Continuando con nuestro proyecto “CALENDARIO MICROCUENTISTA 2016”, les proponemos la siguiente imagen como disparador al concurso de microficciones del mes de diciembre.
Recibiremos en el cuadro de comentarios de aquí abajo, hasta el 20 de diciembre de 2015, las microficciones de todos los interesados en participar. Los textos recibidos deberán cumplir con las siguientes Bases y Condiciones:
1. Podrán participar personas de cualquier nacionalidad mayores de 18 años.
2. El tema del concurso será libre, aunque debe estar relacionado de alguna manera con la imagen propuesta.
3. La microficción deberá estar escrita en castellano y ser inédita: no puede haber sido publicada con anterioridad en ningún espacio físico (libros, revistas, prensa, etc.) ni virtual (blogs, revistas digitales, portales web, etc.). Tampoco podrá estar participando en otro concurso ni esperando fallo de un concurso de la actualidad.
4. El texto no podrá superar las cien (100) palabras. Cada concursante podrá enviar hasta tres (3) microficciones en cada concurso mensual.
5. Las microficciones deberán ser publicadas dentro del espacio previsto para "Comentarios" al pie de la entrada en la que se publica cada foto.
6. La fecha límite de recepción de microficciones será el último día de cada mes.
7. Vencido el plazo, un jurado invitado elegirá cada mes al texto ganador y dos menciones especiales. Los tres textos seleccionados serán publicados en la Internacional Microcuentista. Los resultados se darán a conocer en el transcurso del mes siguiente.
8. A fin del 2015, la Internacional Microcuentista elaborará un calendario digital, de distribución gratuita, que contendrá las doce imágenes con los doce textos ganadores. También podrá imprimirse en papel.
9. El envío de trabajos implica la aceptación total de estas bases y la eventual inclusión de su microrrelato en el "Calendario Microcuentista 2016".
10. Las microficciones que no cumplan con estas Bases no serán tenidas en cuenta para el concurso.
La imagen correspondiente al mes de diciembre de 2015 es del fotógrafo, escritor y editor Andrés Galindo.
Los invitamos a participar dejando sus textos como comentario.¡Anímense!

Sociedad justa
ResponderEliminarSoy una mujer encarcelada en el cuerpo de una niña. Padezco una de esas raras enfermedades en las cuales el gobierno no quiere intervenir. Nadie ayuda, nadie tiene soluciones. Pero si amplias opiniones en las que me tratan como si fuera una cría. La sociedad me juzga. Me tienden trampas ocultas bajo numerosa medicación y falsos tratamientos. No tengo poder de decisión. ¿Y dicen que la humanidad es justa? Yo lo pongo en duda. Mientras unos se realizan cientos de operaciones extravagantes, a mí no me dejan ejercer mi derecho a vivir como me place. Feliz y autorealizándome.
THEODORA
ResponderEliminarFeliz Navidad, dijo el desconocido, escondiendo su rostro detrás de un disfraz de payaso. Nunca supe cómo era su cara, tampoco sé si acerté a darle las gracias; pero aún lo recuerdo hoy, aún hoy sé que no voy a olvidarlo: tenía siete años, estaba en el hospital y las fiestas parecía que iban a pasar de largo hasta que aquel hombre, escondido y amable, hizo que llegasen hasta mi cama materializándose en un coche de carreras, que desde entonces y hasta ahora, años después y ya curado, me acompaña.
ORGULLO
ResponderEliminarEstaba seguro de que mi corazón era un buen regalo, sin embargo no acababa de encontrar la persona correcta a quien entregárselo.
SECRETOS DE ALCOBA
ResponderEliminarDicen que la vieja mansión de los Arteaga está encantada. Nadie se atreve a pasar cerca cuando anochece porque los suspiros que se escapan por las rendijas provocan tal estado de melancolía en quienes los escuchan que no pueden salir de la cama durante días.
