Volar fue el sueño de Graco, un sordomudo a quien la gente juzgó loco por hacer entender a señas que ese era el único objetivo en su vida.A los 74 años siguió agitando sus brazos flacos a la orilla de un barranco. Acudía por las tardes para admirar las parvadas que emigraban al norte.
Un gesto de asombro dejó en quienes lo vieron lanzarse al vacío en el lugar donde escenificaba desde niño aquel ritual.
Esa vez no agitó los brazos. Graco aleteó con fuerza aquel profundo deseo.
Finalmente, junto a las aves, surcó el firmamento.
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Marcos Rodriguez Leija, texto inédito.
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