Se llama
pregón al acto de promulgación en voz alta de un asunto de interés para el
público. Se originó en la época colonial, por la necesidad de comunicar al
público algunos servicios (como el inicio de un acto) e incluso el consumo de
productos.
Con el
tiempo se acompañaron con música y se convirtieron en parte de la tradición
popular de algunas regiones, la gracia y picardía al pregonar los hacía simpáticos
y la gente les compraba más.
Existen
pregones en muchos países del Mediterráneo y en casi toda América Latina.
Desde el punto de vista literario se
trata de un discurso elogioso, una exaltación literaria en prosa y verso. Los
pregones pertenecen a la literatura oral y popular, es decir, aquella que tiene
como destinatario directo al pueblo, y que se caracteriza
por: (i) constituir un patrimonio común de la colectividad, (ii) la existencia
de variantes para una misma composición poética, (iii) su carácter “anónimo” y
(iv) la reelaboración constante de los textos desde su transmisión.
Asimismo, presentan claras conexiones con el folcklore, ya que
aluden a diferentes aspectos de la vida tradicional de un colectivo
(costumbres, etc).
Los pregones forman parte del género
lírico. Nieves Gómez los define como:
“...una composición poética, por lo general en verso (aunque puede estar
también en prosa), a veces recitada y a veces cantada, que se utiliza para
alabar algún tipo de objeto o de mercancía que se pretende vender.”
La perpetuación oral de los pregones se inscribe en la comunidad
y en las instituciones educativas. Estos
pregones fueron recogidos por autores de pluma y músicos.
En Argentina también era común el pregonar por las calles del centro. Casi todos se cantan en modo menor, con cierto
dejo melancólico:
La pastelera: "¡Pasteles calentitos / hoy no podían faltar / pa' los mozos y
mocitas / que han venido a festejar!"
La mazamorrera mulata cantaba: "Mazamorra dorada / para la niña mimada, / mazamorra caliente / para la abuela sin diente".
La morena de las empanadas: "Yo soy la negra, / tengo empanadas / que a ustedes / han de agradar. / A esta morena / nadie la iguala / en el oficio / de cocinar".
El aguatero cantaba del lado del Río de la Plata: "Soy el aguatero; / reparto el agua / que al gran río / voy a buscar. / Es agua dulce / para lavarse, / preparar mate / y amasar".
La Lavandera: “Voy caminando al
río / para lavar su ropita, / verá linda señora / cómo queda blanquita”.
El Sereno: “Soy el sereno, /
siempre vigilo / todas las calles / de la ciudad. / Todo lo veo, / anuncio el
tiempo / y doy la hora, /siempre actual.” “¡Las 12 han dado y sereno! / y la
noche está tranquila. / Camino con mi farol /por la ciudad dormida”.
El escobero: "Yo soy el negrito Tino que siempre pasa por acá, vendiendo
escobas y plumeros y nadie me quiere comprar", "Aquí llega el
escobero que la quiere ayudar, mis escobas y plumeros si que barren de
verdad", "¡Escoba, escobillón para limpiar el piso del gran
salón!", "¡Plumeros y cepillos, escoba, escobillones para limpiar el
piso de salitas y salones!", "Traigo escobas de calidad ¡para que
brille la libertad!", "¡Escoberooooooo! para barrer al virrey... no
hay como las escobas de Miguel! ¡Escoberoooooo!"
La desaparición de los pregones tuvo
que ver, seguramente, con la aparición de diversos medios de comunicación como
la radio o la televisión. Estos dispositivos hacen que la difusión de una
noticia sea mucho más sencilla, por lo que el mensaje puede llegar a gente que
está ubicada a gran distancia geográfica. Para tomar conocimiento de un pregón,
en cambio, había que estar cerca del pregonero (quien lo pronunciaba).
Otra cuestión vinculada al declive del
pregón fue el crecimiento de las ciudades y de la cantidad de habitantes. Que
se pronuncie un pregón en una plaza pública dejó de garantizar que la mayoría
de la gente se entere de la novedad, como sí ocurría hace un siglo.
En la actualidad, rescatando el
espíritu y la esencia de los antiguos pregones, varios diarios de diversas
partes del mundo se conocen como Pregón. Ese es el caso de publicaciones como
el Pregón de San Salvador de Jujuy (Argentina), entre otras.
Fuente: wikipedia.

Interesante artículo al que me permito agregar tres populares pregones escuchados en Cartagena de Indias (Colombia):
ResponderEliminar“¿O es qué no me oyen o es qué no me ven”?, así anunciaba el “griego” su producto, las tostadas y crocantes griegas que llevaba en un canasto, caminando bajo sol y lluvia las calles de Cartagena.
“Maní, maní, maní, está caliente cómpreme a mí”, ese era el pregón del manisero que recorría los viejos teatros en medio de la película que se proyectaba.
“Alegría con coco y anís, casera cómpreme a mí que vengo del barrio de Getsemaní”
Se perdió esa genialdad costumbrista, todo se diluyó en el tiempo y las nuevas generaciones no se inmutan ante eso, ni saben qué es un pregón. Ni culpa tendrán. Es una verdadera lástima.
ResponderEliminar"¿Quién quiere poesías...? ¡Las invento todos los días...!"
La neta valen pa puritita verga
ResponderEliminarque pedo blog
EliminarGracias por la aportación.
ResponderEliminarVal3n verga
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