Es el fantasma de doña Rosalía, murmuran las comadres en la plaza cuando el viento arrastra sus lamentos. Nadie puede jugar con lo prohibido y ganar, añaden.
Ella sigue penando, año tras año, por el amante al que transformó en pulpo al confundir el libro de hechizos con el de las recetas de la abuela.
Me encanta, Patricia!
EliminarImaginativo como todos tus textos y bellamente escrito.
Un abrazo.
Carme.
AL TATA LE GUSTABAN
ResponderEliminarAl Tata le gustaban mucho los pulpos y siempre quería que yo los guisara. Con tu manita santa, decía, que ya me conoce bien. Canijo Tata. Ya luego que comía me buscaba en la noche porque decía que le daban vigor y que la Nana mejor quería dormir. Con razón, digo yo.
Las ratas me ayudaron a ponerle remedio mientras las miraba cómo se morían con el veneno que yo les daba en bolitas de masa. Lo mismo hice con los pulpos del Tata. Ahora la Nana y yo nos vamos a dormir rete contentas.
ERROR FATAL
ResponderEliminarEl pulpo Paul, famoso por acertar siempre a la hora de elegir el recipiente en el que meterse, fue a equivocarse precisamente delante de aquella cocinera gallega.
EL VÁSTAGO
ResponderEliminarInvolucrada como cada noche en el sueño, voy recorriendo estancias oscuras de lo que parece una mansión infinita, hasta dar con ella, que me está esperando después de muchas noches de búsqueda. Su rostro difuso quiere ocultarme su identidad, pero yo sé quién es; su anillo, su mano venosa ofreciéndome un tarro con aquella criatura una y otra vez… Quizás si no lo hubiera visto al nacer… Pero yo era su madre y aquella partera endemoniada se regocijaba en mi tormento de haber parido un monstruo. No la odio, su recuerdo es mi única conexión con mi vástago.
SOMBRA
ResponderEliminarElla tenía la afición por cultivar extraños especímenes, hecho que a su sombra le disgustaba. Un día, vio que su sombra dibujaba una imagen emancipada que caminaba por senda propia. Por mucho tiempo trató de alcanzarla, hasta que un eclipse de sol permitió que se uniera de nuevo a sus pies. Ahora, espera ansiosa el atardecer que acalla el reloj de su cuerpo, y disfruta cuando el ocaso anticipa la desaparición de los contornos. Una singular espera de la noche, que deje en reposo a su sombra, para que no la abandone otra vez.
La venganza es un plato que a veces se sirve frío
ResponderEliminarDespués del conejo, continuó con el resto de las mascotas.
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ResponderEliminarKRAKEN WORLD
ResponderEliminarLos extraterrestres, incapaces de exterminarnos por razones éticas, dieron la Caja de Pandora a la niña inocente.
Ella la abrió. De ahí, estos lodos.
ANDROIDE
ResponderEliminarConseguimos arrancarle el corazón, pero era tanta la energía que todavía así irradiaba que seguíamos hipnotizados obedeciendo siempre sus órdenes, que ahora fueron las de arrancarnos nosotros mismos los nuestros. De ello no solo conseguiré librarme, tampoco me quedaré sola en mi universo de las máquinas.
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ResponderEliminarCon mirada lúgubre, Pandora comenzó a abrir el envoltorio... Nadie imaginaba lo que vendría después.
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ResponderEliminarSuplicando clemencia, le explicó que tenía ocho brazos con ventosas pegajosas que se unían en su cuerpo y un pequeño cerebro en cada uno, controlado por el principal. Que en su cabeza tenía, además del cerebro principal sus grandes ojos y tres corazones. Que disponía de un depósito de tinta que empleaba para escapar de sus depredadores y un sifón que podía cambiar de dirección y con el que expulsaba una gran cantidad de agua para impulsarse a gran velocidad...
ResponderEliminar-¿Conoces algún animal más extraño que yo? –Le preguntó.
-¡No! –Respondió ella- ¡¡Ni tampoco un manjar más exquisito!!
