Ahora existe una cantidad apabullante de contenidos al alcance de la mano, pero todo es más efímero. El cine, el cómic, la música y la literatura de género son mis referentes. Para mi es natural trabajar con ellos.
Publicaste hace tres años Alfa y Omega, una novela breve de temática zombi. Una de las secciones del libro está también dedicada a los zombis. ¿De dónde nace tu interés por eso que David Roas denomina en el prólogo “el monstruo posmoderno por excelencia”?
Sin duda del cine. Dos films (que tratan el zombi desde puntos antagónicos) y que me impresionaron en mi infancia fueron “Night of the Living Dead” de George A. Romero y “I walked with a zombie” de Jacques Tourneur. En música siempre he amado el rock y el punk rock por lo que he escuchado a bandas de horror punk como Misfits y Wednesday 13. Me sirvo de mis referentes para acercarme, con ánimo de antropólogo literario, al zombi. Un antropólogo loco como el de cualquier mad doctor de serie B, por supuesto.
La fantasía, la ciencia ficción o el terror son elementos que encontramos en las páginas de tu libro. ¿Crees que el microrrelato es el género donde mejor se mueve lo fantástico?
Sin duda da mucho juego. La novela y el cuento tienen sus propios recursos para valerse del fantástico. El microrrelato debe adoptar sus propias armas, pero ilustres como Borges, Cortázar o Jodorowsky ya demostraron su validez. Mis microficciones se sustentan frecuentemente en el fantástico o en el enfrentamiento directo entre la realidad y el fantástico. Mi intención es que el choque entre estos dos trenes produzca un resultado que, como mínimo no deje indiferente. En este sentido, debo bastante a ciertos microrrelatos que escribió Fredric Brown, autor más conocido por su obra de ciencia-ficción.
¿Qué autores clásicos de microrrelatos en catalán nos recomendarías? ¿Y actuales?
Como autor clásico es ineludible el nombre de Pere Calders (Invasió subtil i altres contes) y el de Joan Perucho (Monstruari fantàstic). Como autores actuales destacaría a Jordi Masó y a Jesús M. Tibau. El laureado poeta, dramaturgo y narrador Josep-Ramon Bach acaba de publicar El ventríloc tartamut un estupendo libro de microrelatos donde prima la ironía y Marta Pérez i Sierra, también poeta, publicó el año pasado Bavastells, un conjunto de microrrelatos que narra sentimientos e historias de marionetas.
Como activista literario, ¿cómo ves el panorama de la microficción actual en lengua catalana?
Internet, desde hace unos años, ha favorecido también el auge de los concursos y certámenes en catalán, así como el acercamiento entre autores. En 2012, cuando era miembro del “ARC”, pusimos en marcha un concurso de microrrelato en combinación con emisoras de radio locales del que todavía se publica una antología anual. También está el concurso de “La Microbiblioteca” de la biblioteca Esteve Paluzie de Barberà del Vallès y en Barcelona, Ignacio J. Borraz convoca “Me Suenan Tus Letras” un evento periódico que da cabida al microrrelato en catalán. En blogs literarios, “La Bona Confitura” de Jordi Masó es el referente desde el 2010. A nivel de editoriales el panorama es un poco más desalentador, aunque “Cossetània Edicions” publica, desde hace años, la obra de Jesús M. Tibau y Témenos Edicions acaba de estrenar una línea para microrrelato con la publicación del último libro de Jordi Masó. En Twitter está teniendo muy buena acogida la “Lliga de MicroRelataires Catalans”, competición literaria para escritores de microrrelato.
Queda mucho por hacer y para situarnos en igualdad de condiciones, como mínimo en difusión, diversidad y oportunidades para publicar, aunque hay mucho nivel entre los escritores catalanes. Sería importante poder contar con más eventos y simposios, quizá una asociación que permitiera unas jornadas de encuentro anuales.
¿Qué libros podemos encontrar ahora mismo en tu mesita de noche?
Acostumbro a leer varios libros a la vez, ya sean nuevos o para desempolvar antiguas lecturas y paso de uno a otro según mi estado de ánimo. Carmilla de Joseph Sheridan Le Fanau. Temporada de fantasmas de Ana María Shua. Distorsiones de David Roas. La carne no está en venta de Ricard Millàs. El camino de los reyes de Brandon Sanderson.
¿Tienes algún otro proyecto literario del que nos puedas avanzar algo?
Una nueva colección de microficciones escrita en catalán y centrada exclusivamente en el fantástico y en la cultura de entretenimiento pop y trash. Ya he llegado a un acuerdo con un editor (que también debe estar un poco loco). Debería publicarse el otoño próximo.
Un autor: J. G. Ballard.
Un libro: “Cat’s Cradle” de Kurt Vonnegut.
Un cuento: “Ajedrez” de Kjell Askildsen incluido en “Todo como antes”, Ediciones Lengua de Trapo, S.L.
Una película: “Planet of the Apes” (1968), de Franklin J. Schaffner.
Una serie: de mi infancia “V”. Contemporánea: “Sam Crow” (Sons of Anarchy).
Una ciudad: Centralia, en el condado de Columbia, Pensilvania (Estados Unidos). En 1981 una mina de carbón situada en el subsuelo de la ciudad se incendió (aún arde hoy en día) obligando a huir a toda la población. La ciudad del videojuego (y del film) “Silent Hill” está inspirado en Centralia.
Un pueblo: Dunwich (el pueblo que H. P. Lovecraft ideó para “The Dunwich horror”).
Una canción: “All Along the Watchtower” – The Jimmy Hendrix Experience (preferiblemente, sonando muy alto).
Un grupo: la formación original de AC/DC.
Un deseo: ver de nuevo reunida la formación original de AC/DC.

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