Por fin me ha dejado bajar al sótano para verla. Dice que como está preñada no puede moverse y que no debo tener miedo. A la luz de la linterna la tela me decepciona un poco; me la imaginaba como las que tejen las arañas gigantes de las películas y resulta que sólo se trata de un nido de seda enmarañada, con el color amarillento del algodón sucio.
La araña sí es grande. Mi padre la quiere mucho. Ha sacrificado para ella hasta el último animal de la granja. También ha tapiado los vanos de las ventanas para que no se escape.
Mi padre dice que las crías necesitarán alimento y que, aunque no será suficiente, su madre se dejará comer para que no mueran..., demasiado terrible para quedarme a mirar.
La puerta se ha atascado.
Papá no responde.
Pedro Peinado Galisteo (España)
Tomado de Lágrimas para cactus
La araña sí es grande. Mi padre la quiere mucho. Ha sacrificado para ella hasta el último animal de la granja. También ha tapiado los vanos de las ventanas para que no se escape.
Mi padre dice que las crías necesitarán alimento y que, aunque no será suficiente, su madre se dejará comer para que no mueran..., demasiado terrible para quedarme a mirar.
La puerta se ha atascado.
Papá no responde.
Pedro Peinado Galisteo (España)
Tomado de Lágrimas para cactus
Este micro es muy difícil de escribir. Es necesario tenerlo todo estudiado y medido de antemano para que todas las piezas funcionen. Un engranaje perfecto, preciso como un reloj. Y encima con ese humor negro que destila todo el texto. La frase final, el desamparo del niño, es un escalofrío inquietante que te recorre la espalda. Un micro marca de la casa, de un autor indispensable.
ResponderEliminarUn acierto traerlo por aquí. Un abrazo.
Rubrico todo lo dicho por Agus, me parece magnífico, y deja la duda del accidente o del paternalismo mal entendido, ya que los cuidados no son destinados a quien debe.
ResponderEliminarFenomenal. Un acierto.
Chapeau! Y punto pelota
ResponderEliminarSoberbio, Pedro. Lo fácil en estos casos es jugar a la aracnofobia y tú le das otro sentido convirtiéndolo en aracnofilia. Y me deja un escalofrío imaginar al padre, al otro lado de la puerta, llorando porque su amor por la araña le exige horrorosos sacrificios.
ResponderEliminarUn placer muy grande.
Un excelente micro, Pedro. La sorpresa final es demasiado despiadada para mi gusto pero el camino por el que se llega a ella merece la pena: me quedo con el tempo con que se va destilando el misterio y con la imagen del nido de seda amarillenta.
ResponderEliminarAbrazos admirados y mi agradecimiento a la IM por difundir este excelente texto.
PABLO GONZ
Gracias a todos por vuestro tiempo y vuestros generosos y exagerados comentarios. Y gracias también a Luís Gonzalí por la selección.
ResponderEliminarAbrazos.
Los pelos como escarpias, me ha puesto este microrrelato. Así de bien narrado está.
ResponderEliminarEnhorabuena, Pedro-gigante.
Puñado de besos.
Sí, lo vi venir, pero cruel todavía.
ResponderEliminarSaludos.
Ah, que padre tan cabrón.
ResponderEliminarMuy tarde entendió porque lo dejó verla.
Saludos.