Queridos Reyes Magos:
ResponderEliminarYa sé que los niños son lo primero en estas fechas llenas de ilusión y alegría. Pero también los mayores tenemos nuestra pequeña parcela asignada.
Tal vez no sea culpa de Sus Majestades sino de los mensajeros, que confundieron las cartas con mis peticiones.
Para el año que viene, si no es mucha molestia, ¿Podrían reservarme un crucero en alta mar en un trasatlántico de lujo?
Gracias por el calamar. Aparte de usar su tinta en esta carta, no sé muy bien qué hacer con él.
LA HEREDERA
ResponderEliminarParece normal casi todo el tiempo, ahí sentada enfrente de mí. Un temblor, un escalofrío, un movimiento fugaz que en la memoria es recuerdo borroso, son pequeños indicios, como su único recuerdo de su padre, creciendo una maceta, el tentáculo que la hace recordar que es la hija de Cthulhu.
El anillo de ónix
ResponderEliminarCuando cae el sol coloco los tentáculos fríos sobre mis pechos. El calamar se extiende y sus babas renuevan mi piel. Llevamos siete siglos haciéndolo, noche a noche, y él sigue cumpliendo; por las mañanas, todas las células muertas han sido removidas y vuelvo a ser la niña de siempre. Sólo el antiguo anillo de ónix, que lastra mi mano, persevera en negar mi infancia eterna: su piedra es testigo de la vejez de mis venas. Alguna noche se lo pondré al calamar en un tentáculo. Será la última vez para ambos.
Le regalé la inmortalidad en una maceta. Solo tenía que regarla frecuentemente, ponerla bajo la luz de luna en los cuartos crecientes y esperar a la próxima luna roja. Quiero pensar que se descuidó, que no fue a propósito. ¿Ha visto un perro con alas y tentáculos en lugar de trompa por ahí?
ResponderEliminarLe regalé la inmortalidad en una maceta. Solo tenía que regarla frecuentemente, ponerla bajo la luz de luna en los cuartos crecientes y esperar a la próxima luna roja. Quiero pensar que se descuidó, que no fue a propósito. ¿Ha visto un perro con alas y tentáculos en lugar de trompa por ahí?
ResponderEliminarA cucharadas
ResponderEliminarAyer recibí la urna con las cenizas de la tía Serafina, que falleció inesperadamente la semana pasada por culpa de un chile descomunal que se le atravesó en la laringe. Ella previamente había decidido en su testamento ser incinerada y que sus bienes fueran otorgados al heredero capaz de ingerir sus cenizas mezclándolas en potajes, guisos o sopas. Yo soy, de momento, la única voluntaria de la familia, pero aún estoy algo indecisa. Seguro que picará, ¿no?
CEGUERA
ResponderEliminarA pesar de los insultos, a pesar de los golpes, el velo que cubre sus ojos morados y llorosos, en lugar de aflojarse se ciñe más y más. Y así ella vuelve a ofrecerle su corazón, un corazón tan ávido de afecto que ahora tiene tentáculos, de esos que sirven para abrazar más fuerte, de esos que sirven para abrazar mejor.
ResponderEliminarEXPERIMENTO
-"¡Que no, que no! ¡Que no puede ser!" -decía mi hermana mirando incrédula la maceta.
Yo, exultante, sonreía de oreja a oreja. Planté una ventosa y hacía días que la regaba con agua de mar. Me estaba floreciendo un hermoso pulpo.
FLOR DE MAR
ResponderEliminarVolverá a verlo esta noche, apenas asomada a cubierta.
Abrazada a la estatua del guapo doncel, elige la flor más sinuosa del jardín y recuerda las palabras de su padre: "Tienes mano azul para las plantas."
©Mariangeles Abelli Bonardi
8 de diciembre de 2015
¿BONSAI?
ResponderEliminarCuando lo puso en el balcón, de cara al mar, ese brote que no prosperaba al sol, y que tan entusiastamente le habían vendido, empezó a estar lozano.
