Comité Editorial

6 de agosto de 2014

Souvenires de Marcos Rodríguez Leija

Con Souvenires (Curiosidades literarias) Marcos Rodríguez Leija consiguió el III Concurso Estatal de Literatura de Cuento en el estado de Tamaulipas, en 2011. El libro está compuesto por 27 microrrelatos, 27 curiosidades literarias, como las subtitula. Las temáticas que aborda el libro son variadas, pero siempre dentro de un ámbito realista, a pesar de los tintes fantásticos o mitológicos a los que algunas historias recurren. Ejemplos de lo anterior pueden ser el maniquí que el pordiosero (que declama versos de Neruda) hurta de una tienda y que, al verse liberado, echa a correr a su lado (Amor a primera vista), la joven provinciana que llega a la ciudad, se siente enferma y va a una farmacia donde, ignorada por todos, se da cuenta que en realidad ella también es un fantasma (La muchacha y los sonámbulos) o aquella joven que, engañada por un marinero, termina convertida (se suicida) en sirena y cobra venganza de cada marinero que arriba al puerto. Pero qué puede ser más convencional o mostrar muestra de idiosincrasia que el futbol de los domingos (en el llano, en el televisor): no hay ciudad del mundo donde cada domingo no se juegue un partido llanero, con sus grescas y golpes, con la presencia de la policía que no duda en repartir su dosis de terror opresivo… Todo para volver a comenzar una semana después, como si nada hubiera sucedido: “Y de nueva cuenta, a disfrutar así, de esos extraños y absurdos placeres de la vida...” (Un domingo al mediodía). En nuestro México, donde ocurren la mayoría de las historias, pero sobre todo en la ciudad capital, no es nada raro ver en cada esquina a los limpiaparabrisas, payasos o tragafuego. Estos últimos, metáfora muy socorrida del dragón mitológico, no podían faltar, pero que a diferencia de otras versiones, y gracias a fantasía infantil, ante nuestros ojos se convierten en dragones de carne y hueso: “El niño-dragón, después de lanzar una enorme lengua de fuego casi en el rostro de mi madre, asustado por el alarido emprendió el vuelo. El pedazo de paño roto que colgaba de la bolsa trasera de su pantalón, se transformó en una larga y escamosa cola roja que zigzagueó frente a nosotros” (Paisaje urbano con mitológico animal sobre el asfalto). ¿Y en todo este desbarajuste social, ¿dónde carajos se encuentra Dios? Ahí está, en un tautograma: “Dictador de doctrinas, detentador, Dios dice: “¡Discípulos, dadme dinero, derramad dádivas dignas de Dios!” (Dios).
Al repasar los títulos de los microrrelatos nos damos una idea del lugar al que, para bien o mal, hemos venido a parar. Échenles un ojo: “Un viaje en aerosol” (un adicto a los solventes encuentra su trágico final bajo las llantas de un auto); "Cicatriz" (una joven llamada Cicatriz, que exhibe otra visión del pecado original: “Cicatriz tiene heridas sangrantes en todo el cuerpo: en los pies, por tanto andar un camino escabroso al que fue orillada desde antes de nacer"; "Cosas del destino” (que podría ser un título alterno del libro, donde una joven quiere suicidarse sin conseguirlo; y como dice el dicho, hay quien nace con estrella y otros estrellados: cuando al fin desiste y ve una posibilidad de vivir, se encuentra con un hombre “quien aún no se explica porqué prefirió matar a la mujer y robarle lo poco que traía, pues su única intención era pedirle un cigarrillo”. ¿O por qué no llamar al libro “El circo de la locura”? Porque todo él, como el micro que lleva este nombre, es una historia en apariencia absurda, pero de una gran crueldad o, quizá, producto de la desolación: “El arquero coloca una manzana en la boca a una modelo (…) La cuerda se rompe y el elefante equilibrista cae sobre los niños... La mujer domadora es sometida por la voracidad de los hombres en celo… En una esquina, un agente que dirige el tránsito decide suicidarse de un balazo, pero antes dice: —¡Estoy harto! ¡Estoy harto de este circo!” (¿Y quién no?). O este otro ejemplo: “Vida de perros”, que lo dice todo, sin necesidad de una explicación... Salvo que sean los canes los que opinen: “no es lo mismo vivirla (la vida de perro), en carne propia, siendo un perro”.
Hay un momento de relax durante una visita a la Capilla Sixtina: una pareja se encuentra y mientras observan el fresco de Miguel Ángel, La expulsión del paraíso, comen de la manzana prohibida y... hacen el amor. Aunque solo para llevarnos al cataclismo, al final que algún día habrá de llegar, con el único humano que queda sobre una Tierra destruida y conquistada por seres superiores.(“La conquista”). 
“Los lentes del abuelo”, cuando se es niño se vale soñar, ver el mundo a través de los ojos de los mayores, o de sus recuerdos, pero sobre todo fantasear a través de un cristal. Texto poético que nos quita un poco la desolación y el dolor que nos ha producido la lectura del libro: “con los anteojos, podía mirar más allá del verde esmeralda de los ojos de Raquel, mi compañera de escuela que detrás de su mirada guardaba un bosque, una llanura de ensueño donde me veía con ella corretear detrás de coloridas mariposas”. Por desgracia, solo se trata de una pincelada poética (Marcos también es poeta, debes recordar), una pausa para poder respirar la fetidez de los mismas en que nos encontramos, pues la imaginación infantil no es eterna: “Hoy, mis manos tiemblan y mis piernas ya no me ayudan a sostenerme. Uso lentes tan gruesos como el fondo de una botella. Pero a diferencia de aquellos años, me siento como si estuviera detrás de un vidrio empañado que no me permite ver más que sombras difusas”.
El Diccionario de la Lengua Española define souvenir como un “objeto que sirve como recuerdo de la visita a algún lugar determinado”. Cada personaje que habita este libro, real o ficticio, se lleva un souvenir de esta vida. Recuerdo que quizás no sea el nuestro.


Marcos Rodríguez Leija, Souvenires (Curiosidades literarias), Instituto Tamaulipeco para la Cultura y las Artes, 2011.

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