Luisa Valenzuela nació en Buenos Aires, Argentina. Vivió 10 años en Nueva York, escribiendo en residencia en Columbia University y New York University. Es uno de los referentes más importantes de minificción en el mundo, sin mencionar su prolífica carrera como periodista, novelista y cuentista. Luisa Valenzuela es autora de novelas tales como
Hay que sonreír, El gato eficaz, Como en la guerra,
Cola de Lagartija, Novela negra con argentinos, Realidad
nacional desde la cama y La travesía. Como ensayista, ha publicado Peligrosas palabras, Escritura y Secreto, y
el muy breve Acerca de Dios (o aleja). Mención detenida merece su bibliografía en el género del cuento: Los heréticos, Paidós, 1967; Aquí pasan cosas raras, Ediciones La Flor, 1975; Libro que no muerde, Difusión Cultural, UNAM, 1980; Cambio de armas, Editorial del Norte, 1982; Donde viven las águilas, Editorial Celtia, 1983; Simetrías, Plaza y Janés, 1997; Cuentos completos y uno más, Alfaguara, 1999; Brevs, Alción, 2004; Juego de villanos, Thule, 2008; Tres por cinco, Páginas de Espuma, 2008 y Generosos inconvenientes, Menoscuarto, 2008; ABC de las Microfábulas, Del Centro Editores, 2009.
IM: Siendo una autora tan prolífica en distintos géneros como la novela, el periodismo, el ensayo y el cuento, ¿por qué te decidiste a escribir microrrelatos?
LV: No creo que haya decisiones conscientes al respecto. El género se impone, hay cosas que dichas en dos líneas (o dos palabras) son mucho más eficaces y sorprendentes que dichas en long play. Y de eso se trata, de la eficacia para crear un mundo, o un minimecanismo para hacer pensar y generar mundos. Desde la primera palabra, frase o pregunta que me formulo como rampa de lanzamiento sé si deberé enfrentarme con una novela, un cuento o un microrrelato.
IM: Háblanos de tus influencias en el género del microrrelato y qué fue lo que despertó tu interés por él.
LV: Las cosas suceden por decantación. Escribí microrrelatos mucho antes de que se soñara con dicho género (lo mismo le pasó a algunos otros escritores). Por lo pronto en mi primer libro de cuento Los Heréticos, publicado en el '67, hay un par de ejemplos. Y fue alrededor de esa época que tuve los domingos por la mañana en Radio Nacional (o quizá era Radio Municipal, trabajé en las dos) un microprograma que titulé “Cuentículos de magia y otras yerbas”.
IM:¿Cómo surgió la idea de escribir ABC de las microfábulas y cuál era tu intención al publicarlo?
LV: Es una historia de intertextualidad. En la feria del libro del 09 conocí a un poeta, Miroslav Shueba, quien me contó que influenciado por un viejo microrrelato mío, “El Abecedario”, empezó a escribir un abecedario de fábulas. El problema, dijo, es que había empezado de atrás para delante y estaba estancado: no encontraba animal con W. “El wombat”, le propuse, y como no lo conocía al llegar a casa busqué foto en Internet y escribí fabulita para él, toda con W. Su proyecto era menos ceñido y más extenso de lo que yo creí entonces, y sólo el animal y algún elemento empezaban con la letra indicada. Por lo que decidí recoger el guante y hacerlo respetando el código de la letra. Me salió muy rápido y me hizo muy feliz. Raúl Manrique que codirige en Madrid las deslumbrantes ediciones Del Centro me las publicó en una edición bellísima y limitada, con ilustraciones del artista español Rufino de Mingo. Ahora, para alguna edición criolla, las está ilustrando Lorenzo Amengual, también con gran humor y talento y con espíritu muy distinto.
Después llevé el experimento al extremo, por eso acá van las minimicrofábulas de una línea, con la misma vocal.
4. ¿Qué le recomendarías a los autores que recién comienzan a explorar el género del microcuento?
Rigor, sumo rigor, precisión absoluta, vuelo imaginativo, fantasía y coherencia, todo en dosis homeopáticas. Hay que ser despiadada para ceñirse al género, y tener un muy afilado y hasta quizá ácido amor por el lenguaje. A primera vista parece fácil, pero puede ser letal.
IM: Muchos de tus cuentos han sido elegidos para componer antologías y traducidos a diferentes idiomas. ¿Qué crees que debe tener un cuento para que esto suceda?
LV: Eficacia y coherencia, imagino, no permitirse las rebabas ni hacer concesiones ni imitar a nadie. Encontrar la voz para cada historia, no ceñirse a las reglas del género pero tampoco ignorarlas: hay que conocer las reglas a fondo para poder trasgredirlas a voluntad. Y por último haber leído mucho, mucho, mucho, como para toda escritura literaria, y tener el don del cuento. No todos lo tienen, hay novelistas estupendos que son malos cuentistas (mi tan admirado Haruki Murakami, por ejemplo). Lo malo es que el cuento, por corto, parece más fácil de abordar que una novela. Pero no lo es, todo lo contrario.
IM: Aparte de la literatura, otras cosas deben apasionarte. ¿Cuáles son?
LV: Los rituales, las máscaras, los mundos y culturas lo más distintos posible de los nuestros.
Un libro: Lisboa, de Leopoldo Brizuela
Una canción: “Guerreira”, cantada por Nara Leao.
Una comida: empanadas picantes de carne
Un lugar: el Village en Manhattan (donde el mundo pasa por tu puerta)
Un amor platónico: mi loro Kokopeli (alias Coco).
Un deseo: poder seguir viajando a los mundos ocultos, como hasta ahora
Un ideal: paz en la tierra, y que la llamada globalización no destruya su infinita variedad (cosa que está sucediendo a grandes pasos).
Un dolor: los sin techo, adultos y sobre todo infantes. Los torturados/as.
Una frivolidad: zapatos de diseñador para regalárselos a Margo Glantz
Un secreto: ¿un secreto de verdad? Entonces no te lo puedo contar porque automáticamente dejaría de serlo.
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P (política)
Pingüina y Pingüino parten la Patagonia en partes proporcionales: para prevenir la piratería profana, proponen. Pocos paladean la píldora: puras patrañas, protestan; puras pavadas.
Pero personas piadosas piensan que el país progresó con pingüinos en el poder y perdonan los pecados de la propiedad privada. Los peligros se pasan porque priman las pasiones primordiales por sobre las patrimoniales. Se puede participar paradojalmente pasando por pelotudos pero practicando propuestas periféricas, pacíficas y prácticas. Permitiendo proposiciones populares, planteando problemas para paliarlos en profundidad.
La patria pide pista para planear por las plenitudes planetarias.
Moraleja:
Suele ser más conveniente interceder en política desde el llano que volverse político.

Buenísimo. Me parecía estar escuchando a Zitarrosa: Mi pueblo es un mar sereno...
ResponderEliminarGracias por traernos aquí a estos autores.
Saludos.
P.
Excelente entrevista, excelente microrrelato.
ResponderEliminarGracias Esteban Dublín
Grande Luisa
ResponderEliminarEs un honor haber tenido a Luisa Valenzuela en La Internacional. Gracias a todos por estar pendientes de esta entrevista y de la generosidad de Luisa en sus respuestas.
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