©Mariangeles Abelli Bonardi
Tempus fugit
ResponderEliminarLlevo un día entero posando para un famoso fotógrafo que, eso dice, participa en un proyecto de calendario digital. Está enfadado, porque le corresponde diciembre, un mes propicio para temas melancólicos, algo que él detesta. Así que me mantiene en un ambiente glacial, contemplando un cráneo como si fuera el mismísimo Hamlet resolviendo dudas existenciales. Pero es mal momento para filosofar, que el pulpo, miren bien la imagen, se me escabulle tan rápido de las manos como se nos van los años y la vida en general.
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ResponderEliminar“AL CABO DE UN MES”
EliminarPlantó un trocito de pulpo en una maceta. Su vecino le había asegurado que el animal se desarrollaría íntegramente si tomaba la precaución de regarlo con agua de mar durante un mes. Esa misma tarde la mujer condujo cuatrocientos kilómetros para proveerse del vital elemento. Mientras tanto, en la comodidad de su casa, el hombre se reía como un niño. Y así continuó haciéndolo cada vez que recordaba su embeleco; hasta que un día su vecina lo invitó a ver el pulpo. Entonces fue la mujer quien se rió cuando aquellos ocho vigorosos tentáculos abrazaron al bromista por el cuello.
“AL CABO DE UN MES”
EliminarPlantó un trocito de pulpo en una maceta. Su vecino le había asegurado que el animal se desarrollaría íntegramente si tomaba la precaución de regarlo con agua de mar durante un mes. Esa misma tarde la mujer condujo cuatrocientos kilómetros para proveerse del vital elemento. Mientras tanto, en la comodidad de su casa, el hombre se reía como un niño. Y así continuó haciéndolo cada vez que recordaba su embeleco; hasta que un día su vecina lo invitó a ver el pulpo. Entonces fue la mujer quien se rió cuando aquellos ocho vigorosos tentáculos abrazaron al bromista por el cuello.
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ResponderEliminarLA CAUTIVA
EliminarComo cada amanecer, se dirige hacia la alcoba de Morgana con la esperanza de encontrar junto a la puerta el cuenco vacío. Pero no, otra metamorfosis que adornará la vitrina de su ama, otro pretendiente que no cumplió con sus expectativas.
Rita Rodríguez
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ResponderEliminarDESMARADA
EliminarDesconocía si existía la palabra, pero así es como ella se sentía: exiliada, alejada de su patria, abandonada por su Dios. Solo consiguió llevarse algunos recuerdos: coral, una estrella, el caballito, un pulpo, la medusa... pues la maldición de Neptuno le impedía volver a mojarse en el mar y, a cambio de unas piernas, borró el bello rostro de la Sirena.
FRAGILIDAD
ResponderEliminarÉl es un hombre de detalles, por eso le trae un regalo. Ella lo recibe sorprendida, viene envuelto en un pañuelo de seda y al abrirlo encuentra una taza personalizada, con su imagen. Para agradecerle el gesto, prepara té y deja que sea él quien estrene el obsequio. La bebida está caliente y le quema los labios; el dolor le provoca un ataque de ira: recipiente y líquido vuelan por el aire. Cuando aterrizan, quedan una mujer con el rostro deformado y una taza, intacta.
Monstruos
ResponderEliminarParece sencillo, Linda tiene ganas de comer pulpo. No hay nada extraordinario en esa preferencia gastronómica, es una mujer decidida e irá por ello: el deseo la impulsa a embarcarse en la aventura.
Mientras tanto, en otro punto de la ciudad, frente al catálogo de Diane Arbus que flota sobre la superficie marina, el temible octópodo de anillos azules elige su próxima víctima.
MI ADIOS
ResponderEliminarNo supe distinguir lo que llevabas entre manos pero no me fue necesario beber de tu pócima, con tu actitud tuve bastante.
