Por María Paz Ruiz Gil
Cuando Esteban Dublín me pidió que escribiera sobre mi proceso creativo pensé que sería tarea de tres días. Cuatro meses después, y ya con la promesa de entregarlo terminado en menos de 24 horas, reconozco que mi proceso creativo es más caótico de lo que imaginé. Todo en él es una contradicción: me cuesta sentarme a escribir, pero a día de hoy tengo cinco libros publicados al uso, además de seis libros cartoneros alrededor del mundo.
Cuando Esteban Dublín me pidió que escribiera sobre mi proceso creativo pensé que sería tarea de tres días. Cuatro meses después, y ya con la promesa de entregarlo terminado en menos de 24 horas, reconozco que mi proceso creativo es más caótico de lo que imaginé. Todo en él es una contradicción: me cuesta sentarme a escribir, pero a día de hoy tengo cinco libros publicados al uso, además de seis libros cartoneros alrededor del mundo.
Nunca tengo muy claro lo que voy a decir, pero aún así me salen novelas, relatos, microrrelatos, radioteatro y hasta un nuevo libro de tuits ilustrados.
Pero dado que la Internacional Microcuentista es un sitio destinado a leer y dar a conocer microrrelatos, me centraré en mi faceta como escritora de minificción.
Desde que nació en 2009 el Diario de una cronopia supe que tenía que apostar por los textos breves. En aquel entonces no controlaba tanto la palabra microrrelato y puede decirse que empecé a narrar textos cortos porque en una pantalla cualquier cosa que superase una cuartilla me parecía infumable.
Algunas veces coqueteaba con la no ficción y me permitía entrar y salir de la realidad a mi antojo, quizá porque tenía la licenciatura de Periodismo todavía fresquita en la cabeza.
Pronto empecé a leer micros y me sedujo la idea de crear mundos infinitos en pocas líneas. Como a la par estaba ideando una novela, Soledad, una colombiana en Madrid (Ediciones B), sentía un alivio automático al escribir un microrrelato, pues escribir esa novela para mí estaba siendo como cocinar con siete fogones, se me chamuscaban a veces los personajes, o me quedaban sosos, o muchas veces no encajaban los sabores de todo lo que estaba cocinando porque incluían muchas líneas de acción, dos escenarios y una trama coral de doce voces que tardó en cuajar y en quedarme con el sabor apropiado que tenía en mi mente. Los microrrelatos, en cambio, me permitían verter toda mi creatividad en un solo cazo, y trabajaban desde la sugerencia, lo que los convertía en platos súper atrevidos y condensados, platos que podía probar y probar y, en cada cucharada, cambiaban de sabor.
En 2011 publiqué mi primera hornada de microrrelatos en un libro cartonero que se llama Micronopia, un artículo de colección que el mismo Fernando Valls dice que no se encuentra en ninguna parte (le doy la razón, pero es que se fabrica de forma artesanal y se encuentra como el arte, de sopetón en librerías que apuestan por lo único). Se dice que es un libro cartonero, pero tiene forma de acordeón, lleva papel reciclado, ilustraciones, y una portada de cartón pintada a mano. Ahí aparecen publicados ocho micros, los primeros que gustaron a una editorial como es Meninas Cartoneras. Es un libro que cuenta con una versión digital muy currada, porque cada micro está ilustrado y va grabado por una voz diferente; y contiene, entre otras, colaboraciones de las voces de Ricardo Bada, Carmen Boullosa e incluso una canción original de Carolina Muñoz, cantante del Teatro Real de Madrid.
El libro está teñido de humor, lleva unas gotas de sarcasmo y muestra el inicio de mi gusto por el erotismo. Sé que muchos en la comunidad del microrrelato, y otros tantos que me leen en Internet, piensan que soy una escritora erótica, o una mujer semi pornográfica. Y créanme que me hace muchísima gracia que piensen eso; porque de mis cinco libros publicados, sólo uno es decididamente erótico, y se trata de Pop Porn.
![]() |
| María Paz, en el performance en vivo de Pop Porn |
Sobre Pop Porn, mi hijo más fotografiado, puedo contar que lo escribí mientras vivía en Vancouver y me aburría sin misericordia viendo llover en la Colombia Británica, un lugar a donde jamás debí ir, pero que dejó como premio un libro cañero que me permitía soñar con una vida emocionante y plagada de relaciones personales intrigantes, de estímulos sexuales y personajes de la calle con inclinaciones hacia el incesto, la prostitución, las relaciones de poder y el sexo en grupo.
Como puede colegirse, eran las ensoñaciones de una escritora que se exorcizaba frente a un portátil por encargo del editor del Museo de Arte Erótico de América (MaReA). En 2014, puedo afirmar que Pop Porn es un experimento que me ha situado en la literatura erótica, que se vende bastante bien (se agotaron 2000 ejemplares en Colombia) y que tiene otro editor en México que está con ganas de reimprimirlo. Pero para mí es un libro que habla de una etapa pasada, y por eso en la Noche de los libros lo convertí en una performance en directo , actué tres de los textos en un sex shop de Madrid, y di por cerrado el ciclo de vida de Pop Porn.
Después de ese libro, en un encuentro de escritores del Caribe, obtuve una oferta de Collage Editores para publicar mi antología de microrrelatos. Microscópicos contiene 65 ficciones cortas y ninguna habla de erotismo, lo que hará feliz a mis padres y en especial a mi abuela. Se presentó en la Feria del libro de Bogotá en 2014 y saldrá a la venta en otoño en Madrid y Barcelona. En este libro dejo por escrito mi fascinación por la casualidad, la muerte, el absurdo, la locura, la maternidad, la complejidad del amor y los universos ficticios que se tejen en Internet. En sus páginas le hago, como ya es habitual, un pequeño homenaje a mi abuela Cristina (de todas mis mujeres, la más valiente) y también le dedico líneas a ciertos personajes que se han instalado en mi vida de forma un poco desordenada: artistas plásticas con las que me embarco en proyectos, escritores que admiro aunque estén criando margaritas, artistas sonoros que viven en Ushuaia, o matones que cambiaron el mundo en que me crié, como Pablo Escobar. En Microscópicos hay espacio para mis fijaciones, mis amores, mis desamores y para un guión de un cortometraje que se rodó en Madrid. Y todos son microrrelatos.
Fue un logro valioso ver publicado ese libro de microrrelatos y contar con un prologuista como Guillermo Bustamante Zamudio, quien asistió encantado a una presentación en la que nos pusieron a bailar con tamboras colombianas a todos los autores de Collage Editores.
![]() |
| Noche en Blanco, Málaga |
---
María Paz Ruiz Gil (@mariapazruiz) es bogotana y vive en Madrid. En 2011 fue declarada ganadora del X Premio Internacional de Relato Corto Encarna León. Disfruta escribiendo, creando y vinculando la literatura con el performance, el teatro, el arte, la música y la cocina.



Observarte con detenimiento, es hallar un microcosmos insinuante y acogedor, en donde, se leen tus descaradas y deliciosas historias.
ResponderEliminarMe sugiere mucho Amor, y un poco echar a correr. La foto de abajo me fascina y descarrila el tren de mis fantasíaa: ¿podría yo yacer con esta Hembra? Ay, Ambrosía¡
ResponderEliminar