Tu cara se difuminó como el recuerdo que también quiso huir de mi pensamiento.
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ResponderEliminarDOBLE PERSONALIDAD.-
ResponderEliminarAunque el espejo reflejaba una imagen borrosa, era una mujer de fuerte carácter. Le devolvió el regalo de Navidad con un gesto decidido. Pero nunca se atrevió a confesarle su alergia a los productos Made in China.
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ResponderEliminarNATURALEZA
ResponderEliminarEn realidad, ella no necesita soñar cosas terribles. Es la prolongación de ellas.
METAMORFOSIS
ResponderEliminarCada noche extrae de las ocultas sombras de la memoria un secreto, como si se tratase de un organismo vivo, al que le crecen numerosos tentáculos que con el tiempo, son materia de sus propias pesadillas.
HIPNÓSIS
ResponderEliminarEra tan fuerte la impresión de alucinación, que su terror se revestía de forma humana y su secreto de naturales tentáculos.
TENTÁCULOS
ResponderEliminarNunca supo si aquellos tentáculos que la oprimían eran las palabras ásperas de su marido o la vida, que le iba echando raíces. Pero si sabía que las noches ya no eras tiernas y pacíficas, porque durante las cenas el odio y el dolor atravesaban el pan y la tortilla, y las papas cocidas…Y todo tomaba color a miedo y sabor a babas saladas.
REGALOS
ResponderEliminarSi era alguna otra la que le había regalado aquella moderna correa de chapitas metálicas, lo ignoraba y le traía sin cuidado ya. Lo que no podía quitarse de la cabeza era si esa otra era consciente de que aquel hombre, con el que seguía casada, tenía muy pocas ganas de calzarse la chupa de cuero que apareció misteriosamente en el armario el día de su 62 cumpleaños. Para él, la corbata y el traje eran la única forma decente de enfrentarse a la vida. A no ser, claro, que esa estrechez mental la reservara exclusivamente para su amada esposa.
JARDINERIA
ResponderEliminarEl macetero era horrible, y la planta. No podía ser de otra forma; al fin y al cabo esa maceta era el producto de las semillas que la habían martirizado durante toda su vida, desde el miedo a la oscuridad de su primera infancia hasta el horror a la soledad de su adultez. Incluso había plantado sus pesadillas y sus desvelos, y sus decepciones también. Unas las había plantado cuando apenas eran semilla, otras cuando ya habían crecido desmesuradamente ¡Qué necesidad había de poner un macetero bonito a semejantes brotes!
LESBOPULPAR
ResponderEliminarUma atrapó entre sus piernas los muslos de Ismene. La ondina virgen sucumbió al frotis de su opresora. De una vulva a otra fluyeron cantidad de espasmos. Así se rasgó el himen por dónde el primer tentáculo asomó sus ventosas, penetró el cuerpo de Uma y la preñó con su extraña semilla. Las dos féminas no volvieron a verse. Cada veintiocho días Uma extrae de su oscuro flujo los huevecillos con que Ismene la fecundó. A falta de espacio, los siembra en trozos de cielo nocturno e infesta el firmamento de pulpos astrales.
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ResponderEliminarPARÁSITO
ResponderEliminarAl principio creíste que se trataba de alguna especie de cactácea. El brote verde oscuro consiguió engañarte. Creció lo que parecía un retoño de sábila, cuya textura lisa en vez de llenarse de espinas se cubrió de ventosas.
Aquel tentáculo diminuto abrió paso a otros cinco que soltaban un gas alucinógeno, pequeñas partículas se desprendían de él. Esa noche respiraste profundo. Su parásito ha venido a instalarse en tu cerebro. Moluscos imposibles centellean en tu psique. Te dicen como actuar, como moverte, incluso la forma en que pronto habrás de cometer suicidio.
CENA DE NAVIDAD
ResponderEliminarAl terminar de servir los alimentos la mucama, una chica rara que vino del otro lado del mar, cierra los ojos. Los señores se miran, extrañados por su comportamiento; no escuchan, en ese breve instante, cuando ella le dice a su hijo que se coma la ensalada.
SUCCIÓN
ResponderEliminarTe la regalo por tu valentía, pero no debes decírselo a nadie.
La anciana depositó la maceta en manos de la niña y desapareció. Un movimiento convulso estremeció el regalo. Era una flor movediza con tallos-extremidades de calamar. La niña no encontró mayor gracia en sus planta molusca, salvo el saber que con ella conseguiría librarse de su tormento. Sobre su vientre desnudo acomodó las ventosas de cada tallo. Estas comenzaron a succionar con fuerza a través de la piel. Poco a poco se fue desintegrando el feto que por fin dejaba de existir.
Aquí van, tres de mis microcuentos. Espero que sea de su agrado:
ResponderEliminarERROR HUMANO
–Cada vez las hacen más reales –dijo el hombre, quien con brusquedad arroja a la pared a lo que creía que era una muñeca…
XENOMORFO
Le había hecho una inocente pregunta, sobre lo que tenía en sus manos. A lo que pensaba que era una niña. Así fue, que sin pudiera defenderse, la extraña planta se aferro a su pecho e inyectándole unas esporas. Convirtiéndolo en una incubadora viviente de una nueva especie…
LA CACERÍA
Los tiempos se habían vueltos difíciles para el viejo. Ya no podía acercarse a los niños, sin que la gente pensará que era un pedófilo. Aunque en verdad lo fuera. Es por eso que en su búsqueda de un menor, encuentra a una abandonada niña pidiendo limosna en la calle. Sosteniendo una plata marchita. No dudo ni un segundo en acercarse a ella y llevársela a su casa. Sin saber que esta lo veía como una de las tantas presas, a las que había matado…
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ResponderEliminarNUEVAS GAFAS
ResponderEliminarTu imagen aparece como un espejismo provocado por este par de bifocales que me recomendó el doctor. Pero así me gustas más. Ahora eres parte de mis sueños.
NUEVAS GAFAS
ResponderEliminarTu imagen aparece como un espejismo provocado por este par de bifocales que me recomendó el doctor. Pero así me gustas más. Ahora eres parte de mis sueños.
FUGACIDAD
ResponderEliminarQué importaba lo que viera , tocara o sintiera si su vida se diluía cada día en su memoria.
MANCO
ResponderEliminarMientras pica el pulpo la mujer llama al marido para que le eche una mano. ¡Ella hace un guiso para chuparse los dedos!
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ResponderEliminarDONANTES
ResponderEliminarEra tarde, demasiado tarde, cuando pude reparar en sus manos de sarmiento. Su mirada arácnida, que parecía proceder de otro mundo, había tendido una red pringosa que me tenía inmovilizado sobre la mesa. Se acercó despacio, humedeció mis labios con la burundanga de los suyos y se alejó dejándome un enorme vacío y un penetrante olor a casquería.
HAYLAS
ResponderEliminarNo sé por qué Hortensia niega siempre que es gallega, de Porriño. Quizás le da vergüenza que todo lo que cocina sabe a pulpo, incluso el café. Papá dice que es una frescachona y una ordinaria, pero le recorre con anhelo la piel tersa y azulada del escote. A mí me fascinan su olor a botafumeiro y sus manos de piedra musgosa. Cuando estamos en la cocina juega a asustarme con cuentos de lobisomes y, como colorín colorado, pone ojos de muerta. “Si no apartas la vista, os sorberé el alma”. Y lo cumplió. Ahora lleva el anillo de mamá.
Visita ineludible
ResponderEliminarMi suegra es como la Inquisición. En cuanto cruce el umbral, los suelos estarán opacos, las camisas de su hijo mal planchadas, el cabello de los míos demasiado largo y el geranio seco.
Fingiré prestar atención a sus trucos infalibles para que las cortinas no huelan a tabaco y a las recetas favoritas de su hijo.
Eso sí, una vez que se haya marchado, todo volverá a la normalidad. El perro perseguirá iguanas, mis hijos le darán cerveza al pulpo que crían en una maceta, y atarán a su padre, para poder cocinarle otro trocito en la hoguera.
Insistencia
ResponderEliminarEstaba decidida a morir. Primer intento: frasco de pastillas. Mi impericia química ha derivado en un monumental desarreglo estomacal y varios días durmiendo.
Segundo intento: internarme en el mar. Un pulpo me ha rescatado y ahora lo tengo de mascota en un macetero. Lo riego a menudo, el pobre ha sacrificado su vida por mí.
También he planeado dejar el gas de la cocina abierto, sin tener en cuenta que la mía es eléctrica.
Pero esta vez no fallaré. Estoy en la azotea del edificio más alto de mi ciudad dispuesta a saltar.
Qué pena haberme mudado a Lilliput.
Azules
ResponderEliminarLos pulpos azules del abuelo, se te aparecían en cualquier rincón. Él decía tenerlos amaestrados, pero lo cierto es que hacían lo que les venía en gana. Tanto se colaban por el desagüe del patio, como se ovillaban en el frigorífico. Entonces el abuelo tocaba la flauta y reptaban por el pasillo hacia nosotros. Sólo él y yo los veíamos.
Ahora, que el abuelo no está, han hecho fumigar la casa. Sólo he podido salvar uno de ellos. Lo oculto bajo la almohada. Mi pelo ha empezado a tornarse azul, pero mis padres, no se darán ni cuenta.
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ResponderEliminarDESEO DE CUMPLEAÑOS
ResponderEliminarEn su cumpleaños número 9 frente a su torta, cerró los ojos y sopló las velas. Prendieron la luz, solo vieron las huellas hacia la puerta de salida de unos zapatos de tacón.
REFLEJO
ResponderEliminarSostenía una muñeca en sus manos. Caminó hacia su madre quien dormía en la cama, antes se detuvo hipnotizada en el espejo del cuarto. Acomodó a la bebe al lado de su abuela.
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ResponderEliminarUn tiempo nuevo
ResponderEliminarLa primera sorpresa fue ver la marca blanca en su muñeca. Hace rato que en el cuenco borbotea la mezcla: una foto de él, todos los relojes obcecados en anunciar su hora de llegada, y un número de teléfono de sólo tres cifras. Buena señal, los relojes arden, la foto empieza a transformarse en monstruo y, al otro lado del espejo, su rostro comienza a aclararse.
albertomorenosanchezizquierdo@gmail.com
Le pedi que me mirara para tomarle una foto. La culpa la tuvo su mirada tan intensa y las manos de este aficionado.
ResponderEliminarRemesas digeridas
ResponderEliminarEn el circo, la sirena tuvo que ganarse su plato de calamares para poder regurgitar alimento a sus crías con cada descarga del váter hacia el estuario.
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ResponderEliminarMedusa
ResponderEliminarSe quitó la plancha de dientes, el bustier de escamas; la peluca, que colocó en un cuenco de agua para alborozar las puntas de sierpe de los tirabuzones. Por último, se retiró el iridiscente maquillaje de los ojos para mirarse al espejo, sin quedar paralizada, como todos aquellos fans que se derrumbaban como ruinas a la entrada de su hogar.
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ResponderEliminarANIMAL DE COMPAÑÍA
ResponderEliminarNunca ha destacado por su belleza. Es antipática y aburrida. Odia los perros, el cine y la cerveza. No baila, hace trampas con las cartas y siempre que puede se salta en rojo los semáforos y sobrepasa los límites de velocidad. Pero me gusta tanto lo que escribe que con gusto le cedo hasta la última gota de mi tinta.
EL REGALO
ResponderEliminarAna dijo: - Es lo mejor que tengo y te lo ofrezco.
Él lo tomó y luego abrió las alas. Voló muy lejos con el corazón de su amiga.
C. N.